«Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero
como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo,
por eso el mundo os odia».
No somos del mundo, ¡somos de Cristo! A veces eso parece que nos
puede costar, porque vamos siempre a contra corriente. ¿Pero hay algo
más grande que ser de Cristo? ¿Hay algo más grande que saberse amados
por Él, hasta haber dado la vida por nosotros? También el mundo
despreció a Cristo. Y, como Él, podemos encontrar nuestro descanso y
refugio en la Madre. María, acompáñanos como acompañaste a Jesús.
Nico Cabrera, de The Vigil Project, con Athenas y Jonatan Narvaez – Pieta (Dulce Madre) https://youtu.be/fmo33IUDUPw
Definitivamente… necesitamos a María en
este camino a Pentecostés, pues la Madre estaba al pie de la Cruz y la
Madre no dejó solos a los Apóstoles; se quedó con ellos, se preocupó de
ellos en sus miedos e incertidumbres. El gozo de María -tan evidente en
el Magníficat- no deriva de su temperamento sino de una experiencia
espiritual. María se quedó cerca de los Apóstoles; y en aquel momento de
dureza y dudas, de corazones atormentados, Ella, la Madre, ponía la Fe.
El camino hacia la venida del Espíritu Santo es camino seguro de la
mano de la Madre, la llena de Gracia. Se hacen verdaderas y proféticas
las palabras del ángel Gabriel, adquieren ahora toda su plenitud: «Llena de Gracia, el Señor es contigo«, «No temas«, «Darás a luz un Hijo«.
Ella nos lleva de la mano hacía su Hijo Resucitado. Ahora, le queda
aquí en la Tierra esta última tarea: estar junto a los Apóstoles cuando
se llenen todos del Espíritu Santo. ¿Quién conoce al Espíritu Santo,
sino María? La verdadera forma de honrar a María no es engrandecerla,
sino magnificar al Señor con ella y como ella. Cantamos juntos: «María, Madre, condúcenos; y llévanos a Jesús, Aquel que nos diste Tú«. ¡Ven Espíritu Santo!
Montse de Javier · Comunidade Caná
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