Mostrando entradas con la etiqueta Misa Crismal. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Misa Crismal. Mostrar todas las entradas
Hoy día 11 de abril, Martes Santo, el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, presidirá la Santa Misa Crismal, en la que se consagrarán los Santos Óleos y el Santo Crisma. La ceremonia tendrá lugar a partir de las 12:00 horas en la Catedral compostelana y acompañará al arzobispo el presbiterio diocesano. Como se sabe, la Misa Crismal es una ceremonia litúrgica en la que se consagran el Santo Crisma y los Santos Óleos. Con el Santo Crisma consagrado por el Obispo en esta Eucaristía se ungen los recién bautizados, se hace la unción a los que se confirman y se ungen las manos de los presbíteros en su ordenación sacerdotal, la cabeza de los Obispos en su ordenación episcopal y las iglesias y los altares en su dedicación. Por su parte, con el Óleo de los catecúmenos, éstos se preparan y disponen al Bautismo, mientras que con el Óleo de los enfermos, éstos reciben el alivio en su debilidad. La palabra crisma proviene de latín “chrisma”, que significa unción.
Archicompostela
Nuestro arzobispo, monseñor Julián Barrio, presidió la solemne celebración eucarística en la Catedral en la que se consagraron el Santo Crisma y los Santos Óleos


Además de la Misa Crismal, se celebró el Jubileo del Clero. Los más de ciento cincuenta sacerdotes que concelebraron con el arzobispo entraron en la Catedral por la Puerta de la Misericordia. Estaban presentes también el obispo auxiliar, monseñor Jesús Fernández González, y el emérito de Tui-Vigo, monseñor José Diéguez Reboredo. En su homilía, monseñor Barrio dijo que “la alegría del sacerdote es simiente de fe, de amor a la Iglesia y de vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada y debe transmitirla a los demás”. Monseñor Barrio indicó, además, que “o noso estilo de vida resulta decisivo para que os homes e mulleres do noso tempo vexan á Igrexa como lugar de seguimento comunitario de Xesús. A nosa actuación non pode ser un obstáculo para a fe dos demais, debe ser signo que narra a Xesús Cristo”.
 
El presbiterio diocesano se reunía con su arzobispo para celebrar el Jubileo del Clero y renovar en la ceremonia eucarística las promesas sacerdotales. Monseñor Barrio aludió a la unión de los presbíteros con el obispo y dijo que “con esta confianza serena e forte renovamos as promesas sacerdotais, esforzándonos cada día por deixarnos facer santos polo Señor”. El arzobispo también pidió a los presentes en la Eucaristía que rezaran “por nós para que sexamos pobres, mansos e humildes ao servizo do pobo”.

 http://www.archicompostela.es/homilia-monsenor-barrio-la-misa-crismal-jubileo-del-cleroHomilía íntegra del arzobispo

www.archicompostela.es
Mañana, martes Santo, 22 de marzo, será un día de fiesta para los sacerdotes de nuestro Presbiterio. Además de participar en la tradicional Misa Crismal, el Clero diocesano aprovechará ese día para celebrar su Jubileo con motivo del Año de la Misericordia.

Programa
10:30h. Meditación dirigida por el P. Francisco García Fraile, SDB,  Misionero de la Misericordia, en la Capilla del Seminario Mayor.

11:10
h. Celebración del Sacramento de la Reconciliación. (A continuación los sacerdotes se revisten en el Aula S. Felipe Neri. Los Arciprestes, en la Sacristía de la Catedral).

11:40
h. Procesión hacia la Catedral desde el Seminario Mayor, entrando por la Puerta Santa (Puerta de la Misericordia).

12:00
h. Misa Crismal presidida por el Sr. Arzobispo. En la celebración, los sacerdotes renovarán las promesas sacerdotales y serán bendecidos los Santos Óleos.

14:00
h. Comida de confraternización en el comedor del Seminario Mayor (Hospedería S. Martín Pinario).

Para ganar la gracia jubilar, esto es, la indulgencia plenaria, los sacerdotes deberán cumplir los mismos requisitos que los demás fieles:
- Sincera conversión, que incluye la aversión a todo pecado, incluso venial.
- Confesión sacramental.
- Comunión eucarística.
- Oración por las intenciones del Papa.
- Cumplir una obra enriquecida con la indulgencia: en este caso, peregrinar hacia la Puerta de la Misericordia de la Catedral.

Como ha escrito el Papa Francisco en la Bula Misericordiae Vultus: “La peregrinación es un signo peculiar en el Año Santo, porque es imagen del camino que cada persona realiza en su existencia. La vida es una peregrinación y el ser humano es viator, un peregrino que recorre su camino hasta alcanzar la meta anhelada. También para llegar a la Puerta Santa en Roma y en cualquier otro lugar, cada uno deberá realizar, de acuerdo con las propias fuerzas, una peregrinación. Esto será un signo del hecho que también la misericordia es una meta por alcanzar y que requiere compromiso y sacrificio. La peregrinación, entonces, sea estímulo para la conversión: atravesando la Puerta Santa nos dejaremos abrazar por la misericordia de Dios y nos comprometeremos a ser misericordiosos con los demás como el Padre lo es con nosotros” (n. 14).
El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, presidió ayer la Misa Crismal en la Catedral compostelana, acompañado de unos ciento cincuenta presbíteros de toda la Archidiócesis. También estaba presente monseñor Jesús Fernández González, obispo auxiliar de Santiago. En su homilía, monseñor Barrio recordó la grandeza del don del sacerdocio y el compromiso de los presbíteros en el seguimiento de Cristo. “El sacerdote”, aseguró el arzobispo, “responde a estas exigencias, haciéndose voz de quien no tiene voz: los pequeños, los pobres, los ancianos, los oprimidos, marginados”.

La Misa Crismal es una ceremonia litúrgica en la que se consagran el Santo Crisma y los Santos Óleos. Con el Santo Crisma consagrado por el Obispo en esta Eucaristía se ungen los recién bautizados, se hace la unción a los que se confirman y se ungen las manos de los presbíteros en su ordenación sacerdotal, la cabeza de los Obispos en su ordenación episcopal y las iglesias y los altares en su dedicación. Por su parte, con el Óleo de los catecúmenos, éstos se preparan y disponen al Bautismo, mientras que con el Óleo de los enfermos, éstos reciben el alivio en su debilidad. La palabra crisma proviene de latín “chrisma”, que significa unción. En la ceremonia litúrgica, además de la consagración de los Santos Óleos y el Crisma, también tiene lugar la renovación de las promesas sacerdotales.

En su homilía, además, monseñor Barrio recordó a los sacerdotes que “desde el día de nuestra ordenación sacerdotal estas palabras nos motivan a vigilar para que nuestros gestos sagrados no se vacíen de presencia espiritual convirtiéndose en mecánicos, para que nuestro ministerio no pierda el fermento sobrenatural, abajándose al nivel de un oficio”.

Monseñor Barrio explicó, también que “para ser creativos non hai outro camiño que a oración, di o Papa. “Un bispo que non reza, un sacerdote que non reza, pechou a porta da creatividade que ás veces leva á cruz, pero cando vén da oración, dá froito”. O home de Deus non se asusta. Máis alá dos ríos de palabras disonantes, moitas persoas santas rezan por nós, “para que non se apague o entusiasmo nin o lume do amor divino e nos entreguemos de todo a Cristo e á súa Igrexa, de xeito que sexamos para os demais compás, bálsamo, acicate e consolo” e poidamos ofrecer a forza liberadora de Cristo”.

Texto de la homilía

“Gracia y paz a vosotros de parte de Jesucristo, el Testigo fiel”. La liturgia de la Misa crismal, llena de promesas y de bendiciones, celebra la gracia de la comunión que se fundamenta en la verdad y se desarrolla en la caridad.

“Hoy se cumple esta escritura que acabáis de oír”. Con este convencimiento nos acercamos al altar, queridos sacerdotes, como "servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios" (1Cor 4, 1), siempre dispuestos a acompañar a los afligidos, anunciando el año de gracia del Señor. Esta es la misión de Cristo que despierta la esperanza de los pobres, y suscita la alegría de la gente sencilla que abre su corazón a la gracia, sintiendo la necesidad de la salvación. El sacerdote responde a estas exigencias, haciéndose voz de quien no tiene voz: los pequeños, los pobres, los ancianos, los oprimidos, marginados.

“Considera lo que realizas e imita lo que conmemoras y conforma tu vida con el misterio de la cruz del Señor”. Desde el día de nuestra ordenación sacerdotal estas palabras nos motivan a vigilar para que nuestros gestos sagrados no se vacíen de presencia espiritual convirtiéndose en mecánicos, para que nuestro ministerio no pierda el fermento sobrenatural abajándose al nivel de un oficio, para que nuestra vida sea coherente y responsable evitando transformarse en un personaje de pura comedia. Este mensaje resuena especialmente en la Misa Crismal y en los misterios que celebramos, conscientes de que Obispo y sacerdotes hemos de vivir la misma exigencia de santidad, unidos en Cristo, sumo y eterno sacerdote. Vuestra suerte y la mía están unidas en un solo destino, sabiendo que nuestro ministerio será eficaz, creíble y fecundo si somos auténticos y solícitos servidores de los demás por Cristo, tal como Él nos lo mandó (Cf. Mc 9,35). El sacerdocio es un “don precioso e inmerecido y que nos supera; lo cual implica vivir en continua gratitud por el don recibido”.

Obispo y sacerdotes somos a la vez consagrantes. La fuerza de consagración que emana del Obispo, simbolizada por el crisma y los oleos santos, se propaga desde la catedral por todas las parroquias de la diócesis. Vuestras manos han recibido la consagración de las manos del Obispo. Por él sois consagrantes y con él sois santificadores. Renováis en nombre de Cristo el sacrificio de la redención, presidís al pueblo santo en la caridad, le ofrecéis la luz de la palabra de Dios y lo fortalecéis con los sacramentos, dando testimonio constante de fidelidad y amor.

Obispo y sacerdotes somos a la vez consagrados. En el crisma se ve reflejada la victoria sobre la corrupción del pecado original, figurándose en el perfume del bálsamo el buen olor de una vida sin tacha y amable de quien es consagrado al Señor y es constituido partícipe de la dignidad mesiánica de profeta, sacerdote y rey. Conozco cuanto está radicada en cada uno de vosotros la alegría que brota de la común consagración sacerdotal con todas las exigencias. Esta alegría que no es la que da el mundo, puede ir unida al sufrimiento pero el Señor nos da la capacidad de sufrir y de permanecer interiormente gozosos. Compartimos las angustias anhelando la gloria que nos espera. Sentirnos responsables los unos de los otros es sabernos corresponsables de la gracia y misión que nos han sido dadas.

Ao elixir homes como os Doce, Cristo sabía que na debilidade humana, poñía o selo sacramental da súa presenza “e así esa forza tan extraordinaria aparece como forza de Deus, e non nosa” (2Cor 4,7). A graza recibida polo sacramento é “unha superabundancia de misericordia”. Cristo que nos chama a actuar no seu nome, coñecendo as nosas debilidades, pídenos estar sempre próximos aos demais, non nos deixar levar polas faladurías que esterilizan a nosa espiritualidade, e non afastar a xente de nós, sendo persoas creativas que contemplan a Deus e serven a comunidade eclesial. Para ser creativos non hai outro camiño que a oración, di o Papa. “Un bispo que non reza, un sacerdote que non reza, pechou a porta da creatividade que ás veces leva á cruz, pero cando vén da oración, dá froito”. O home de Deus non se asusta. Máis alá dos ríos de palabras disonantes, moitas persoas santas rezan por nós, “para que non se apague o entusiasmo nin o lume do amor divino e nos entreguemos de todo a Cristo e á súa Igrexa, de xeito que sexamos para os demais compás, bálsamo, acicate e consolo” e poidamos ofrecer a forza liberadora de Cristo.

“Enraizados profundamente na verdade e na caridade de Cristo, e animados polo desexo e ou mandato de anunciar a tódolos homes a salvación”, non podemos ser bos pastores se non nos facemos “unha soa cousa con Cristo pola caridade”. Máis que á nosa pobreza miremos a riqueza de Cristo. Máis que catalogar ás nosas debilidades no noso servizo ministerial, cómpre deixarnos impregnar pola forza unificadora que xurde do Señor, que é fonte da nosa comuñón e da nosa vida, o segredo da sorprendente xuventude da Igrexa, decote debilitada polos nosos erros, sempre vigorizada e renovada polo seu inesgotable amor. Esteamos unidos no Cenáculo da Igrexa, en torno a María a nosa Nai, con Santiago e os demais Apóstolos, somerxidos na comuñón dos santos, para ser tamén nós signos seguros de referencia e de esperanza para todos. Con esta confianza serea e forte podemos renovar ás nosas promesas sacerdotais. A vós, benqueridos relixiosos e leigos pedímosvos que encomendedes ás nosas inquedanzas persoais e pastorais. Que a Virxe fiel, Nai da Misericordia, interceda por nós ante seu Fillo Xesús Cristo, sumo e eterno Sacerdote que tamén hoxe vai morrer e resucitar por nós e por todos os homes. Amén.

+ Julián Barrio Barrio
   Arzobispo de Santiago de Compostela

MISA CRISMAL
Hoy martes día 31 de marzo, el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, presidirá la Misa Crismal que se celebrará a partir de las 12:00h en la Catedral, ceremonia litúrgica en la que se consagran el Santo Crisma y los Santos Óleos.

Con el Santo Crisma consagrado por el Obispo en esta Eucaristía se ungen los recién bautizados, se hace la unción a los que se confirman y se ungen las manos de los presbíteros en su ordenación sacerdotal, la cabeza de los Obispos en su ordenación episcopal y las iglesias y los altares en su dedicación. Por su parte, con el Óleo de los catecúmenos, éstos se preparan y disponen al Bautismo, mientras que con el Óleo de los enfermos, éstos reciben el alivio en su debilidad. La palabra crisma proviene de latín “chrisma”, que significa unción. En la ceremonia litúrgica, además de la consagración de los Santos Óleos y el Crisma, también tiene lugar la renovación de las promesas sacerdotales.

Al terminar la celebración, cada Arcipreste tomará en unas pequeñas ánforas los Santos Óleos y los llevará a su Arciprestazgo, para distribuirlos a los Párrocos de su demarcación.

El horario del Martes Santo será:

    10:45 h. Hora Intermedia, en la Capilla del Seminario Mayor.

    11:00 h. Meditación dirigida por el Ilmo. Sr. D. Segundo Pérez López, Deán de la Catedral.

    12:00 h. Misa Crismal, presidida por Mons. Julián Barrio en la Catedral.

    14:00 h. Comida de confraternización en el Seminario Mayor.
El Jueves Santo comenzó en el Vaticano con la tradicional Misa Crismal en la Basílica de San Pedro con todos los sacerdotes de la diócesis de Roma.

En su homilía, el Papa habló de la alegría del sacerdocio y de cómo esta alegría ayuda a los sacerdotes en su vida cotidiana.

Después, Francisco bendijo los santos óleos que se emplearán durante el año en la admisnistración del Bautismo, la Confirmación, el Orden sacerdotal y la Unción de enfermos. 

El Martes Santo, se celebró en la Catedral -parroquia madre de la Archiciócesis- la Misa Crismal, presidida por el Arzobispo de Santiago. Concelebraron con Mons. Julián Barrio el Obispo auxiliar,  el Obispo Emérito de Tuy-Vigo  y un grupo de más de 200 sacerdotes. En la homilía, D. Julián hizo una catequesis sobre el significado y el uso de los Santos Óleos que iban a ser bendecidos en la celebración. Insistió también en diversos aspectos de la vida sacerdotal, resaltando la importancia del Sacramento de la Reconciliación y de la dirección espiritual.

Al final de la celebración D. Julián entregó los Santos Óleos a los sacerdotes para que los administraran en sus Parroquias en la administración de los Sacramentos. Con gran alegría de todo el Clero presente, el Arzobispo anunció el nombramiento del Vicario General, D. Víctor Maroño Pena, como Capellán de Su Santidad, en reconocimiento de sus servicios a la Iglesia en la Archidiócesis compostelana.
.
.
El arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, aseguró hoy en su homilía de la Misa Crismal que “ante el laicismo actual hemos de ofrecer a todos los hombres el sentido de Dios sin el que ninguna realidad humana es adecuadamente concebida, y afirmar el primado de Cristo viviente para que lo sea todo en todas las cosas”. El arzobispo compostelano presidió hoy en la Catedral compostelana esta ceremonia en la que consagró los Santos Óleos y el Santo Crisma. Monseñor Barrio, a quien acompañaba también el obispo auxiliar, monseñor Jesús Fernández, y el obispo emérito de Tui-Vigo, monseñor José Diéguez Reboredo, indicó en su homilía a los sacerdotes concelebrantes que “la unción para el sacerdote significa también el encargo de ser portador de la misericordia de Dios a los hombres. En la lámpara de nuestra vida nunca debería faltar el óleo de la misericordia. Lo obtenemos encontrándonos con su Palabra, estando en oración junto al Señor y viviendo día a día con hondura espiritual la Eucaristía, sacrificio de Cristo sobre la Cruz”. En la Misa Crismal, acompañan al obispo los sacerdotes del Presbiterio diocesano, como muestra y símbolo de la  comunión de los presbíteros con el pastor de la Archidiócesis.

Con el Santo Crisma consagrado por el Obispo en esta Eucaristía se ungen los recién bautizados, se hace la unción a los que se confirman y se ungen las manos de los presbíteros en su ordenación sacerdotal, la cabeza de los Obispos en su ordenación episcopal y las iglesias y los altares en su dedicación. Por su parte, con el Óleo de los catecúmenos, éstos se preparan y disponen al Bautismo, mientras que con el Óleo de los enfermos, éstos reciben el alivio en su debilidad. La palabra crisma proviene de latín “chrisma”, que significa unción. En la ceremonia litúrgica, además de la consagración de los Santos Óleos y el Crisma, también tiene lugar la renovación de las promesas sacerdotales.
.
.
Uno de los acontecimientos que nos introduce poco a poco en el umbral del Triduo Pascual es la misa crismal que el obispo preside acompañado de su clero y del pueblo de Dios. Inicialmente era una celebración prevista para el Jueves Santo por la mañana, poniendo fin al tiempo litúrgico de la Cuaresma, sin embargo, es costumbre anticiparla al martes o miércoles santo en función de las necesidades pastorales. Esta celebración tiene dos importantes peculiaridades en su liturgia:

1. El obispo, consagra el "Santo Crisma" (de ahí el nombre de "Misa Crismal") y bendice el óleo de los catecúmenos y de los enfermos que después cada párroco llevará a sus comunidades para poder celebrar los sacramentos del Bautismo, Confirmación y Unción de enfermos.

2. También tienen lugar la renovación de las promesas sacerdotales (por ello el cambio de día, para facilitar la participación del mayor número de sacerdotes posibles).


En esta celebración, el Graduale Romanum indica que se debe cantar el O redemptor, un antiguo himno gregoriano con forma antifonal.



O Redemptor sume carmen temet concinentium
Audi Judex mortuorum, una spes mortalium, 
audi voces proferentur donum pacis praevium
Arbor foeta alma luce hoc sacrandum protulit, 
fert hoc prona praesens turba Salvatori saeculi
Stans ad aram imo supplex infulatus pontifex 
debitum persolvit omne consecrato Chrismate.
Consecrare tu dignare, Rex perennis Patriae, 
hoc olivum signum vivum, jura contra daemonum.

Oh Redentor, recibe el canto de quienes te aclamamos.
Escucha, Juez de los muertos, única esperanza de los mortales, 
escucha las voces de los que llevan el regalo que antecede a la paz.
Un árbol nacido con amable luz llevó este fruto que va a ser consagrado, 
y que la gustosa multitud presente ofrece al Salvador del mundo.
De pie ante el altar, suplicando profundamente, 
el pontífice adornado repara todas las deudas con el aceite consagrado.
Dígnate Tú, excelso Rey de la tierra, consagrar este olivo, 
signo viviente, contra los poderes de los demonios.



© Fotografías: Miguel Castaño
La Misa Crismal será presidida por el Sr. Arzobispo y concelebrada por los sacerdotes del Presbiterio diocesano. A través de la concelebración, precisamente, se manifiesta  la comunión de los sacerdotes con el Obispo, Cabeza y Pastor de la Archidiócesis.

En la Misa Crismal se bendicen el Óleo de los Enfermos y el Óleo de los Catecúmenos, y se consagra el Santo Crisma. Son los llamados “Santos Óleos”, que serán utilizados por el Obispo y por los sacerdotes en la administración de algunos Sacramentos y en otras celebraciones. Además, durante la Misa los sacerdotes renuevan las promesas que hicieron el día de su Ordenación.

Al terminar la celebración, cada Arcipreste toma en unas pequeñas ánforas los Santos Óleos y los lleva a su Arciprestazgo, para distribuirlos a los Párrocos.

El horario del Martes Santo será:
10:45 h. Hora Intermedia, en la Capilla del Seminario Mayor.
11:00 h. Meditación dirigida por Mons. Jesús Fernández, Obispo Auxiliar.
12:00 h. Misa Crismal, presidida por Mons. Julián Barrio en la Catedral.
14:00 h. Comida de confraternización en el Seminario Mayor.

    Web oficial de San Juan de Ávila

    Sobre San Juan de Ávila