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Breve reflexión del patriarca Ignacio IV Hazim de Constantinopla

Sin el Espíritu Santo:
Dios es un ser distante,
Cristo es un personaje del pasado,
el Evangelio es letra muerta,
la Iglesia es una simple organización,
la autoridad es dominación,
la misión es propaganda,
el culto es evocación,
el actuar cristiano es una moral de esclavos.

Pero con el Espíritu Santo y en el Espíritu Santo:
el Universo es elevado y suplica la venida del Reino de Dios,
la presencia de Cristo Resucitado es reconocida,
el Evangelio es vida y poder,
Iglesia significa comunión trinitaria,
la autoridad es un servicio que libera,
la misión, un Pentecostés,
la liturgia es memorial y anticipación del misterio,
el actuar humano se diviniza.

Por Ignacio IV Hazim de Constantinopla (1920-2012), p
atriarca de Antioquía y de todo Oriente y primado de la Iglesia de Antioquía desde 1979
Aleteia
Después de que Jesús anunció a sus discípulos que los dejaría pronto, les dio una declaración de gran aliento: “Y yo pediré al Padre, y Él os dará otro Consejero para estar con vosotros para siempre: el Espíritu de Verdad “(Juan 14, 16-17).
Estamos hablando de dones espirituales, no del don natural que tienen muchas personas con carisma para determinadas actividades humanas.

Los cristianos, con frecuencia, no somos conscientes de todo lo que recibimos constante y gratuitamente de Dios. Por ejemplo, en el bautismo y otros Sacramentos todos recibimos algo tan excelente como los “Dones del Espíritu Santo”, de forma ordinaria y permanente.

Estos maravillosos siete dones son:

Temor de Dios: que nos hace vivir en su presencia.
Inteligencia: que nos da a conocer su verdad.
Sabiduría: que nos hace ver el sentido de las cosas.
Prudencia: que nos descubre los caminos rectos.
Justicia: que busca la rectitud en todo.
Valentía: para atreverse a hacer las cosas y realizarlas.
Modestia: que hace respetar a Dios y mantener las cosas en su justo lugar.
Recibimos el Espíritu Santo en el Bautismo y la Confirmación, pero muchas veces Él queda asfixiado en nosotros a causa de nuestros pecados, la vida tibia, la falta de oración, de trabajo apostólico, etc.

San Pablo dice que “el que no tiene el Espíritu de Cristo, no le pertenece” (Rm 8,9). Entonces, necesitamos ser renovados en el Espíritu Santo, ser “bautizados” en él.

No es un nuevo Bautismo ni una nueva Confirmación, sino dejar que el Espíritu Santo – que ya está en nosotros– cuide de nosotros, de nuestro actuar, de nuestros pensamientos y nuestras palabras.
En su homilía en Casa Santa Marta, el Papa habló sobre la identidad cristiana.

Francisco explicó que la autoridad de los cristianos viene del Espíritu Santo, no de la sabiduría humana ni de los estudios teológicos.

FRANCISCO
"La autoridad de Jesús, -que es la autoridad del cristiano-, viene de esta capacidad de entender las cosas del Espíritu, de hablar la lengua del Espíritu. Procede de esta unción del Espíritu Santo. Muchas, muchas veces, encontramos que entre los fieles, -personas mayores que quizá no han terminado los estudios básicos-, hay quienes hablan mejor que un teólogo porque tienen el Espíritu de Cristo. El que tiene San Pablo”.

Por último, el Papa dijo que los cristianos deben pedir ayuda del Espíritu Santo para poder sentir, pensar y hablar como Cristo.

EXTRACTO DE LA HOMILÍA DEL PAPA
Fuente: Radio Vaticana

"Y nosotros podemos preguntarnos ¿cuál es nuestra identidad de cristianos? Y Pablo hoy lo dice bien. ‘De estas cosas – dice San Pablo – nosotros hablamos no con palabras sugeridas por la sabiduría humana’. La predicción de Pablo no es porque ha hecho un curso en la Lateranense, en la Gregoriana… ¡No, no, no! ¡Sabiduría humana, no! Sino enseñada por el Espíritu: Pablo predicaba con la unción de Espíritu, expresando cosas espirituales del Espíritu en términos espirituales. Pero el hombre dejado a sus fuerzas no comprende las cosas del Espíritu de Dios: ¡el hombre solo no puede comprender esto!”

"Ahora, nosotros tenemos el pensamiento de Cristo y el Espíritu de Cristo. Ésta es la identidad cristiana. No tener el espíritu del mundo, ese modo de pensar, ese modo de juzgar… Tú puedes tener cinco licenciaturas en teología, ¡pero no tener el Espíritu de Dios! Quizá tú seas un gran teólogo, pero no eres un cristiano, ¡porque no tienes el Espíritu de Dios! Lo que da autoridad, lo que te da identidad es el Espíritu Santo, la unción del Espíritu Santo”.

"La autoridad de Jesús – y la autoridad del cristiano– viene precisamente de esta capacidad de comprender las cosas del Espíritu, de hablar la lengua del Espíritu. Viene de esta unción del Espíritu Santo. Y tantas veces, tantas veces nosotros encontramos entre nuestros fieles, ancianitas simples que quizá no han terminado la escuela primaria, pero que te hablan de estas cosas mejor que un teólogo, porque tienen el Espíritu de Cristo. Lo que tiene San Pablo. Y todos nosotros debemos pedir esto. Señor danos la identidad cristiana, la que Tú tenías. Danos Tu Espíritu. Danos Tu modo de pensar, de sentir, de hablar: es decir, Señor, danos la unción del Espíritu Santo”.

En una plaza de San Pedro repleta de peregrinos, el Papa Francisco, quien como todos los miércoles saludó antes de comenzar la Audiencia a los fieles haciendo un recorrido en automóvil, habló de la necesidad que tenemos del don del Espíritu Santo. Insistió en la importancia de las caricias de Dios, y recordó que no tenemos que centrarnos en e l poder, ni en la vanidad. Habló de las personas que se dejan corromper por estas circunstancias advirtiéndoles que tienen el corazón roto y que así es difícil que se acerquen a Dios, “porque no tiene a Dios en el corazón”. “No son felices”, dijo. “Trata de personas, fabricación de armas…” El Santo Padre lanzó una pregunta a los fieles: “¿quién de los que estamos aquí es fabricante de armas? ¡Ninguno!, porque estos mercaderes de muerte no están aquí, aseguró.

Palabras del Santo Padre  a los fieles de lengua española:

Queridos hermanos:

El temor de Dios, don del Espíritu Santo, al que me refiero hoy, no quiere decir tener miedo a Dios, Omnipotente y Santo, pues sabemos que Dios es nuestro Padre, que nos ama y quiere nuestra salvación. Cuando el Espíritu Santo habita en nuestro corazón, nos infunde consuelo y paz, aquella actitud de quien deposita toda su confianza en Dios y se siente protegido, como un niño con su papá.

Este don del Espíritu Santo nos permite imitar al Señor en humildad y obediencia, no con una actitud resignada y pasiva, sino con valentía y gozo. Nos hace cristianos convencidos de que no estamos sometidos al Señor por miedo, sino conquistados por su amor.

Finalmente, el temor de Dios es una “alarma”. Cuando una persona se instala en el mal, cuando se aparta de Dios, cuando se aprovecha de los otros, cuando vive apegado al dinero, la vanidad, el poder o el orgullo, el santo temor de Dios llama la atención: Así no serás feliz, así terminarás mal…

Que el temor de Dios nos permita comprender que un día todo terminará y que debemos dar cuentas a Dios.
El Papa Francisco celebró el domingo por la mañana la Misa de Pentecostés. Durante su homilía en la Basílica de San Pedro, Francisco reflexionó sobre los dones del Espíritu Santo.

PAPA FRANCISCO
"El Espíritu Santo nos enseña: es el Maestro interior. Nos guía por el buen camino en las situaciones de la vida. Él nos enseña el camino, la vía. Al principio, el cristianismo era llamado "la vía”, y Jesús mismo es la Vía. El Espíritu Santo nos enseña a seguirle, a caminar tras sus pasos. Más que un maestro de la doctrina, el Espíritu Santo es un maestro de la vida”.

Francisco dijo que es el Espíritu quien "nos recuerda el mandamiento del amor y nos llama a vivirlo”.

PAPA FRANCISCO
"El Espíritu Santo nos recuerda todo lo que Jesús ha dicho. Es la memoria viviente de la Iglesia. Y mientras nos hace recordar, nos hace entender las palabras del Señor. Un cristiano sin memoria no es un verdadero cristiano: es un cristiano a medio camina, e un hombre o una mujer prisionero del momento que no sabe valorar su historia, no sabe leerla ni vivirla como historia de salvación. En cambio, con la ayuda del Espíritu Santo, podemos interpretar las inspiraciones interiores y los acontecimientos de la vida a la luz de las palabras de Jesús”. 

El Papa explicó un tercer don del Espíritu. Dijo que la Iglesia nació para salir fuera, por lo que no hay sitio para cristianos mudos. Añadió que, gracias al Espíritu Santo, "podemos hablar con Dios y con los demás”, y que sin el Espíritu no sería posible la evangelización.


Ven, Espíritu Santo,
y envía desde el cielo
un rayo de tu luz.

Ven, padre de los pobres;
ven dador de gracias,
ven luz de los corazones.
Consolador magnífico,
dulce huésped del alma,
su dulce refrigerio.

Descanso en la fatiga,
brisa en el estío,
consuelo en el llanto.

¡Oh luz santísima!,
llena lo más íntimo
de los corazones de tus fieles.

Sin tu ayuda,
nada hay en el hombre,
nada que sea bueno.

Lava lo que está manchado,
riega lo que está árido,
sana lo que está enfermo,
doblega lo que está rígido,
calienta lo que está frío,
endereza lo que está extraviado.

Concede a tus fieles
que en Ti confían
tus siete sagrados dones.

Dales el mérito de la virtud,
dales el puerto de salvación,
dales la felicidad eterna.

¡ AMÉN !

Francisco emplea más tiempo en saludar a los fieles desde el papamóvil, que en su catequesis, caracterizadas por ser breves pero claras. 

"Te quiero mucho. Rezo por ti”.

En el último miércoles antes de la fiesta de Pentecostés el Papa explicó un don del Espíritu Santo que, señaló, es fácil de "malinterpretar”: El don de la piedad.

FRANCISCO
"Porque algunos piensan que ser piadoso es cerrar los ojos, poner cara de santo. ¿No? Y también hacer como que uno es santo. ¿No? No, eso no es el don de la piedad”.

Francisco dijo que la piedad es un don que da el Espíritu Santo a los que tratan a Dios como un amigo.

FRANCISCO
"Una amistad que cambia nuestra vida y nos llena de entusiasmo, de alegría. Por esto el don de la piedad suscita en nosotros la gratitud y la alabanza. Y este es el motivo y el sentido más auténtico del culto y la adoración”.

Agradecer, adorar, amar. Tener un profundo y sincero trato con Dios ayuda también a preocuparse más del prójimo.

FRANCISCO
"Si el don de la piedad hace crecer en la relación y en la comunión con Dios y nos lleva a vivir como sus hijos, al mismo tiempo nos ayuda a derramar este amor sobre los demás y a reconocerlos como hermanos”. 

Francisco concluyó así el segundo acto multitudinario de la semana. A las 35.000 personas que acudieron a San Pedro para la audiencia general hay que sumar las 50.000 que hubo el pasado domingo en el estadio Olímpico de Roma. 

El viernes se calcula que Francisco se encontrará con 70.000 carabinieri y el sábado y el domingo con 200.000. En total, al final de la semana, Francisco se habrá visto con más de 355.000 personas. 

El Santo Padre ha comenzado su catequesis del mes de junio explicando a los presentes el verdadero sentido de la piedad, un don que, como don del Espíritu Santo, que se refiere a nuestra relación con Dios, al auténtico espíritu religioso de confianza filial, nos permite rezar y darle culto con amor y sencillez, como un hijo que habla con su padre.

Texto completo de la catequesis que el Papa Francisco pronunció en italiano:

Los Dones del Espíritu: La Piedad

Queridos hermanos y hermanas ¡buenos días!

Hoy queremos examinar un don del Espíritu Santo que a menudo viene mal entendido o considerado de una manera superficial, y que en cambio toca el corazón de nuestra identidad y de nuestra vida cristiana: es el don de la piedad.

Hay que dejar claro que este don no se identifica con tener compasión por alguien, tener piedad del prójimo, sino que indica nuestra pertenencia a Dios y nuestro profundo vínculo con Él, un vínculo que da sentido a toda nuestra vida y nos mantiene unidos, en comunión con Él, incluso en los momentos más difíciles y atormentados.
1. Este vínculo con el Señor no debe interpretarse como un deber o una imposición: es un vínculo que viene desde dentro. Se trata, en cambio, de una relación vivida con el corazón: es nuestra amistad con Dios, que nos ha dado Jesús, una amistad que cambia nuestras vidas y nos llena de entusiasmo y alegría. Por esta razón, el don de la piedad suscita en nosotros, sobre todo, gratitud y alabanza. Es éste, en realidad, el motivo y el sentido más auténtico de nuestro culto y de nuestra adoración. Cuando el Espíritu Santo nos hace sentir la presencia del Señor y de todo su amor por nosotros, nos reconforta el corazón y nos mueve de forma natural a la oración y la celebración. Piedad, por tanto, es sinónimo de auténtico espíritu religioso, de confianza filial con Dios, de aquella capacidad de rezarle con amor y sencillez que caracteriza a los humildes de corazón.

2. Si el don de la piedad nos hace crecer en la relación y en la comunión con Dios y nos lleva a vivir como sus hijos, al mismo tiempo nos ayuda a derramar este amor también sobre los otros y a reconocerlos como hermanos. Y entonces sí que seremos movidos por sentimientos de piedad – ¡no de pietismo! – hacia quien nos está cerca y por aquellos que encontramos cada día.¿Por qué digo no de pietismo? porque algunos piensan que tener piedad es cerrar los ojos, hacer cara de estampita, ¿así no? y también fingir el ser como un santo, ¿no? No, este no es el don de la piedad. En piamontés nosotros decimos: hacer la “mugna quacia”, éste no es el don de piedad ¡eh! De verdad seremos capaces de gozar con quien está alegre, de llorar con quien llora, de estar cerca de quien está solo o angustiado, de corregir a quien está en error, de consolar a quien está afligido, de acoger y socorrer a quien está necesitado. Hay una relación, muy, muy estrecho entre el don de piedad y la mansedumbre. El don de piedad que nos da el Espíritu Santo nos hace apacibles. Nos hace tranquilos, pacientes, en paz con Dios, al servicio de los otros con apacibilidad.

Queridos amigos, en la Carta a los Romanos, el apóstol Pablo afirma: “Todos los que son conducidos por el Espíritu de Dios, son hijos de Dios. Y ustedes no han recibido un espíritu de esclavos para volver a caer en el temor, sino el Espíritu de hijos adoptivos, que nos hace llamar a Dios: “¡Abba, Padre!” (Rm 8, 14-15). Pidamos al Señor que el don de su Espíritu pueda vencer nuestro temor, nuestras incertidumbres, incluso nuestro espíritu inquieto, impaciente y pueda hacernos testimonios gozosos de Dios y de su amor. Adorando al Señor en la verdad y también en el servicio a los próximos, con mansedumbre y también con la sonrisa, que siempre el Espíritu nos da en la alegría. Que el Espíritu Santo nos dé a todos nosotros este don de la piedad. Gracias.



Queridos hermanos y hermanas:

En la catequesis de hoy mencioné el don de la piedad. Esta palabra, “piedad”, no tiene aquí el sentido superficial con que a veces la utilizamos: tener lástima de alguien. No, no tiene ese significado.

La piedad, como don del Espíritu Santo, se refiere más bien a nuestra relación con Dios, al auténtico espíritu religioso de confianza filial, que nos permite rezar y darle culto con amor y sencillez, como un hijo que habla con su padre. Es sinónimo de amistad con Dios, esa amistad en la que nos introdujo Jesús, y que cambia nuestra vida y nos llena el alma de alegría y de paz.

Éste es el don que nos hace vivir como verdaderos hijos de Dios, nos lleva a amar también al prójimo y a reconocer en él a un hermano. En este sentido, la piedad incluye la capacidad de alegrarnos con quien está alegre y de llorar con quien llora, de acercarnos a quien se encuentra solo o angustiado, de corregir al que yerra, de consolar al afligido, de atender y socorrer a quien pasa necesidad.

Pidamos al Señor que este don de su Espíritu venza nuestros miedos y nuestras dudas, y nos convierta en testigos valerosos del Evangelio.
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos provenientes de España, Argentina, México, Guatemala, República Dominicana y otros países latinoamericanos. Que el Corazón de Jesús, al que está dedicado especialmente el mes de junio, nos enseñe a amar a Dios como hijos y al prójimo como hermanos. Gracias.
En una Audiencia General con tantísimos fieles y peregrinos del mundo, pero también con muchísimo viento en la Plaza de san Pedro, el obispo de Roma, se refirió este miércoles, día 14 de mayo, a la Fortaleza en su Catequesis sobre los dones del Espíritu.

Muchos hombres y mujeres dan testimonio de fe aún a costa de la vida, gracias al don de Fortaleza que infunde el Espíritu, que también nos sostiene y fortalece en las fatigas y pruebas diarias, para que nos dejemos llevar por el desaliento y busquemos la santidad en nuestra vida ordinaria, expresó el Francisco.

El Vicario de Cristo dijo que tanto en uno como en otro caso “es necesario que al don de fortaleza se le una la humildad del corazón”. Y exhortó a pedir a la Virgen que el Espíritu Santo “nos conceda el don de fortaleza, para que sepamos seguir siempre a Jesús con alegría y perseverancia”.

Queridos hermanos:

En nuestra vida frecuentemente experimentamos nuestra fragilidad, nuestros límites y clausuras. Con el don de fortaleza, el Espíritu Santo nos ayuda a superar nuestra debilidad, para que seamos capaces de responder al amor del Señor. Hay momentos en que este don se manifiesta de modo extraordinario, como ocurre en el caso de tantos hermanos nuestros que no han dudado en entregar su vida por fidelidad al Señor y a su Evangelio. También hoy sigue habiendo muchos cristianos que, en distintas partes del mundo, dan testimonio de su fe, con convicción y serenidad, aun a costa de sus vidas. Esto sólo es posible por la acción del Espíritu Santo que infunde fortaleza y confianza. Sin embargo, no debemos pensar que este don es sólo para las circunstancias extraordinarias; también en nuestra vida de cada día el Espíritu Santo nos hace sentir la cercanía del Señor, nos sostiene y fortalece en las fatigas y pruebas de la vida, para que no nos dejemos llevar de la tentación del desaliento, y busquemos la santidad en nuestra vida ordinaria. Pero para que todo esto sea realidad, es necesario que al don de fortaleza se le una la humildad del corazón.
En su homilía en Casa Santa Marta el Papa Francisco dijo que para recibir el don de la fe se tiene que abrir el corazón al Espíritu Santo y a la Iglesia. 

FRANCISCO
"¡La fe es un don de Dios! Pero la fe viene si tú estás en su pueblo, si tú ahora estás en la Iglesia, si tú te dejas ayudar por los sacramentos, por los hermanos, por la asamblea, si tú crees que esta Iglesia es el Pueblo de Dios”.

Además, Francisco explicó que existen dos grupos de personas: los dulces, humildes y abiertos al Espíritu Santo y los orgullosos y soberbios. Dijo que estos últimos se resisten a la fe porque "creen saberlo todo” y se distancian del Pueblo. 

EXTRACTO DE LA HOMILÍA DEL PAPA

"Otras veces, el Espíritu Santo nos conduce con suavidad, y la virtud está en dejarse llevar por Espíritu Santo, no resistir al Espíritu Santo, ser dóciles al Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo obra hoy en la Iglesia, actúa hoy en nuestras vidas. Alguno de ustedes podrá decirme: '¡Yo nunca le he visto!'. 'Pero, presten atención a lo qué sucede, a lo que les pasa por su mente, lo que sienten en su corazón. ¿Cosas buenas? Es el Espíritu, el que les invita a ir en esa dirección. ¡Eso requiere docilidad! La docilidad al Espíritu Santo".

"Y tú les das explicaciones, y ellos, no convencidos vuelven con otra pregunta. Y así: dan vueltas y más vueltas… ¡como dieron vueltas entorno a Jesús toda la vida, hasta el momento que llegaron a prenderlo y a matarlo! "Esta gente no abre el corazón al Espíritu Santo” creen que también las cosas de Dios se pueden entender sólo con la cabeza, con las ideas, con las propias ideas. Son gente orgullosa. Creen saberlo todo. Y aquello que para ellos no entra en su inteligencia no es verdad. ¡Y tú puedes resucitar un muerto delante de ellos, pero no te creen!” 

"Esta gente se había apartado del pueblo de Dios y por esto no podía creer. ¡La fe es un don de Dios! Pero la fe viene si tú estás en su pueblo, si tú ahora estás en la Iglesia, si tú te dejas ayudar por los sacramentos, por los hermanos, por la asamblea, si tú crees que esta Iglesia es el Pueblo de Dios. Aquella gente se había apartado, no creía en el pueblo de Dios, creía sólo en sus cosas y así habían construido todo un sistema de mandamientos que echaban fuera a la gente: echaban a la gente y no la dejaban entrar en la Iglesia, en el pueblo. ¡No podían creer! Este es el pecado cuando se resiste al Espíritu Santo”.

Francisco ha explicado que el Espíritu Santo es quien guía a la Iglesia y que los cristianos deben pedir a Dios la gracia de ser dóciles a sus indicaciones.

FRANCISCO
"El Espíritu Santo es la presencia viva de Dios en la Iglesia. Es aquello que hace andar a la Iglesia, aquello que hace caminar a la Iglesia. Siempre más, más allá de los límites, más adelante. El Espíritu Santo con sus dones guía a la Iglesia. No se puede entender a la Iglesia sin el Paráclito”.

El Papa dijo que la Iglesia necesita al Espíritu Santo y alertó contra una tentación muy común en los cristianos: el de ponerle obstáculos o conducir sus inspiraciones en una dirección equivocada. 

EXTRACTOS DE LA CATEQUESIS DEL PAPA EN ESPAÑOL

Algo que no se podía ni pensar.... Si mañana llegara una expedición de marcianos, por ejemplo, y algunos de ellos vinieran donde nosotros, digo marcianos ¿no?... Verdes, con esa nariz larga y las orejas grandes, como los pintan los niños... Y uno dijera: "Pero, yo quiero el bautismo”. ¿Qué pasaría?

Cuando el Señor nos indica el camino ¿quiénes somos nosotros para decir: ‘¡No Señor, no es prudente! No, hagamos así...? Y Pedro en esa primera diócesis – la primera diócesis fue Antioquía – toma esa decisión: ¿Quién soy yo para poner impedimentos?’. Una bella palabra para los obispos, los sacerdotes y también para los cristianos. Pero ¿quiénes somos para cerrar puertas? En la Iglesia antigua, incluso hoy, está el ministerio del hostiario. Y ¿qué hacia el hostiario? Abría la puerta, recibía a la gente, la hacía pasar. Pero ¡nunca fue el ministerio del que cierra la puerta!

El Espíritu Santo es la presencia viva de Dios en la Iglesia. Es el que hace que la Iglesia ande, el que hace que la Iglesia camine. Cada vez más, más allá de los límites, hacia adelante. El Espíritu Santo con sus dones guía a la Iglesia. No se puede comprender la Iglesia de Jesús sin este Paráclito, que el Señor nos envía para ello. Y cumple estas opciones impensables ¡pero impensables! Para usar una palabra de San Juan XXIII: es precisamente el Espíritu Santo el que actualiza la Iglesia: verdaderamente la actualiza y hace que vaya adelante. Y nosotros los cristianos debemos pedir al Señor la gracia de la docilidad al Espíritu Santo. La docilidad a este Espíritu, que nos habla en el corazón, nos habla en las circunstancias de la vida, nos habla en la vida eclesial en las comunidades cristianas, nos habla siempre.

El Papa Francisco explicó durante la audiencia general en qué consiste el "don del Consejo”. Dijo que es un don que "ilumina nuestro corazón y nos hace más sensibles a la voz del Espíritu”.

Para recibir esta gracia el Papa recomendó rezar también de un modo directo y personal porque así se llega a una intimidad más profunda con Dios.

RESUMEN DE LA CATEQUESIS DEL PAPA EN ESPAÑOL:

Hoy consideramos el don de Consejo. Éste es el don con el que el Espíritu Santo nos ayuda a tomar decisiones en nuestra vida concreta, siguiendo la lógica de Jesús y su Evangelio.

Ilumina nuestro corazón y nos hace más sensibles a la voz del Espíritu, para que en nuestros pensamientos, sentimientos e intenciones no nos dejemos llevar del egoísmo o de nuestro modo de ver las cosas, sino de lo que Dios quiere.

Al mismo tiempo, nos lleva a conformarnos cada vez más con Jesús, como modelo de nuestro obrar. ¿Qué podemos hacer para ser más dóciles a este don de Consejo? La condición esencial es la oración. Gracias a la intimidad con Dios y a la escucha de su Palabra va madurando en nosotros una sintonía con el Señor, que nos lleva a preguntarnos constantemente: ¿Qué es lo que el Señor desea? ¿Qué es lo que a él le gusta? ¿Cuál es su voluntad?

Por otra parte, el don de consejo, como los demás dones, constituye un tesoro para toda la comunidad cristiana.

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Guatemala, Colombia, Perú, Uruguay, Venezuela, Argentina y otros países latinoamericanos. Que la intercesión de la Virgen María, en este mes de mayo, nos ayude a vivir nuestra vida cristiana con más docilidad a la voz y al amor del Espíritu Santo. Muchas gracias, que Dios los bendiga y la Virgen los cuide.

Francisco ha retomado su catequesis sobre los dones del Espíritu Santo en la audiencia general. Ha explicado el don del "entendimiento”, que no es la capacidad intelectual de conocer las cosas ni un conocimiento pleno de Dios.

Dijo que es una "gracia” que permite  "ir más allá del aspecto externo de la realidad” y "discernir el pensamiento de Dios”, comprender sus "palabras y acciones”.

RESUMEN DE LA CATEQUESIS EN ESPAÑOL

Queridos hermanos y hermanas:

En esta catequesis hablo del don de entendimiento. No se trata de una cualidad intelectual natural, sino de una gracia que el Espíritu Santo infunde en nosotros y que nos hace capaces de escrutar el pensamiento de Dios y su plan de salvación. 

San Pablo dice que, por medio del Espíritu Santo, Dios nos revela lo que ha preparado para los que le aman. ¿Qué significa esto? No es que uno tenga conocimiento pleno de Dios, pero sí que el Espíritu nos va introduciendo en su intimidad, haciéndonos partícipes del designio de amor con el que teje nuestra historia. 

En perfecta unión con la virtud de la fe, el entendimiento nos permite comprender cada vez más las palabras y acciones del Señor y percibir todas las cosas como un don de su amor para nuestra salvación. Como Jesús a los discípulos de Emaús, el Espíritu Santo, con este don, abre nuestros ojos, incapaces por sí solos de reconocerlo, dando de este modo una nueva luz de esperanza a nuestra existencia.

Saludo a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, Honduras, Uruguay, Argentina, México y otros países latinoamericanos. Invito a todos a dejar al Espíritu Santo rasgar el velo de oscuridad que ciega nuestra mente y nuestro corazón, para hacer de nosotros verdaderos creyentes, capaces de gustar cuanto el Señor nos revela en su Palabra y de alegrarnos con su designio de amor en nuestras vidas. Que Jesús los bendiga y la Virgen Santa los cuide.


Francisco comienza así un nuevo ciclo de catequesis sobre los siete dones del Espíritu Santo: sabiduría, inteligencia, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios.


RESUMEN DE LA CATEQUESIS DEL PAPA

Queridos hermanos y hermanas:

Comenzamos hoy una nueva serie de catequesis dedicadas a los siete dones del Espíritu Santo. 

El primer don es el de la sabiduría. Ésta no es fruto del conocimiento y la experiencia humana, sino que consiste en una luz interior que sólo puede dar el Espíritu Santo y que nos hace capaces de reconocer la huella de Dios en nuestra vida y en la historia. Esta sabiduría nace de la intimidad con Dios y hace del cristiano un contemplativo: todo le habla de Dios y todo lo ve como un signo de su amor y un motivo para dar gracias. Esto no significa que el cristiano tenga una respuesta para cada cosa, sino que tiene como el "gusto” y el "sabor” de Dios, de tal manera que en su corazón y en su vida todo habla de Dios. 

También nosotros tenemos que preguntarnos si nuestra vida tiene el sabor del Evangelio; si los demás perciben que somos hombres y mujeres de Dios; si es el Espíritu Santo el que mueve nuestra vida o son en cambio nuestras ideas o propósitos. Qué importante es que en nuestras comunidades haya cristianos que, dóciles al Espíritu Santo, tengan experiencia de las cosas de Dios y comuniquen a los demás su dulzura y amor. 

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Costa Rica, Argentina y otros países. 

Invito a todos a intensificar la preparación espiritual de las próximas fiestas de la pascua del Señor, para que la acción del Espíritu Santo produzca en nosotros frutos de verdadera conversión y santidad. Que Dios les bendiga. Muchas gracias. 

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