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Cardenal Piacenza: “La preocupación por las vocaciones sacerdotales no es sólo una preocupación del obispo”

Recientemente ha visitado España el cardenal prefecto de la Congregación del Clero, Mons. Mauro Piacenza, para participar en la reunión anual de los delegados diocesanos para el Clero. Su intervención llevó por título “La conversión del sacerdote en el año de la fe”. Para hablar del contenido de esta ponencia, así como de la nueva edición del Directorio para la Vida del Presbítero y de las vocaciones sacerdotales, Mons. Mauro Piacenza ha concedido esta entrevista a Agencia SIC.

P.- Mons. Piacenza, ¿qué aspectos considera usted que necesitan de una mayor conversión en la vida de los sacerdotes, hoy?
R.- En general creo que la mayor urgencia es la conversión del espíritu del mundo hacia el espíritu de Dios. No porque haya urgencia y que todos los curas tengan necesidad convertirse porque viven en lo mundano, sino porque existe como una mentalidad difusa. Tenemos que tener en cuenta que vivimos en una civilización de la comunicación, una comunicación completa en papel impreso, en Internet, en los medios de comunicación en el sentido amplio de la palabra. Los medios entran en la vida de la persona, y no son como antes que solo se limitaban al periódico, sino que bombardean continuamente, creando esta atmosfera difusa. Esta atmósfera es en general más secularizada, más bien laicista, aunque no siempre laicista en el mal sentido, pero de hecho más bien laicista.

El sacerdote es un hombre que obviamente vive en su tiempo, como todos los hombres. Él tiene una estructura interior particularmente fuerte por el tipo de educación pero está inmerso en este tipo de sociedad, como una esponja inmersa en el agua, el sacerdote, un hombre de nuestro tiempo, está inmerso en el “agua” de la comunicación en general. Desde por la mañana, cuando se despierta y hasta la hora de dormir. Entonces, es fácil que por ósmosis del ambiente, asuma algunas características como claves de lectura de la situación que son las mismas que se están transmitiendo normalmente en nuestra sociedad.

El primer tipo de conversión que debe hacer el sacerdote, y también los que forman a los sacerdotes, es el de comprender la neta distinción entre el espíritu de Dios y el espíritu del mundo. Esto es fundamental para la vida personal y para la vida pastoral, porque no puede haber una separación total entre ambas. El sacerdote es sacerdote porque está en medio de la gente, pero al mismo tiempo para estar en medio de la gente, debe estar con Dios. Él debe conjugar estos dos elementos: por un lado es útil el conocimiento de todo aquello que se mueve en la sociedad y de todo aquello que es enemigo del espíritu de la sociedad. Pero debe estar atento porque este conocimiento no debe alimentar su vida, su vida se debe nutrir del espíritu de Dios.

P.- Recientemente se ha presentado en castellano una nueva edición del Directorio para la vida del presbítero, publicado hace veinte años. ¿Qué aporta esta nueva edición?
R.- Hacía mucho tiempo que se sentía esta necesidad, no porque hubieran pasado ya 2 siglos, porque solo han pasado 20 años, sino más bien, porque han pasado muchísimas cosas en estos veinte años. Diría en primero lugar que se ha querido adquirir la gran experiencia positiva del Año Sacerdotal, que ha aportado mucho, porque ha despertado con mucha fuerza el interés por la figura del sacerdote en un periodo histórico en lo cual la figura del sacerdote, por diversos factores, había quedado comprimida. Yo diría que teológicamente, el sacerdocio había quedado atrapado entre la teología del episcopado y la teología del laicado: el sacerdote estaba un poco entre ambos extremos, sin saber bien qué era. Se había llegado a agradecer, en ciertos ambientes, el hecho de que fueran pocos sacerdotes porque se necesitaba despertar al laicado y no se comprendía que cada uno tiene su función en el cuerpo místico y que promoviendo más el sacerdocio ministerial, se promueve más el sacerdocio común de los fieles, porque los dos están relacionados, no están en oposición, sino en comunión.

Por otra parte, se hacía necesario dar una relevancia particular a la urgencia de las vocaciones porque son un tesoro para toda la comunidad. No lo digo sólo como broma, las vocaciones al episcopado no faltarán nunca, pero las vocaciones al sacerdocio sí que pueden faltar o ser menos numerosas. Por tanto, es importante dar relevancia al ministerio sacerdotal y al impulso de las vocaciones sacerdotales.


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