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Lunes de la segunda semana de Adviento. Nueva jornada en la Escuela Diocesana de Agentes de Pastoral. En este contexto tuvo lugar en la Parroquia de Carballo el retiro espiritual de Adviento. Después de la celebración eucarística, el Padre Fabio Pallota, párroco de la Unidad Pastoral de Arzúa y Arca y responsable de Acogida de peregrinos, dirigió el retiro en donde Juan Bautista ocupó gran parte de la reflexión inicial: “preparar los caminos del Señor, anunciar la Buena Noticia, es el papel de Juan. Su martirio tuvo su origen en la franca honestidad con que denunció el pecado”. El P. Fabio indicó que el Bautista comenzó a remover las conciencias de mucha gente e invitaba a verlo todo de manera distinta y decía que era necesario cambiar de vida, porque ha llegado la hora en la que Dios se quiere hacer presente y hay que prepararse para esto. Esta llamada de Juan es una de las llamadas fundamentales del tiempo de Adviento.

En un segundo momento, después de la meditación, hubo tiempo para las confesiones, para terminar con la Adoración al Santísimo.
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En la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico, el padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, inició su tercera predicación de Adviento ante el Papa y la Curia (ver al final el texto completo) con una consideración del “gran teólogo bizantino” Nicolás Cabasilas (c. 1320-c. 1391): “Entre nosotros y Dios se elevan tres muros de separación: el de la naturaleza, porque Dios es espíritu y nosotros somos carne; el del pecado y el de la muerte. El primero de estos muros ha sido abatido en la Encarnación, cuando la naturaleza humana y la naturaleza divina se unieron en la persona de Cristo; el muro del pecado fue abatido sobre la cruz, y el muro de la muerte en la resurrección. Jesucristo es ahora el lugar definido del encuentro entre el Dios vivo y el hombre viviente”.
No parece que la parábola del rico necio tenga mucho que ver con el tiempo de Adviento, y, sin embargo, necesito recordarla antes de entrar en el misterio de este domingo:

“Las tierras de un hombre rico dieron una gran cosecha… Entonces se dijo: Amigo, tienes muchos bienes almacenados para muchos años: túmbate, come, bebe y date la buena vida”.

De este hombre se podría decir aquello de que “era tan pobre que sólo tenía riquezas”.  Este hombre, aunque nadie en aquella noche le hubiese reclamado la vida, habría sido en todo caso un condenado al aburrimiento: túmbate, come, bebe, deja de preocuparte, disfruta la vida.

Necesitaba recordar esa parábola porque nos ofrece la contrafigura perfecta del Adviento, nos acerca al hombre del Adviento imposible, a un insensato atrapado en el espejismo de su granero lleno. Intenta, si puedes, dejarle el mensaje del Adviento: “Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”. Serán para él palabras sin sentido. Él no espera a nadie; él no espera nada: ¡Tiene el granero lleno!

“Estad siempre alegres en el Señor”: Las palabras del mandato son palabras para pobres, para hombres y mujeres de granero escaso en bienes y con espacio para la esperanza; son palabra para expertos en zozobras, en incertidumbres, en debilidades, en humanidad;  son palabras de gracia para ti, Iglesia amada de Dios, para ti que estás en expectación y te preguntas por la venida de tu Señor.

“Estad siempre alegres en el Señor; os lo repito: estad alegres. El Señor está cerca”. Está cerca el que te ama: “Él se goza y se complace en ti”. Está cerca el que tú amas: “¡Qué grande en medio de ti el Santo de Israel!” Está cerca tu salvador.

La palabra profética anuncia su venida, la eucaristía la prefigura y la realiza, tus pobres la anticipan para ti. Hoy, por la fe y la caridad, tú escuchas la palabra del que esperas, lo recibes en comunión, lo abrazas en tus pobres. Hoy, por la fe y la caridad, el Señor está tan cerca de ti que está para siempre contigo en la palabra inspirada que escuchas y acoges, en el pan consagrado que comulgas, en el pobre a quien abrazas y cuidas.

“Estad siempre alegres en el Señor. El Señor está cerca”. En esa tierra tuya de comunidad pobre, verdea ya la mies de la justicia y la fidelidad: ¡El Señor será tu cosecha! ¡Y tú serás cosecha de Dios!
Feliz domingo.
+ Fr. Santiago Agrelo
Arzobispo de Tánger
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En este Domingo Gaudete, en que se exhorta a la alegría por divisar de cerca la Navidad, la 1ª lectura de la Misa de hoy, del profeta Sofonías, llama a los habitantes de Jerusalén y de todo el pueblo creyente a llenarse de gozo. La razón es que Dios ha perdonado sus culpas y se hace presente, desterrando de en medio del pueblo a los enemigos que lo avasallaban. Ahora el Señor quiere habitar en medio de ellos como un guerrero que no tiene rival. Por ello Él mismo se alegra y se complace, con el gozo propio de un día de fiesta.

En la 2ª lectura, de la Carta de San Pablo a los Filipenses, el Apóstol les anima a estar siempre alegres en el Señor, que está cerca de ellos y viene glorioso. Por ello no han de perder la paz; al contrario, sus peticiones han de ser dirigidas a Dios en sus oraciones y súplicas, con acciones de gracias, de modo que la paz de Dios, que está por encima de todo, custodie sus corazones y pensamientos en Cristo Jesús.

El Evangelio según San Lucas presenta las respuestas de Juan a sus oyentes, para preparar la venida de Jesús. Han de repartir sus bienes con los que no tienen suficiente para vivir, han de ceñirse a lo justo y no exigir más de la cuenta, y no hacer extorsión a los demás. Al preguntarle si era él aquel Mesías que esperaban, les dice que no; más todavía, que no se siente digno de ser discípulo del Mesías. Él les bautiza con agua; pero el Mesías, al bautizar, les dará el Espíritu Santo.
José Fernández Lago
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El Papa Francisco y miembros de la Curia vaticana asistieron este viernes a primera hora de la mañana a la segunda meditación de Adviento del padre Raniero Cantalamessa, predicador de la Casa Pontificia, que tuvo lugar en la Capilla Mater Redemptoris del Palacio Apostólico bajo la consideración de que El Dios vivo es la Trinidad viviente, continuación de la que, la semana anterior, había discurrido sobre esa percepción de Dios en la experiencia personal de cada creyente. (Ver abajo el texto completo de la meditación, traducida por el sacerdote y teólogo Pablo Cervera Barranco.)
El tiempo de Adviento ya está aquí desde que el pasado domingo se celebrase el primer domingo de un tiempo litúrgico que lleva hasta la Navidad, el nacimiento de Cristo. Es un tiempo de espera y oración en el que los cristianos se han de preparar para este gran momento.

«Lo que os digo a vosotros, lo digo a todos: ¡Velad!»

Lecturas del día: (Is 63, 16b-17; 64, 1. 2b-7) (Sal 79, 2-3. 15-16. 18-19) (l Cor 1, 3-9) (Mc 13, 33-37)
NUEVO AÑO LITÚRGICO. CICLO "B"
TIEMPO DE ADVIENTO
El papa Francisco ha asistido de nuevo este viernes 23 de diciembre, a la cuarta y última predicación de Adviento realizada por el predicador de la Casa Pontificia, el sacerdote capuchino Raniero Cantalamessa, cuya reflexión ha estado centrada en la Navidad

Tal y como recoge Zenit, La primera predicación de Adviento se tituló “Creo en el Espíritu Santo”; la segunda fue sobre “El Espíritu Santo y el carisma del discernimiento”; la tercera se centró en “la acción y el bautismo del Espíritu Santo”; y hoy la cuarta predicación del sacerdote capuchino ha invitado a meditar que la Navidad “no es una celebración tipo aniversario”, y recordó a san León Magno, que ponía ya en luz el significado místico del “sacramento de la navidad de Cristo”, diciendo que “los hijos de la Iglesia fueron generados con Cristo en su nacimiento, como han sido crucificados con él en la pasión y resucitados con él en la resurrección”.

Miro a María. Miro su sí al querer de Dios: “María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo”. María se arrodilla y recibe el Espíritu Santo en su vientre. Ella, la niña de Dios, la Inmaculada, la llena de gracia. Vacía de deseos propios. Enamorada de Dios. Se llena del Espíritu. Se vacía de sus planes.

Decía el padre José Kentenich: “Quien recibe el Espíritu Santo, no sólo será comparable con un árbol junto a la acequia sino que tendrá manantiales dentro de sí, en su interior fluirá un manantial de agua viva”.
San José es el protagonista de este cuarto domingo: “José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto”. Es su noche oscura. En medio de la noche duda y tiene miedo. No comprende. Quiere confiar pero no lo logra. No hay explicación a lo que ha ocurrido. María guarda silencio. José la mira a los ojos.

Comprendo su lucha humana. Su corazón se rompe. ¡Qué noche más oscura! Cuando todo en lo que crees deja de ser evidente. Y no hay nada claro. Sólo silencio ante muchas preguntas.
Me gustaría cuidar en el Adviento la virtud de la paciencia: “Tened paciencia, hermanos, hasta la venida del Señor. Tened paciencia también vosotros, manteneos firmes, porque la venida del Señor está cerca”. Es esa virtud que tanto escasea. Lo quiero todo ya, ahora mismo. No me gusta esperar. Voy con prisas. No quiero perder mi tiempo.

Y el Adviento me invita a vivir esperando, a invertir el tiempo en la espera, a cultivar el anhelo. Decía el padre José Kentenich: “La medida del anhelo es la medida de la gracia”. Si anhelo poco, si espero poco de la vida, si sueño poco, obtendré poco. El que apunta alto consigue más. Eso lo sé.
Quiero esperarlo todo de Dios. Las expectativas me producen una honda insatisfacción cuando no se realizan. La esperanza por su parte me hace mirar siempre más allá de lo que me quita la paz en el presente.

En esta pregunta se esconde la pregunta que todos alguna vez nos hemos hecho: “¿Eres Tú, Señor, o tengo que seguir esperando? Prefiero que me lo digas ahora para no ilusionarme contigo, seguirte y después quedarme vacío. Prefiero que me lo digas ahora para no decepcionarme más después. ¿Eres Tú? Hay algo que me dice que sí eres”.
Es una escena habitual el que en muchas de nuestras parroquias, en el día celebración de la festividad de la Inmaculada Concepción vemos emplear -allí donde los hay- ornamentos de color azul celeste y escuchar durante la homilía la explicación de que tal color se debe a un privilegio concedido a España en el siglo XIX por la ancestral defensa que nuestra nación ha hecho de ese dogma. Aún faltan algunos meses para esta festividad litúrgica, pero es conveniente recordar algunos pormenores del uso de este privilegio pues resulta cada vez más frecuente ver como este color -debido sin duda al celo mariano- es usado para celebrar otras advocaciones de la Santísima Virgen.
En esta segunda semana del Adviento me adentro en el desierto. Hoy Juan grita en medio del desierto: “Una voz grita en el desierto: – Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos”. Este tiempo de Adviento me lleva a la soledad del desierto. La frialdad y el calor del desierto.

Leía el otro día: “El que va solo al desierto a veces hace muchos rodeos hasta que llega a lo esencial. El desierto es un lugar de encuentro con Dios y con uno mismo”.

Quiero encontrarme con Dios en el desierto particular en el que me adentro. Quiero buscar el silencio en estas semanas de preparación. Quiero volverme hacia lo esencial de mi vida, mirar mi corazón, descubrir la presencia de Dios en mí.
Catequesis del Papa Juan Pablo II
6 de diciembre de 1978
1. La Realidad del hombre

Hermanas y hermanos queridísimos:

El significado del Adviento

1. Para penetrar en la plenitud bíblica y litúrgica del significado del Adviento, es necesario seguir dos direcciones. Hay que «remontarse» a los comienzos, y al mismo tiempo «descender» en profundidad. Lo hicimos ya por vez primera el miércoles pasado, escogiendo como tema de nuestra meditación las primeras palabras del libro del Génesis: «Al principio creó Dios» (Beresit bara Elohim).

Al final del tema desarrollado la semana pasada, hemos puesto de relieve, entre otras cosas, que para entender el Adviento en todo su significado hay que entrar también en el tema del «hombre». El significado pleno del Adviento brota de la reflexión sobre la realidad de Dios que crea y, al crear, se revela a Sí mismo (ésta es la revelación primera y fundamental, y también la verdad primera y fundamental de nuestro Credo). Pero, al mismo tiempo, el significado pleno del Adviento aflora de la reflexión profunda sobre la realidad del hombre.
Cada año, hacia el final del tiempo de Adviento, tienen lugar en nuestra Diócesis compostelana dos iniciativas muy entrañables, y que nos preparan a la celebración inmediata de la Navidad. Por un lado, la Luz de la paz de Belén, organizado por Scouts Católicos de Galicia – ASDE; y por otro, la actividad Sembradores de estrellas, promovida por la Delegación Diocesana de Misiones.

Te invitamos, catequista a participar en estas propuestas. Ambas actividades pueden ser una oportunidad para vivir una jornada con los niños y jóvenes de catequesis.
El primer viernes de diciembre a las 09:00 horas de la mañana, el Papa Francisco asistió a la primera Predicación de Adviento del Padre Raniero Cantalamessa, Predicador de la Casa Pontificia, en la capilla Redemptoris Mater del Palacio Apostólico. Como todos los años, asisten a estas predicaciones los Cardenales, Arzobispos y Obispos, junto a los Secretarios de las Congregaciones, los Prelados de la Curia Romana y del Vicariato de Roma, así como los Superiores Generales y los Procuradores de las Órdenes Religiosas que forman parte de la Capilla Pontificia.
Hoy me invitan a revestirme de Jesús: “La noche está avanzada, el día se echa encima: dejemos las actividades de las tinieblas y pertrechémonos con las armas de la luz. Conduzcámonos como en pleno día, con dignidad. Vestíos del Señor Jesucristo”.

Pasa la noche y llega el tiempo de la luz. Quiero ser como una de esas vírgenes que esperan al novio con su lámpara encendida. El fuego en su corazón. La mirada llena de luz. No quiero que se apague el fuego que Jesús ha encendido en mí.

Jesús me lo dice: “Estad en vela”. Quiero aprender a velar con mi luz encendida. La luz en mi alma. No quiero sembrar oscuridades a mi alrededor. Me gustaría abrir ventanas en las vidas de los hombres. Puertas que les abran un mundo nuevo que colme su esperanza.
El Año Litúrgico nos ofrece un tiempo nuevo, el Adviento, durante cuatro semanas las lecturas diarias que nos acompañarán irán desgranando las profecías mesiánicas, que tendrán su concreción en la venida del Hijo de Dios a nuestra historia.

Este tiempo es propicio para contemplar, no solo las antiguas profecías, sino las que acontecen junto a nosotros, y que son motivos que alegran el corazón y consolidan la esperanza teologal, la que se funda en el hecho del nacimiento de Jesús, y que por Él muchos viven como testigos del Amor de Dios.
Tiene el Adviento mucho de espera y anhelo. Mucho de paz y sosiego. Mucho de alegría y sueños. Mucho de nostalgia y deseo. Porque todavía no tengo lo que sueño, porque todavía no alcanzo lo que persigo. Así es mi vida, incompleta, en búsqueda. Como los caminos de María y José a Ein-karem o a Belén o a Egipto.

Trae el Adviento una corriente de aire fresco al alma para que no me estanque. Para que me ponga con prontitud en camino.

Es como un despertar a una vida nueva que se me regala para que no me duerma. Una vida que comienza hoy, ahora, en el momento presente en el que digo que sí, que estoy dispuesto a recorrer mil caminos.

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