Mostrando entradas con la etiqueta Cartas Pastorales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Cartas Pastorales. Mostrar todas las entradas
Carta Pastoral de Adviento del arzobispo, en la que insta a vivir la alegría de la Navidad “en modestia y sobriedad”

“No nos olvidemos de los pobres en estos días en los que intercambiamos regalos. Respetemos la dignidad propia de cada ser humano”. Así se expresa el arzobispo de Santiago, monseñor Julián Barrio, en una Carta Pastoral para el Adviento, tiempo que se inicia este próximo domingo y que abre el Año Litúrgico en el calendario de la Iglesia. La celebración de la Navidad, recuerda monseñor Barrio, “nos trae el mensaje de que debemos estar siempre alegres en el Señor”, pero es una alegría que ha de vivirse en “modestia y sobriedad”. El arzobispo de Santiago indica que “eso conlleva vivir la fraternidad con los demás” y que los creyentes no pueden olvidar que “sigue habiendo hogares con acuciantes problemas económicos, y que hay mucha gente que no tiene lugar en la posada de nuestra sociedad”.
“La fiesta de la Virgen del Carmen, es una buena ocasión para que todos nosotros contribuyamos a dar un nuevo impulso al Apostolado del Mar con nuestra acción para que toda la familia marinera esté muy unida, remando todos al unísono y en la misma dirección y respondiendo cada día mejor al compromiso cristiano. La Virgen del Carmen os lo recompensará con creces”. Así se expresa en una Carta Pastoral con motivo de la popular fiesta de la Virgen del Carmen y dirigida a los hombres y mujeres de la mar, el arzobispo compostelano, monseñor Julián Barrio. En su escrito, el arzobispo recuerda a la familia marinera que “somos conscientes de que quienes trabajan en el mar, tienen una vida sacrificada y llena de riesgos, no siempre bien valorados. Deseamos que los Organismos del Estado y de la Comunidad Europea garanticen las condiciones de un trabajo digno, más humano y debidamente remunerado a todos los marineros”.

Carta Pastoral en la Virgen del Carmen 2015

!Oh gran amadora del Eterno Dios, Estrella luciente, amparadnos vos”

Queridos miembros de la gran familia del mar:

Con esta invocación de Santa Teresa de Jesús con que nosotros nos dirigimos a la “GRAN AMADORA DEL ETERNO DIOS”, Madre de todos los hombres, comienzo esta carta que como todos los años dirijo a la gran familia de las gentes del mar con motivo de la festividad de vuestra querida Patrona, la Virgen del Carmen.

La imagen que figura en el cartel anunciando la fiesta de este año, es la Virgen del Carmen, Reina de las Huertas, que fue coronada hace un año, como Excelsa Titular de la Ciudad de Almería y su provincia. La devoción que nos infunde a todos los que la contemplamos nos lleva a recordar la oración de San Simón Stock: “Flor del Carmelo, Viña florida – esplendor del Cielo – Virgen fecunda, singular – ¡Oh Madre tierna – a los carmelitas proteja tu nombre – Estrella del Mar!”.

“Hágase en mí según tu palabra”

Reina y Señora de toda lo creado, la proclamamos en uno de los misterios del Rosario. María, la esclava del Señor, es la hija predilecta de Dios Padre, ante el que manifiesta su plena disponibilidad: “Hágase en mí según tu Palabra”. Como hijos suyos debemos asumir el encargo sagrado y grandioso de custodiar la creación. Ella supo transformar un establo de animales en la casa de Jesús con unos pobres pañales y una inmensa ternura. Acogió la voluntad de Dios, dando su consentimiento pleno a las palabras del Arcángel.

Como Madre de todos, es signo de esperanza para los pueblos que en medio de tantos sufrimientos esperan que se viva en plenitud la fraternidad como garantía de la justicia. Ella está pendiente de nosotros y nos acompaña por la vida, y con su cariño materno derrama incesantemente su amor misericordioso, abriendo nuestros corazones a la fe y al amor de Dios. Cuando Cristo sufría en su carne el dramático encuentro entre el pecado del mundo y la misericordia divina, pudo ver a sus pies la consoladora presencia de su Madre y del apóstol Juan junto a la Cruz. En ese instante sublime, antes de dar por consumada la misión que el Padre le había encomendado, Jesús le dijo a María: “Mujer ahí tienes a tu hijo”, y dirigiéndose al discípulo amado, le dice: “Ahí tienes a tu Madre”. Estas palabras pronunciadas por el Señor a modo de testamento, convierten a María en la Madre de todas las criaturas humanas y en la gran intercesora de todos sus hijos. Dios es nuestro Padre y María nuestra Madre.  

Desde aquel momento, María cumple el encargo que le hace el Señor, manteniendo juntos y en oración a los apóstoles hasta la venida del Espíritu Santo, que colma de sus dones a la Iglesia naciente y le da fuerza, sabiduría y valor para salir a anunciar el Reino de Dios.

Impulso al Apostolado del Mar

La fiesta de la Virgen del Carmen, es una buena ocasión para que todos nosotros contribuyamos a dar un nuevo impulso al Apostolado del Mar con nuestra acción para que toda la familia marinera esté muy unida, remando todos al unísono y en la misma dirección y respondiendo cada día mejor al compromiso cristiano. La Virgen del Carmen os lo recompensará con creces.

Somos conscientes de que quienes trabajan en el mar, tienen una vida sacrificada y llena de riesgos, no siempre bien valorados. Deseamos que los Organismos del Estado y de la Comunidad Europea garanticen las condiciones de un trabajo digno, más humano y debidamente remunerado a todos los marineros.

Oración a la Viren y Madre María

Con mi recuerdo orante para quienes han perdido su vida en el mar, finalizo esta carta con la oración que el Papa Francisco dedica a la Santísima Virgen, en su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (la Alegría del Evangelio):

“Virgen y Madre María, tú que movida por el Espíritu Santo acogiste al Verbo de la vida en la profundidad de tu humilde fe, totalmente entregada al Eterno, ayúdanos a decir nuestro “sí” ante la urgencia más imperiosa que nunca, de hacer resonar la Buena Noticia de Jesús.

Tu llena de la presencia de Cristo, llevaste la alegría a Juan el Bautista, haciéndolo exultar de gozo en el seno de su madre. Tú, estremecida de gozo, cantaste las maravillas del Señor. Tú que estuviste plantada ante la Cruz con una fe inquebrantable y recibiste el alegre consuelo de la resurrección y recogiste a los discípulos en la espera del Espíritu para que naciera la Iglesia evangelizadora. Consíguenos ahora un nuevo ardor de resucitados para llevar a todos el Evangelio de la vida que vence a la muerte…

Estrella de la nueva evangelización, ayúdanos a resplandecer en el testimonio de la comunión, del servicio, de la fe ardiente y generosa, de la justicia y el amor a los pobres, para que la alegría del Evangelio llegue hasta los confines de la tierra y ninguna periferia se prive de su luz. Madre del Evangelio viviente, manantial de alegría para los pequeños, ruega por nosotros. Amén. Aleluya”.

Con san Juan Pablo II, también yo os digo: “Que la Virgen del Carmen, cuyas imágenes se asoman a las rías que hacen la belleza de esta tierra gallega, os acompañe siempre. Sea ella la estrella que os guíe, la que nunca desaparezca de vuestro horizonte. La que os conduzca a Dios, al puerto seguro”. Con mi afectuoso saludo y bendición en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela.
El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, acaba de hacer pública una Carta Pastoral, “a la espera de la Encíclica del papa Francisco”, titulada “Custodiar la obra de la creación”, en la que se hacen una serie de profundas, densas y extensas reflexiones sobre Ecología y desarrollo sostenible. La difusión de la Carta Pastoral del arzobispo compostelano coincide con la celebración del Día Internacional del Medio Ambiente. En el texto, monseñor Barrio indica que “gran expectativa está suscitando la próxima encíclica del papa Francisco sobre cuestiones ecológicas cuya lectura animo a hacer en profundidad más allá de toda curiosidad. La custodia de la creación y la salud ambiental del planeta configuran uno de los grandes desafíos de la Humanidad para el siglo XXI”. El arzobispo compostelano asegura, por ejemplo, que “tenemos que hacer posible el derecho a una vida digna y que todos los seres humanos de este mundo tengan cubiertos aspectos básicos y fundamentales como el acceso a la alimentación, al agua potable, y a la atención sanitaria, a la educación, a la libertad y a la paz; lo cual sólo será posible si se aplican los principios elementales de justicia, libertad, y solidaridad de la humanidad. La salud ambiental del planeta tiene que dejar de ser una esperanza alcanzable y para todos los habitantes del planeta”.
Monseñor Jesús Fernández González asegura que hay que “ir diseñando el plan de trabajo que nos ha de guiar durante el próximo periodo”

El obispo auxiliar de Santiago de Compostela, monseñor Jesús Fernández González, ha invitado a todos los diocesanos a participar activamente en la Asamblea Pastoral de clausura de curso, un acontecimiento que tendrá lugar el próximo sábado día 6 de junio en el Colegio La Salle de Santiago. En una Carta dirigida a los diocesanos, monseñor Fernández González asegura que este encuentro “nos brindará una buena ocasión para poner en ejercicio el compromiso de la comunión y para experimentar el gozo de vivirla”. El auxiliar de Santiago afirma que con la celebración de esta asamblea “llega el tiempo de mirar al futuro y de ir diseñando el plan de trabajo que nos ha de guiar durante el próximo período pastoral”.

    A participar en esta cita están llamados todos los que, de una u otra manera, están implicados en la pastoral diocesana: responsables diocesanos de la Pastoral; delegaciones, párrocos, sacerdotes, religiosos/as, miembros de institutos seculares y vida consagrada; los responsables de las distintas acciones evangelizadoras (primer anuncio, catequesis y procesos de iniciación cristiana, liturgia, caridad); profesores de religión; así como los representantes de los distintos grupos parroquiales, asociaciones, movimientos apostólicos, etc. 



Carta del Obispo Auxiliar, convocando a la Asamblea Final de Curso a sacerdotes, diaconos, consagrados y laicos de la Diócesis de Santiago

 Queridos diocesanos:
Un nuevo curso pastoral en pleno Sínodo diocesano está a punto de concluir, al menos en su fase de mayor actividad. Lo iniciábamos el 13 de septiembre del año pasado proponiéndonos el objetivo que,  nuestro Arzobispo D. Julián enunciaba así en su Carta de presentación: “Avivar nuestro sentido  de presencia-en y pertenencia-a la Diócesis. Esto comporta conocerla en todos los aspectos que la conforman, amarla y comprometerse en la colaboración que se nos pide”. Llega el momento de echar una mirada hacia atrás para evaluar personal e institucionalmente si hemos trabajado siguiendo un programa trazado de antemano, si los medios que hemos puesto para llegar a los objetivos deseados fueron los adecuados y si los frutos han sido los que cabía esperar. Os invitamos a realizar esta tarea evaluadora en las instituciones en que estáis trabajando. No olvidéis que una tarea no evaluada queda incompleta.

También llega el tiempo de mirar al futuro y de ir diseñando el plan de trabajo que nos ha de guiar durante el próximo período pastoral. Para llevar adelante esta tarea, os invitamos a la Asamblea final de curso que tendrá lugar el próximo día 6 de junio, sábado, a partir de las diez de la mañana, en el colegio La Salle de Santiago. Además, por si fuera poco, el encuentro nos brindará una buena ocasión para poner en ejercicio el compromiso de la comunión y para experimentar el gozo de vivirla. Os adjunto el programa con los actos de ese día. Vuestra presencia es importante. Os esperamos.
 

Ya desde ahora me uno a vosotros en acción de gracias a Dios por la siembra evangelizadora que, desde la comunión, hemos realizado. Y pido al Señor que nos dé luz y fuerza para seguir adelante en la misión que nos encomienda de cara a una pastoral renovada.
 

Que el Dios de la paz os colme con sus bendiciones. Un saludo fraterno en Jesucristo.
 + Jesús, Obispo Aux. de Santiago

Fecha
Sábado 6 de junio 2015

Horario
10:00 – 14:00 hrs

Lugar
 Colegio Lasalle, Santiago de Compostela
Praza de San Xoán Bautista De La Salle, 1 . Tlf: 981 58 46 11

Destinatarios 

Todos los que, de una u otra manera, estamos implicados en la pastoral diocesana: responsables diocesanos de la Pastoral; delegaciones, párrocos, sacerdotes, religiosos/as, miembros de institutos seculares y vida consagrada; los responsables de las distintas acciones evangelizadoras (primer anuncio, catequesis y procesos de iniciación cristiana, liturgia, caridad); profesores de religión; así como los representantes de los distintos grupos parroquiales, asociaciones, movimientos apostólicos, etc.
“Usamos mucho la palabra solidaridad, por otra parte muy valorada, pero tal vez no la ponemos suficientemente en práctica, superando los individualismos, las avideces, la especulación desenfrenada, colocando en el centro a las personas y buscando el bien de todos”. Así se expresa el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, en la Carta Pastoral del Día de Corpus Christi, festividad que la Iglesia celebra el domingo 7 de junio, la misma fecha en la que Cáritas celebra su Día de Caridad. De este modo, la adoración al Santísimo se entrelaza con el trabajo en favor de los más desfavorecidos. En su carta, monseñor Barrio indica que “así descubriremos la llamada a abrirnos a los demás en una sociedad marcada por el egoísmo, las tensiones, los enfrentamientos, y la violencia, asumiendo el compromiso de ser solidarios con los pobres, los que sufren, los pequeños y los marginados”.

El arzobispo compostelano asegura en el texto que para esto, “la Eucaristía ilumina nuestro proceder en el servicio al bien común y en la contribución que los cristianos debemos hacer a la vida social y política, pidiéndonos una renovación real en nuestro comportamiento que ha de significarse por la honradez, la rectitud moral, la justicia y la solidaridad”.  “La acción caritativa y social”, afirma monseñor Barrio, “ocupa un lugar significativo en el proceso evangelizador”.

En el marco de la festividad del Corpus Christi, Cáritas invita a vivir esta jornada como una oportunidad para construir una nueva fraternidad universal basada en la defensa de la dignidad y los derechos de todas las personas. Y nos recuerda -se lee en el díptico divulgativo del Día de Caridad- que “absolutamente todos somos convocados por Dios a vivir la fraternidad, la mesa compartida, construyendo y rehabilitando la vida desde una nueva forma de relación con el otro, especialmente, con las personas que menos tienen, que más sufren”.  En el Día de Caridad, Cáritas hace un también un llamamiento a adoptar estilos de vida más sostenibles y fraternos, si no queremos vivir de espaldas a la realidad sangrante que representan los más de 5,4 millones de personas que no tienen trabajo en nuestro país, ni los 845 millones de personas con hambre crónica en el mundo, ni las miles de personas que tratan de buscar una vida más digna cruzando fronteras.


Carta Pastoral en el Día del Corpus Christi. Junio 2015.

 “Yo soy el pan de vida…” (Jn 6,35)

Queridos diocesanos:

El Día del Corpus Christi es celebración de la presencia real y verdadera de Cristo en la Eucaristía, que prometió estar con nosotros hasta el fin del mundo. Es agradecimiento humilde y generoso ante esta presencia insospechada que “hace proezas con su brazo y dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos” (Lc 1, 51-53).

Celebrar, adorar, contemplar la Eucaristía

Se nos invita a celebrar, adorar y contemplar sosegada y devotamente la Eucaristía, “Cuerpo entregado por nosotros y Sangre derramada para el perdón de los pecados”. Así descubriremos la llamada a abrirnos a los demás en una sociedad marcada por el egoísmo, las tensiones, los enfrentamientos, y la violencia, asumiendo el compromiso de ser solidarios con los pobres, los que sufren, los pequeños y los marginados. Lo que acredita al cristiano es el reconocimiento de Cristo en el rostro de los hermanos, abriendo el corazón para salir al encuentro de cada pobreza. “No seríamos discípulos de Jesús, ni la Iglesia podría presentarse como su Iglesia, si no reconociéramos en el ejercicio y en el servicio de la caridad la norma suprema de nuestra vida”[1].

La Eucaristía es misterio de luz que ilumina los pasos de los creyentes hacia las profundidades de la vida divina para poder decir al Señor como los discípulos de Emaús: “Quédate con nosotros”. “Es comunión fraterna, cultivada por una espiritualidad de comunión que nos mueve a sentimientos recíprocos de apertura, afecto, comprensión y perdón”[2], siendo también “proyecto de solidaridad para toda la humanidad”[3]. Estamos llamados a construir una sociedad más equitativa y fraterna.  Para esto la Eucaristía ilumina nuestro proceder en el servicio al bien común y en la contribución que los cristianos debemos hacer a la vida social y política, pidiéndonos una renovación real en nuestro comportamiento que ha de significarse por la honradez, la rectitud moral, la justicia y la solidaridad. Sólo “el misterio de la Eucaristía nos capacita e impulsa a un trabajo audaz en las estructuras de este mundo para llevarles aquel tipo de relaciones nuevas, que tienen su fuente inagotable en el don de Dios”[4].

Somos menesterosos no sólo de pan sino de verdad, de justicia, de libertad, y de amor. Necesitamos los valores y las certezas de Cristo que garantizan la realización plena del hombre. El vacío que siente nuestro corazón, sólo Dios puede llenarlo. En la sociedad de hoy, en la que damos la impresión de andar distraídos en medio de tanto desconcierto, muchas personas buscan inconscientemente a Dios aunque tengan bienes materiales suficientes y estén alcanzando éxitos profesionales. Hay que recordar las palabras de Jesús: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Mt 4,4). Además del pan material necesitamos otro pan para vivir dando sentido a nuestra vida. Es un pan que viene del cielo (cf. Jn 6,41); un pan que es Cristo mismo, que se nos entrega: “Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre y el que cree en mí no tendrá sed jamás” (Jn 6,35).

 Día de la Caridad

“Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor… Este es mi mandamiento que os améis unos a otros como yo os he amado” (Jn 15,9.12). En Cristo encontramos la fuerza para cambiar nuestra vida y la sociedad. La Eucaristía, de hecho, es el “gran motor de la vida cristiana: es aliento para rehacer el tejido cristiano de la sociedad y para educar a la 'vida buena del Evangelio'; es punto de partida para la augurada nueva evangelización, capaz de llenar de contenidos evangélicos el estilo de los comportamientos, la cultura que nos rodea y toda la vida”. El milagro se realizará si sabemos compartir y ser solidarios, ofreciendo los panes y peces que llevamos cada uno de nosotros. Es posible que nos parezca poco lo que podemos ofrecer ante tantas necesidades espirituales y materiales, pero sin poner eso poco a disposición de los demás el milagro no se va a realizar. Usamos mucho la palabra solidaridad, por otra parte muy valorada, pero tal vez no la ponemos suficientemente en práctica, superando los individualismos, las avideces, la especulación desenfrenada, colocando en el centro a las personas y buscando el bien de todos.

La acción caritativa y social ocupa un lugar significativo en el proceso evangelizador. La caridad es en sí misma evangelizadora en sus diferentes dimensiones porque el amor es un lenguaje que nos habla de Dios, el testimonio personal suscita interrogantes, el compromiso transformador promueve el desarrollo integral, y el acompañamiento ofrece posibilidad de diálogo y primer anuncio.

Agradeciéndoos vuestra colaboración generosa para ayudar a los más necesitados, os saluda con todo afecto y bendice en el Señor.
 + Julián Barrio Barrio
Arzobispo de Santiago de Compostela


                                  
Carta Pastoral no Día do Corpus Christi. Xuño 2015.

 “Eu son o pan da vida…” (Xn 6,35)

Queridos diocesanos:

 O Día do Corpus Christi é celebración da presenza real e verdadeira de Cristo na Eucaristía, que prometeu estar connosco ata o fin do mundo. É agradecemento humilde e xeneroso ante esta presenza insospeitada que “manifestou o poder do seu brazo, dispersou os soberbios de corazón. Derrubou os poderosos dos seus tronos e elevou os humildes, aos famentos encheunos de bens, e aos ricos despidiunos baleiros” (Lc 1, 51-53).

 Celebrar, adorar, considerar a Eucaristía

Invítasenos a celebrar, adorar e contemplar sosegadamente e devotamente a Eucaristía, “Corpo entregado por nós e Sangue derramado para o perdón dos pecados”. Así descubriremos a chamada a abrirnos aos demais nunha sociedade marcada polo egoísmo, as tensións, os enfrontamentos e a violencia, asumindo o compromiso de ser solidarios cos pobres, os que sofren, os pequenos e os marxinados. O que acredita o cristián é o recoñecemento de Cristo no rostro dos irmáns, abrindo o corazón para saír ao encontro de cada pobreza. “Non seriamos discípulos de Xesús, nin a Igrexa podería presentarse como a súa Igrexa, se non recoñecésemos no exercicio e no servizo da caridade a norma suprema da nosa vida”[5].

A Eucaristía é misterio de luz que ilumina os pasos dos crentes cara ás profundidades da vida divina para poder dicir ao Señor como os discípulos de Emaús: “Queda connosco”. “É comuñón fraterna, cultivada por unha espiritualidade de comuñón que nos move a sentimentos recíprocos de apertura, afecto, comprensión e perdón”[6] sendo tamén “proxecto de solidariedade para toda a humanidade”[7]. Estamos chamados a construír unha sociedade máis equitativa e fraterna. Para isto a Eucaristía ilumina noso proceder no servizo ao ben común e na contribución que os cristiáns debemos facer á vida social e política, pedíndonos unha renovación real no noso comportamento que ha de significarse pola honradez, a rectitude moral, a xustiza e a solidariedade. Só “o misterio da Eucaristía nos capacita e impulsa un traballo audaz nas estruturas deste mundo para levarlles aquel tipo de relacións novas, que teñen a súa fonte inesgotable no don de Deus”[8].

Somos menesterosos non só de pan senón de verdade, de xustiza, de liberdade e de amor. Necesitamos os valores e as certezas de Cristo que garanten a realización plena do home. O baleiro que sente o noso corazón, só Deus pode enchelo. Na sociedade de hoxe, na que damos a impresión de andar distraídos no medio de tanto desconcerto, moitas persoas buscan inconscientemente a Deus aínda que teñan bens materiais abondo e estean a alcanzar éxitos profesionais. Hai que recordar as palabras de Xesús: “Non soamente de pan vive o home, senón de toda palabra saída da boca de Deus” (Mt 4,4). Ademais do pan material necesitamos outro pan para vivir dando sentido á nosa vida. É un pan que vén do ceo (cf. Xn 6,41); un pan que é Cristo mesmo, que se nos entrega: “Eu son o pan da vida: quen vén onda min, non pasará fame e quen cre en min, endexamais non terá sede” (Xn 6,35).

Día da Caridade

“Coma me amou o Pai, así vos amei eu: permanecede no meu amor... Este é o meu mandamento: que vos amedes uns a outros coma eu vos amei” (Xn 15,9.12). En Cristo encontramos a forza para cambiar a nosa vida e a sociedade. A Eucaristía, de feito, é o “gran motor da vida cristiá: é alento para refacer o tecido cristián da sociedade e para educar á 'vida boa do Evanxeo'; é punto de partida para a augurada nova evanxelización, capaz de encher de contidos evanxélicos o estilo dos comportamentos, a cultura que nos rodea e toda a vida". O milagre realizarase se sabemos compartir e ser solidarios, ofrecendo os pans e peixes que levamos cada un de nós. É posible que nos pareza pouco o que podemos ofrecer ante tantas necesidades espirituais e materiais, pero sen poñer iso pouco a disposición dos demais o milagre non se vai realizar. Usamos moito a palabra solidariedade, por outra parte moi valorada, pero talvez non a poñemos suficientemente en práctica, superando os individualismos, as avideces, a especulación desenfreada, colocando no centro ás persoas e buscando o ben de todos.

A acción caritativa e social ocupa un lugar significativo no proceso evanxelizador. A caridade é en se mesma evanxelizadora nas súas diferentes dimensións porque o amor é unha linguaxe que nos fala de Deus, o testemuño persoal suscita interrogantes, o compromiso transformador promove o desenvolvemento integral, e o acompañamento ofrece posibilidade de diálogo e primeiro anuncio.

Agradecéndovos a vosa colaboración xenerosa para axudar aos máis necesitados, saúdavos con todo afecto e bendice no Señor.
+ Julián Barrio Barrio
Arcebispo de Santiago de Compostela 


[1] CEE, Orientaciones morales ante la situación actual de España. Instrucción pastoral, 23 de noviembre de 2006, 78.

[2] JUAN PABLO II, Mane nobiscum Domine, 21.

[3] Ibid., 27.

[4] Sacramentum Caritatis, 91.

[5] CEE. Orientacións morais ante a situación actual de España. Instrucción pastoral, 23 de novembro de 2006, 78.

[6] XOÁN PAULO II, Mane nobiscum Domine, 21.

[7] Ibid., 27.

[8] Sacramentum Caritatis, 91.
En una Carta Pastoral con motivo de la Jornada “Pro Orantibus”, que se celebrará este próximo domingo, el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, recuerda a todos los contemplativos que “la prioridad de todo consagrado debe seguir siendo Dios y  potenciar el primado de Dios en su vida. Sin duda esta es también la más acuciante tarea de la Iglesia en la hora presente y siempre”. La  Jornada de este año acontece en el marco del Año de la Vida Consagrada proclamado por el papa Francisco para toda la Iglesia y dentro del V Centenario del nacimiento de santa Teresa de Jesús. Se trata de una celebración gozosa para dar gracias a Dios por el don de la vida de los monjes y monjas, que se consagran enteramente a Dios y al servicio de la sociedad en los monasterios y claustros. Es un día también para que todo el Pueblo de Dios ore al Señor por esta vocación tan especial y necesaria, despertando el interés por las vocaciones a la vida consagrada contemplativa.

En su Carta Pastoral, monseñor Barrio asegura que “Dios ha de ser el centro de la vida, como una presencia fiel y constante que llena de sentido y proyecta hacia delante todas las situaciones vitales”. El arzobispo compostelano indica, además, que “la vida contemplativa en la Iglesia es una verdadera riqueza, adornada de tantos carismas y de tantas realidades vividas con pasión por hombres y mujeres, no solamente en el pasado, sino también en el presente. Es una realidad dinámica y, por tanto, siempre necesitada de ser renovada a la luz del Evangelio, de la Iglesia y del mundo”.

Carta Pastoral en la Jornada “Pro Orantibus”. Mayo 2015
“Sólo Dios basta”

Queridos Miembros de Vida Contemplativa:

En el Año de la Vida Consagrada y en el Año Teresiano se nos ofrece como clave para interpretar la vida contemplativa esta frase de Santa Teresa de Jesús: “Sólo Dios basta”[1]. Se trata de “saborear” de nuevo con vosotros sus palabras, ya que ella misma se encargó de definir sus obras como “cosa sabrosa”[2]. Palabras que nos conducen a lo determinante de vuestra vida: ¡Sólo Dios! Como nos dice el Papa Francisco: “Estamos llamados a experimentar y demostrar que Dios es capaz de colmar nuestros corazones y hacernos felices, sin necesidad de buscar nuestra felicidad en otro lado”[3].

Peregrinamos en la barca de la Iglesia que es misterio y alegría evangélica. La alegría cristiana se asienta en la fe en el Dios Trinitario que nos ama y por este amor nos sentimos seguros y gozosos, y afrontamos las dificultades de la vida. La Iglesia ha de hablar de Dios. Tal vez “en la Iglesia hablamos demasiado poco de Dios o lo hacemos con un  árido adoctrinamiento, al que le falta una fuerza vital auténtica”[4], sin olvidar lo que escribía Pascal: “Sólo Dios habla bien de Dios”.

En efecto, en lo que a Dios se refiere, hay un saber humano, que es más bien un no saber, y que, con frecuencia, nos aparta de la verdad y de la humildad, para entregarnos a la vanidad de nuestros ídolos y a la soberbia de nuestras ideologías. Y hay un saber que viene de la contemplación que sólo el Espíritu de Dios puede dar[5]. Para saber de Dios necesitamos que Él nos dé ojos nuevos, mirada nueva, comprensión nueva para ponerlo en el centro de nuestra vida.

Dios en el centro de la vida.

Todos hemos soñado alguna vez que las cosas puedan funcionar de otra manera, pensando en una vida diferente que supere las tonalidades grises de cada día. Esta es la manera, en principio, de entrar en contacto con nuestro anhelo de infinito: una esperanza de ir siempre más allá que nos dinamiza y orienta hacia esa fuente de vida a la que somos invitados desde dentro, sin caer en la tentación de “buscar más allá de nuestro horizonte familiar medios de redención para nuestro mundo irredento”[6].  Dios ha de ser el centro de la vida, como una presencia fiel y constante que llena de sentido y proyecta hacia delante todas las situaciones vitales. Es importante y fundamental no acudir sólo a Dios en las situaciones extremas y desesperadas. Hay que acoger a Dios en la riqueza y en la profundidad de nuestra existencia y no  -o al menos no sólo- en las preocupaciones y nostalgias. El papa emérito Benedicto XVI abunda en esta percepción cuando escribe: “Es tan urgente que la pregunta sobre Dios vuelva a colocarse en el centro. Por supuesto, no se trata de un Dios que de alguna manera existe, sino de un  Dios que nos conoce, que nos habla y que nos incumbe”[7].

Santa Teresa decía a sus monjas que “entre los pucheros anda el Señor ayudándoos en lo interior y exterior”[8] y no sólo cuando se reúnen para rezar, porque “el verdadero amante en toda parte ama y siempre se acuerda del amado”[9]. Los “pucheros” representan todas nuestras tareas de cada día, por nimias y tediosas que parezcan y que, por eso mismo, a veces, muchas veces, dejamos de amar. Esas cosas que hemos de hacer y que al fin y al cabo constituyen lo que es nuestro vivir cotidiano.

“Buscadores de Dios”.
La prioridad de todo consagrado debe seguir siendo Dios y potenciar el primado de Dios en su vida. Sin duda esta es también la más acuciante tarea de la Iglesia en la hora presente y siempre. Benedicto XVI definió vuestra identidad con una de las más bellas y profundas definiciones de los consagrados: “sois por vocación buscadores de Dios”, recogiendo la convicción expresada por san Bernardo al final del tratado De consideratione, cuando manifestaba; “Debería proseguir la búsqueda de este Dios, al que no se busca suficientemente –escribe el santo abad-, pero quizá se puede buscar mejor y encontrar más fácilmente con la oración que con la discusión. Pongamos, por tanto, aquí término al libro, pero no a la búsqueda” (PL 182, 808), a estar en camino hacia Dios”[10]. La vida consagrada es un camino de búsqueda de Dios: “El sentido de vuestra vocación implica, ante todo, buscar a Dios, “quaerere Deum”: sois por vocación buscadores de Dios”[11]. Ya con  anterioridad, en una de las primeras intervenciones dirigidas a los religiosos residentes en Roma el 10 de diciembre de 2005, había dicho: “En efecto, la vida consagrada, desde sus orígenes, se ha caracterizado por su sed de Dios: quaerere Deum. Por tanto, vuestro anhelo primero y supremo debe ser testimoniar que es necesario escuchar y amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con todas las fuerzas, antes que a cualquier otra persona o cosa”.

La expresión “búsqueda” conlleva además dinamismo y tensión en el modo de entender y vivir la relación con Dios. Se trata de recorrer un camino. La búsqueda de Dios por parte del consagrado no termina nunca. Ocupa toda la vida. Con la particularidad de que, como escribe Santa Teresa de Ávila: “Los que esto no han probado, no me maravillo quieran seguridad de gran interés. Pues ya sabéis que es ciento por uno aun en esta vida, y que dice el Señor Pedid y daros han. Si no creéis a Su Majestad en las partes de su evangelio que asegura esto, poco aprovecha, hermanas, que me quiebre yo la cabeza a decirlo. Todavía digo a quien tuviera alguna duda que poco se pierde en probarlo: que eso tiene bueno este viaje, que se da más de lo que se pide ni acertáremos a desear”[12].

“¿Qué espero en particular de este Año de gracia de la Vida Consagrada?”, se pregunta al Papa Francisco, y también nosotros nos hemos de preguntar: ¿Qué cabe esperar de este Día de la Vida Consagrada Contemplativa?  La vida contemplativa en la Iglesia es una verdadera riqueza, adornada de tantos carismas y de tantas realidades vividas con pasión por hombres y mujeres, no solamente en el pasado, sino también en el presente. Es una realidad dinámica y, por tanto, siempre necesitada de ser renovada a la luz del Evangelio, de la Iglesia y del mundo. El Año de la Vida Consagrada que estamos viviendo está llamado a ser un acontecimiento de gracia en este camino de abrir el mundo al mensaje evangelizador, que resume vuestra vida y que encuentra eco en aquellas palabras de Teresa de Jesús: “Id, pues, bienes del mundo. Id dichas vanas, aunque todo lo pierda; sólo Dios basta”[13].

Sigamos la estela del Concilio Vaticano II que marcó el itinerario para devolver a la Iglesia, y a la Vida Consagrada con ella, todo su encanto, toda su vitalidad, todo su entusiasmo, toda su alegría. Se nos sigue invitando a cantar un cántico nuevo, como pedía San Agustín: “¡Oh, hermanos e hijos, vosotros que sois brotes de la Iglesia universal, semilla santa del reino eterno, los regenerados y nacidos en Cristo! Oídme: Cantad por mí al Señor un cántico nuevo. “Ya estamos cantando”, decís. Cantáis, sí, cantáis. Ya os oigo. Pero procurad que vuestra vida no dé testimonio contra lo que vuestra lengua canta. (…) ¿Queréis rendir alabanzas a Dios? Sed vosotros mismos el canto que vais a cantar. Vosotros mismos seréis  su alabanza, si vivís santamente”[14].

Encomendando a María, “la Virgen de la escucha, del silencio y de la contemplación”, a todos vosotros, queridos Miembros de Vida Contemplativa, os saluda con afecto y bendice en el Señor.
+ Julián Barrio Barrio
Arzobispo de Santiago de Compostela


[1] Santa Teresa de Jesús, Poema IX.
[2] Santa Teresa de Jesús,  Camino de Perfección, 41, 1.
[3] Carta apostólica a todos los consagrados,  con ocasión del Año de la Vida Consagrada
[4] Cf. K. RAHNER, Cambio estructural en la Iglesia, Madrid 1974, 108
[5] Comoescribía San Juan de la Cruz: “Y, si lo queréis oír, consiste esta suma ciencia en un subido sentir de la divinal esencia; es obra de su clemencia hacer quedar no entendiendo, toda ciencia trascendiendo” :Coplas hechas sobre un éxtasis de harta contemplación.
[6] M. DÊLBREL, La santidad de la gente sencilla, Monte Carmelo, Burgos 2012, 45.
[7] Luz de la tierra, entrevista con el periodista Peter Seewald, pag. 62.
[8] Santa Teresa de Jesús, Las Fundaciones, 5, 8.
[9] Idid., 5, 18.
[10] BENEDICTOXVI, Palabras en la Audiencia General  del 21.10.2009.
[11] BENEDICTO XVI, Discurso en la Asamblea General de la Unión de Superiores, 26 de noviembre de 2010.
[12] Santa Teresa de Jesús, Camino de Perfección, 23, 6.
[13] Santa Teresa de Jesús,  Poema Sólo Dios basta.
[14] Liturgia de las Horas el martes de la III semana del tiempo Pascual.
El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, ha invitado a los laicos de la Archidiócesis a implicarse activamente en la evangelización de la sociedad. “Los bautizados”, dice monseñor Barrio en su Carta Pastoral para el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar, “desde sus mil ocupaciones, han de iluminar el mundo de hoy con su testimonio cristiano, un testimonio de santidad y de coherencia de vida”. El arzobispo compostelano asegura que esa inquietud ha de “manifestarse en el ámbito de la la familia, de la educación, del trabajo, de la política, de la cultura y de la economía compartiendo el don de la fe y la esperanza a la que hemos sido llamados”. Esta jornada, que se celebra bajo el lema “Familia cristiana, apóstoles en el mundo”, se desarrollará este próximo domingo, solemnidad de Pentecostés.

“La Iglesia”, asegura monseñor Barrio, “necesita laicos comprometidos, siendo coherentes con su fe y viviendo la pasión de servir al prójimo”. Para realizar esta misión, explica el arzobispo compostelano, “es necesario seguir las enseñanzas de la doctrina cristiana, sintetizadas en el Catecismo de la Iglesia Católica y en la Doctrina Social de la Iglesia, sobre todo en la defensa de la dignidad de la persona, la fraternidad y la solidaridad”. Esta tarea, comenta monseñor Barrio, no está exenta de dificultades. “Relativizar la vida humana”, indica, “desvirtuar y manipular nuestra fe, construir una cultura al margen de la tradición católica con estilos de vida y comportamientos ajenos a nuestro compromiso cristiano, es algo que se representa en el plató de nuestra sociedad”.

“Pero en este momento”, añade el prelado compostelano, “percibimos el poderoso aliento del Espíritu que reanima el pueblo de Dios y despierta en medio de este, carismas de todo tipo: el amor por la palabra de Dios, la participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia y en la evangelización, el compromiso constante en el magisterio eclesial y en los comportamientos en favor de los pobres y de los que sufren”.

          
Carta Pastoral en el Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar 2015

Apóstoles en el mundo

Queridos diocesanos:

Son tiempos de esperanza y de fe para gente valiente y generosa, fundamentada en el amor de Jesús, en la práctica de los sacramentos y en la oración. Los bautizados, desde sus mil ocupaciones, han de iluminar el mundo de hoy con su testimonio cristiano, un testimonio de santidad y de coherencia de vida. Así serán protagonistas en la Nueva Evangelización, respondiendo a la llamada a la santidad. En este sentido se nos propone como lema de esta jornada: “Familia cristiana, apóstoles en el mundo”.

Familia y laicos evangelizadores

Esta inquietud debe manifestarse en el ámbito de la la familia, de la educación, del trabajo, de la política, de la cultura y de la economía compartiendo el don de la fe y la esperanza a la que hemos sido llamados. “Toda vocación cristiana es una vocación al apostolado, a la misión. El matrimonio que funda la familia, es una vocación a la que Dios llama como camino de seguimiento y santidad, haciendo así de la familia un lugar y fuente de evangelización, por ser vocación cristiana”[1]. La familia ha de sentirse protagonista en la misión de la Iglesia y en la construcción de la sociedad, difundiendo en la historia el Reino de Dios.

La Iglesia necesita laicos comprometidos, siendo coherentes con su fe y viviendo la pasión de servir al prójimo. Para realizar esta misión, es necesario seguir las enseñanzas de la doctrina cristiana, sintetizadas en el Catecismo de la Iglesia Católica y en la Doctrina Social de la Iglesia, sobre todo en la defensa de la dignidad de la persona, la fraternidad y la solidaridad. “En virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido en discípulo misionero (cf. Mt 28,19). Cada uno de los bautizados, cualquiera que sea su función en la Iglesia y el grado de ilustración de su fe, es un agente evangelizador, y sería inadecuado pensar en un esquema de evangelización llevado adelante por actores calificados donde el resto del pueblo fiel sea sólo receptivo de sus acciones. La nueva evangelización debe implicar un nuevo protagonismo de cada uno de los bautizados… Si no nos convencemos, miremos a los primeros discípulos, quienes inmediatamente después de conocer la mirada de Jesús, salían a proclamarlo gozosos: «¡Hemos encontrado al Mesías!» (Jn 1,41)…¿A qué esperamos nosotros?”[2].

Relativizar la vida humana, desvirtuar y manipular nuestra fe, construir una cultura al margen de la tradición católica con estilos de vida y comportamientos ajenos a nuestro compromiso cristiano, es algo que se representa en el plató de nuestra sociedad. Pero también en este momento percibimos el poderoso aliento del Espíritu que reanima el pueblo de Dios y despierta en medio de este, carismas de todo tipo: el amor por la palabra de Dios, la participación activa de los laicos en la vida de la Iglesia y en la evangelización, el compromiso constante en el magisterio eclesial y en los comportamientos en favor de los pobres y de los que sufren. La Iglesia sigue contando con tantos mártires de la fe. “Por supuesto que todos estamos llamados a crecer como evangelizadores. Procuramos al mismo tiempo una mejor formación, una profundización de nuestro amor y un testimonio más claro del Evangelio. En ese sentido, todos tenemos que dejar que los demás nos evangelicen constantemente; pero eso no significa que debamos postergar la misión evangelizadora, sino que encontremos el modo de comunicar a Jesús que corresponda a la situación en que nos hallemos… Nuestra imperfección no debe ser una excusa; al contrario, la misión es un estímulo constante para no quedarse en la mediocridad y para seguir creciendo”[3].

Testigos de la alegría del Evangelio

“Pena y melancolía, no las quiero en casa mía”, decía Santa Teresa de Jesús a sus monjas. La cruz termina con el Viernes Santo, la dicha y la gloria del Domingo de Resurrección duran por siempre. La fe, don de Dios, no impide disfrutar de la vida ni es enemiga de la alegría. La alegría cristiana es interior; no viene desde fuera, sino desde dentro. Nace del actuar misterioso y presente de Dios en el corazón humano en gracia y se expresa en la paz del corazón, en la capacidad de amar y de ser amado, y por encima de todo, en la esperanza, sin la cual no puede haber alegría. De esta alegría que el mundo busca, hemos de ser testigos. "Al solo escucharla nombrar --escribe san Agustín--, todos se alzan y te miran, por así decirlo, a las manos, para ver si eres capaz de dar algo a su necesidad". Unos cristianos melancólicos y temerosos no estarían, por lo tanto, a la altura de su tarea; no podrían responder a las expectativas de la humanidad y especialmente de los jóvenes. “Aunque no siempre es fácil abordar a los jóvenes, se creció en dos aspectos: la conciencia de que toda la comunidad los evangeliza y educa, y la urgencia de que ellos tengan un protagonismo mayor. Cabe reconocer que, en el contexto actual de crisis del compromiso y de los lazos comunitarios, son muchos los jóvenes que se solidarizan ante los males del mundo y se embarcan en diversas formas de militancia y voluntariado. Algunos participan en la vida de la Iglesia, integran grupos de servicio y diversas iniciativas misioneras en sus propias diócesis o en otros lugares. ¡Qué bueno es que los jóvenes sean «callejeros de la fe», felices de llevar a Jesucristo a cada esquina, a cada plaza, a cada rincón de la tierra!”[4].

Modo de testimoniar la alegría del Evangelio
Los cristianos dan testimonio, por lo tanto, de la alegría cuando comunican el mensaje de Jesús, evitando cualquier amargura e inútil resentimiento en el diálogo con el mundo y con los demás, e irradiando la confianza en Dios, “que hace salir su sol sobre malos y buenos, y manda la lluvia a justos e injustos” (Mt 5, 45). “Este es el Espíritu de Pentecostés que impulsa hoy a numerosos discípulos de Cristo por los caminos de la oración, en la alegría de una alabanza filial, y hacia el servicio humilde y gozoso de los desheredados y de los marginados de nuestra sociedad… Esta mirada positiva sobre los seres y sobre las cosas, fruto de un espíritu humano iluminado y fruto del Espíritu Santo, halla en los cristianos un lugar privilegiado de renovación: la celebración del misterio pascual de Jesús. En su Pasión, en su Muerte y en su Resurrección, Cristo recapitula la historia de todo hombre y de todos los hombres, con su carga de sufrimientos y de pecados, con sus posibilidades de perfección y de santidad”[5], como escribía en los últimos años de su pontificado, el Beato Pablo VI.

Os saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio
Arzobispo de Santiago de Compostela

“Comunicar la Familia: Ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor”
.
Este año, en la Solemnidad de la Ascensión del Señor, domingo 17 de mayo, la Iglesia celebra su XLIX Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, que en esta ocasión nos ofrece como lema de reflexión: “Comunicar la Familia: Ambiente privilegiado del encuentro en la gratuidad del amor”. El papa Francisco ha elegido este tema en un tiempo marcado por la celebración de dos Sínodos dedicados, precisamente, a examinar los desafíos y retos a los que se enfrenta la familia. Son como un “Pentecostés” para la familia.

Podría parecer a simple vista que hablar de la familia es desviarse de la propia naturaleza de la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales, un ámbito que semeja quedar lejos del ambiente familiar. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. En su mensaje para esta Jornada, el Papa nos recuerda que “la familia es el primer lugar donde aprendemos a comunicar” y que volver a ese momento originario nos puede ayudar a comprender más y mejor el fenómeno personal, social y comunitario de la comunicación. El seno materno, nos dice, “es la primera escuela de comunicación”, una relación íntima entre la madre y el hijo que se prolonga, tras el nacimiento, en el seno de la familia. Comunicar de corazón a corazón, como la madre con el hijo, es símbolo vivo de la comunicación interpersonal y del enriquecimiento y aprendizaje que se experimenta en la familia. “Podemos dar porque hemos recibido, nos indica el Papa, y este círculo virtuoso está en el corazón de la capacidad de la familia de comunicarse y de comunicar; y, más en general, es el paradigma de toda comunicación”.

La aventura de vivir la fe en familia es, además, una clara invitación a comunicar la alegría del Evangelio, a difundir el mensaje de Cristo Salvador, a proclamar la apertura a la vida, a practicar la acogida y a dar “consuelo y esperanza a las familias más heridas, y hacer crecer la Iglesia misma, que es familia de familias”. En la familia, más allá de las fragilidades y de los propios límites de los esposos y de los hijos, se manifiesta el designio de Dios sobre la sacralidad esponsal. Ciertamente, nuestro actual horizonte social no está exento de sombras que obscurecen este proyecto divino sobre el amor humano.

No pocas veces lamentamos que se ha roto la comunicación y el diálogo entre padres e hijos, y que las comidas o las cenas en la familia ya han dejado de ser ámbito de encuentro, estando más pendientes del móvil, de la radio, de la música oída a través de los cascos,  de la televisión o de otros medios de comunicación. El amor y la gratuidad son las claves para recuperar la comunicación familiar. “Hoy, subraya el papa Francisco, “los medios de comunicación más modernos, que son irrenunciables sobre todo para los más jóvenes, pueden tanto obstaculizar como ayudar a la comunicación en la familia y entre familias. La pueden obstaculizar si se convierten en un modo de sustraerse a la escucha, de aislarse de la presencia de los otros, de saturar cualquier momento de silencio y espera, olvidando que el silencio es parte integrante de la comunicación y sin él no existen palabras con densidad de contenido”.

Construir una comunicación social plenamente humana, anclada en el respeto a la dignidad del hombre y la mujer como criaturas de Dios pasa por favorecer el compartir, el escuchar, el acoger y el encontrarse de corazón a corazón. “Redescubriendo cotidianamente este centro vital que es el encuentro, este “inicio vivo”, sabremos orientar nuestra relación con las tecnologías, en lugar de ser guiados por ellas”.

El desafío, tal y como nos advierte el Papa, es hoy “volver a aprender a narrar, no simplemente a producir y consumir información. Esta es la dirección hacia la que nos empujan los potentes y valiosos medios de la comunicación contemporánea. La información es importante pero no basta, porque a menudo simplifica, contrapone las diferencias y las visiones distintas, invitando a ponerse de una u otra parte, en lugar de favorecer una visión de conjunto”. Cristo es modelo de comunicador: Él nos transmite la gracia del Padre a través del Espíritu y en su palabra encontramos el camino, la verdad y la vida que no se acaba, porque es para nosotros un diálogo de amor que nos salva y nos lleva a la  plena felicidad de la Bienaventuranza eterna.

Como siempre, con agradecimiento por su trabajo comunicativo, invito a todos los profesionales de la comunicación a velar para hacer del hecho informativo un lugar auténtico de encuentro, de gratuidad y de verdadera caridad para cualquier tipo de audiencia.

Les saluda con afecto y bendice en el Señor,

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela


 

“Hay mucha Vida en cada vida”

"El aborto nunca puede ser considerado como un derecho". Así lo recuerda el arzobispo, monseñor Julián Barrio, en la Carta Pastoral para la Jornada por la Vida dirigida a todos los diocesanos. En su escrito, el arzobispo asegura que en esta jornada, que se celebra todos los años coincidiendo con la solemnidad litúrgica de la Anunciación, el próximo día 25 de marzo, “se nos llama a avivar nuestra sensibilidad y compromiso en el cuidado y en la defensa de la vida humana, realidad 'sagrada' que ha sido confiada a nuestra responsabilidad, y 'valor innegociable', en cualquier circunstancia o condición, y que no se puede considerar como una mercancía con la que se comercia y se manipula al propio gusto”. En este año, la Jornada por la Vida se celebra bajo el lema “Hay mucha vida en cada vida”.

El arzobispo de Santiago aprovecha su Carta Pastoral para agradecer la “dedicación de muchas personas” que, desde instancias eclesiales como civiles, “trabajan incansablemente, apoyando y acompañando a las personas en dificultades, y en particular a las madres gestantes. Además, recuerda que defender la vida humana desde su concepción hasta la muerte natural es “tarea de todos”. D Julián afirma, también, que “la vida humana aunque se vea afectada por la vulnerabilidad o discapacidad siempre merece respeto”..

.


Cuaresma
 «Oh Dios, crea en mi un corazón puro, renuévame por dentro con tu espíritu firme» (Ps 50, 12)

El arzobispo, asegura en su Carta Pastoral dedicada a la Cuaresma -que comenzará el día 18 de este mes, Miércoles de Ceniza-, que “en un tiempo en el que el ayuno para muchos es de hecho una forma de dieta, la Iglesia nos enseña a través de la liturgia que el ayuno cristiano es mucho más que la abstención de alimentos”, y que como indica el Papa Francisco en su Mensaje de Cuaresma, los cristianos no pueden permanecer “indiferentes ante el sufrimiento ajeno” y están llamados “a ver en nuestro prójimo aquel por quien Cristo murió y resucitó. No debemos caer en la indiferencia que nos impide reconocer y aceptar la diferencia del otro”. En este sentido, D. Julián recuerda que el ayuno se vincula “estrechamente” con la caridad.

Nuestro arzobispo nos invita, además, a “mostrar siempre interés por el otro con detalles aunque sean pequeños, pero de manera especial en este tiempo de preparación para la Pascua. Vivir los unos para los otros en la familia, en la parroquia y en la sociedad se convierte según el papa Francisco en “un signo viviente de la presencia de la misericordia de Dios en Cristo”, que nos motiva a recorrer el camino de la conversión, y del retorno a lo esencial, al compartir y a la sencillez de estilo de vida, intensificando la oración en la comunión de la Iglesia terrenal y celestial y ayudando con gestos de caridad”.

.


Jornada de oración y reflexión contra
la trata de personas
 «Enciende una luz contra la trata»

     “Enciende una luz contra la trata”, es el lema de esta jornada promovida por el papa Francisco para motivar todo esfuerzo posible contra la trata de personas. Esta jornada se celebra el día 8 de este mes, coincidiendo con la fiesta de santa Josefina Bakhita. Ella también fue esclava y tras ser liberada se hizo monja, siendo canonizada por san Juan Pablo II en el 2000, convirtiéndose en un testigo ejemplar de esperanza para las numerosas víctimas de la esclavitud.

     En su Carta Pastoral dedicada a la Primera Jornada Mundial de oración, reflexión y acción contra la trata de los seres humanos, que se celebra este domingo día 8 de febrero, monseñor Julián Barrio, asegura que “ante este fenómeno global no vale el silencio ni la indiferencia ni el mirar para otro lado”. Monseñor Barrio explica que “tal vez ignoremos lo que está sucediendo y tengamos miedo a acercarnos a las víctimas. Se nos pide cambiar el modo de mirar al prójimo, reconociendo al hermano o la hermana en él, y su dignidad intrínseca en la verdad y libertad, y tomar honda conciencia de este profundo mal, dándonos cuenta de su alcance”. Entre esas nuevas formas de esclavitud, D. Julián alude a la prostitución, una realidad que “atenta contra la dignidad de la persona que se prostituye” y que es además responsabilidad “de los clientes, también esclavos del sexo, porque ellos pagan pero su dinero pasa a la organización que está detrás”.
.
 


Jornada Nacional de Manos Unidas
 «Luchamos contra la pobreza, ¿te apuntas?»

El próximo domingo 8 de febrero, se celebra en toda España la Jornada Nacional de Manos Unidas y en esta ocasión desde la ONGD se invita a la sociedad en general, y a los cristianos en particular, a reflexionar y hacer balance sobre el logro de los 8 Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM) propuestos por Naciones Unidas, precisamente en 2015, año que se había marcado como fecha tope para la consecución de dichos objetivos. En la Carta Pastoral escrita por nuestro arzobispo para esta jornada, D. Julián asegura que “nadie ni ninguna institución pueden sentirse al margen de esta lucha contra la pobreza”, al tiempo que recuerda que “el desarrollo integral de los más abandonados ha de ser una preocupación de toda la sociedad”. En la misma carta, D. Julián indica que “el hambre y la desnutrición matan y esto es siempre un escándalo y si cabe, más en el siglo XXI”.

La ONG de Desarrollo de la Iglesia Católica para la ayuda a los países más desfavorecidos del planeta, que apoya más de 1.000 proyectos en más de 60 países, recordará, durante 12 meses, que la lucha contra la pobreza es una tarea de las naciones, pero, también, de cada una de las personas que forman parte del mundo; por eso invita a toda la sociedad a unirse a esta lucha contra la pobreza con una pregunta que apela a todos en el lema de este año: "Luchamos contra la pobreza ¿te apuntas?" (#ContralaPobrezaMU). Las colectas dominicales en los templos irán a esta finalidad.

.


Día da Vida Consagrada 2015
 «Amigos fortes de Deus»

«Iniciabamos o Ano da Vida Consagrada con confianza, alegría e esperanza. Comentábavos entón que era un acontecemento de graza para recordar con memoria agradecida o pasado recente, vivir o presente con paixón, abrazar o futuro con esperanza, deixarse mirar polo Señor e orientar a vida dende El, envolvidos polo seu amor. Con esta inquietude é necesario apoiarse nos criterios do Evanxeo, no carisma do voso Fundador ou Fundadora, baixo a guía do Espírito e da compañía da Igrexa, posibilitando que os carismas recuperen a súa liberdade para descubrir a verdade amorosa da vosa consagración. É bo recordar as palabras dirixidas ao profeta Elías: “Sae de aí e fica de pé no monte, diante do Señor. Porque o Señor vai pasar” (cf. 1Re 19,11). Non posterguedes esta chamada e deixade que o Señor se sente ao voso lado para que vexa o que estades a realizar e vos invite a facer o discernimento oportuno para ser eses “amigos fortes de Deus”.»

Da carta Pastoral no Día da Vida Consagrada. D. Julián Barrio Barrio.
.


Infancia Misionera 2015
 «Yo soy uno de ellos»

D. Julián Barrio, invita a todos los niños y niñas de la Archidiócesis a seguir “mirando a Jesús y dejándoos mirar por Él que os llama a colaborar para ayudar a tantos niños que necesitan de vuestra ayuda y nos desvela que todos somos hijos de Dios y por tanto hermanos los unos de los otros sin discriminación alguna. “Cualquier cosa que hagamos a los demás, es al mismo Cristo a quien se lo hacemos”. En su carta pastoral con ocasión del Día de la Infancia Misionera, monseñor Barrio dice alegrarse mucho “al escribiros con este motivo” y recuerda a niñas y niños que “no podemos olvidar que en los países empobrecidos y necesitados de cada diez niños, seis son víctimas de diferentes tragedias”.

La Iglesia celebra el Día de la Infancia Misionera este próximo domingo día 25 de enero. En la carta, nuestro arzobispo indica, además, que “hemos de ponernos en la piel del otro, sobre todo, de los más desfavorecidos que pasan hambre, que son víctimas de las guerras, que están siendo tratados como esclavos y que no cuentan con las condiciones sanitarias y educativas adecuadas”.
.


Advento 2014
 Nadal, misterio de beleza, esperanza e amor

«A preparación espiritual para a celebración do Nadal axudaranos a limpar os ollos da nosa alma e do noso corazón, confrontándonos coa Palabra de Deus, e vivindo a conversión coa participación no Sacramento da Penitencia e na Eucaristía "na que o Misterio faise presente e enche de sentido e de beleza toda a nosa existencia”. Así podemos considerar o amor de Deus con que Cristo nos amou e nos pide manifestalo aos demais a través da caridade. Máis alá dos tics sentimentaloides que se foron adherindo, a festa do Nadal, encontro entre o ceo e a terra, úrxenos a vivir o gozo de saber amados por Deus. Abramos de par en par a porta do noso corazón ao Deus connosco para recompoñer vínculos familiares, laborais, sociais, políticos, e vivir en harmonía con Deus, connosco mesmos, cos outros e con todo o creado!»
 (D. Julian Barrio. Da Carta no Advento 2014)
.


Día de las personas sin hogar
 Por una vivienda digna y adecuada. Nadie sin hogar.
«La jornada de hoy es una llamada de atención a todos para que en la medida de nuestras posibilidades trabajemos por el bien común a fin de que todas las personas puedan vivir con la dignidad plena que ostentan. Tenemos que “edificar el presente y proyectar el futuro desde la verdad auténtica del hombre, desde la libertad que respeta esa verdad y nunca la hiere, y desde la justicia para todos, comenzando por los más pobres y desvalidos”. No podemos correr el riesgo de quedar atrapados por los puros intereses económicos. Hemos de tener siempre presente la dignidad de la persona humana. “Son tiempos de adversidad, no de desdicha”.»
 (D. Julian Barrio. De la Carta en el Día de las personas sin hogar 2014)
.

    Web oficial de San Juan de Ávila

    Sobre San Juan de Ávila