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Una persona con el corazón herido por la muerte de un ser querido dijo: “Nadie debería morir sin tener unos ojos en los que mirarse, a los que hablar sin pronunciar palabra pero sabiendo que se está diciendo todo”.

Mirar es importante, sea a la alegría o al dolor, a la vida o incluso a la muerte. Hay muchas clases de miradas: las que muestran desprecio, las que muestran respeto; unas que humillan, otras que alzan del suelo; las que causan dolor, y las que devuelven la calman o acogen con amor. Por ello, es fundamental no solo mirar sino “saber mirar”, y más en esta época de confinamiento en que muchos no han podido ver ni acompañar a sus seres queridos ni en su enfermedad ni en su muerte.
No puede ser que afrontemos una tragedia como la pandemia sin descubrir la hospitalidad y sentirse llamado a ella.  La hospitalidad es un arte y un valor ético seguro en el que descubrimos que nada humano me es ajeno, es una invitación de participar en mi propio mundo dirigida al otro, es un punto de encuentro entre lo externo y el interior, entre lo público y lo privado. La carta a los Hebreos pide no olvidar la hospitalidad (Heb 13, 2), la hospitalidad como estar atentos al corazón del otro e, independientemente de sus heridas, ofrecerle la palabra que sana, el espacio que serena, la escucha que redime.  Acoger y ser acogido, hospedar y ser hospedado es una forma de sabiduría que representa una y mil veces la Encarnación de Dios, del Dios cristiano que acampa entre nosotros haciéndose carne, ofreciendo descanso, asiento, reparación, compasión… todo lo que forma el conjunto de la dignidad humana sin juzgar, compartiendo la sencilla abundancia de los solidarios siempre en camino.
Padre Roberto
pastoralsaniago.es
Foto: Miguel Castaño
Augustin-Louis Cauchy ha sido uno de los grandes matemáticos de la Historia, cuyas aportaciones más sencillas se estudian en la enseñanza secundaria porque son la base del cálculo diferencial e integral. No solamente fue un católico convencido, devoto y activo, sino que estuvo dispuesto al exilio por su amor a la monarquía francesa odiada precisamente por su fe en tiempos revolucionarios.

Augustin-Louis Cauchy, insigne matemático y católico militante.
Anthony Esolen, escritor y profesor de Humanidades, traductor al inglés de Dante, Lucrecio y Torcuato Tasso, ha consagrado a Cauchy un artículo en el portal del Catholic Education Research Center:

Medida, peso y número 
Cuando le digo a la gente que mi primer amor no fue la poesía sino las matemáticas, suelen fruncir el ceño y preguntarse qué dio lugar a ese salto sobre el abismo.

(“Un cuerpo sano es una habitación de invitados para el alma; un cuerpo enfermo es una prisión”. Francis Bacon).

Es bien conocida de todos la afirmación “mens sana in corpore sano”, una llamada al equilibrio y al orden de la vida.  En nuestro tiempo, en nuestra historia, parece ya una moda el respeto por la salud, que no lo es tanto, puesto que constantemente llevamos a nuestro cuerpo al desequilibrio en el corto plazo, con sus consecuencias a largo plazo.  Y cuando falla una parte del cuerpo, falla todo él.  Empujamos y empujamos más allá de sus capacidades con formas diversas de consumo, con alcohol, comidas procesadas, ocio de plástico, compras compulsivas… causándonos una fatiga psicológica que genera todo tipo de síntomas (avisos) para los que buscamos soluciones rápidas y formas de alivio, como si la salud fuese una ausencia de enfermedad en lugar de un estilo de vida y una actitud mental saludable en todo, en el conjunto.  No tardan en aparecer el cansancio, las alteraciones bioquímicas, la lentitud, la falta de creatividad…  ¿dónde vamos a vivir si no cuidamos nuestro cuerpo? Al final, un “dolor mental” más dramático que el dolor físico y más difícil de soportar.  La cuarentena descubre que la salud también es una tarea espiritual, para hacer de la vida propia en su totalidad un espacio que pueda ser habitado recíprocamente por los demás, por la creación y por Dios.  La exigencia del día a día, etapa a etapa, nos va demandando una forma de austeridad donde lo necesario gana sentido, una sobriedad dónde descubrimos tantas cosas que nos sobran, una circunstancia nueva y sensibilizada con lo que nos rodea hasta el asombro y la sorpresa más agradecida por la solidaridad que descubrimos. Una auténtica oportunidad para uno mismo.
Padre Roberto
pastoralsantiago.es
La capacidad de sacrificio del ser humano es irracional e inconmesurable. Mildred Lisette Norman (1908-1981) caminó sola durante más de 28 años para divulgar un único y utópico mensaje serigrafiado en su camiseta azul: paz. 28 años cruzando Estados Unidos de un extremo a otro. Adoptó el nombre de “Peace Pilgrim”. Su familia, carpintero el padre y ama de casa su madre, resolvieron la situación de escasez material en la que vivían con un derroche de ética y moral sin precedentes.  Una noche de soledad, siendo adulta, paseaba por un bosque cercano a su casa, buscando respuestas a su vida invertida en cuidar a su desgraciada pareja, y tuvo una “iluminación”: “Caminando en la madrugada me sentía elevada, más elevada que nunca. …cada flor, cada arbusto, cada árbol, parecía llevar una aureola. En ese momento de soledad me sentí en plena disposición, sin reservas, a dar mi vida, a dedicar mi vida al servicio. Entonces, una gran paz vino sobre mí. Una sensación de paz que intenté provocar el resto de mi vida. Experimenté una plena capacitación a dar todos mis esfuerzos, más allá de los triviales cuidados de mi coche”.

Nunca se detuvo en su vida, que finaliza atropellada en un desgraciado accidente de tráfico a sus 73 años, cuando recorría Estados Unidos por  séptima vez.  Algún día habrá que salir de casa y continuar viviendo.
Padre Roberto
pastoralsantiago.es
Antes de existir en Jerusalén el templo que construyó Salomón, los judíos tenían la llamada “Tienda del Encuentro”, para montar y desmontar, pues durante años Israel no era un pueblo sedentario, sino que peregrinaba por el desierto hacia la tierra prometida. La estableció Moisés fuera del campamento. Dice el libro del Éxodo que, cuando Moisés entraba en ella, bajaba la columna de nube: un modo de significar que Dios acudía para encontrarse con Moisés y comunicarle las palabras que debía transmitir al pueblo. Al ver este que la columna de nube se posaba en la entrada de la tienda, ellos se levantaban y se postraban a la puerta de sus tiendas, para adorar a Dios. Dice el texto bíblico que Moisés hablaba con Dios cara a cara, como se habla con un amigo. Cuando volvía para el campamento, era Josué quien hacía guardia en aquel lugar en el que el Señor se hacía presente al pueblo creyente.
José Fernández Lago
pastoralsantiago.es
Cuando los salvajes de la Louisiana quieren fruta,
cortan el árbol por su base y cogen la fruta.
 (BARÓN DE MONTESQUIEU)
Años y años de paciencia para crecer; lluvia, viento, rayos, granizo, nieve, sol, aguante y resistencia…nada, todo cae en un segundo, por un capricho impulsivo e irrefrenable. ¿Quieres fruta? ¡Corta el árbol!

Así presentaba el poder despótico en su famosa obra política el Barón de Montesquieu, filósofo francés del siglo XVIII, considerado uno de los precursores del liberalismo y quizás el máximo exponente de la teoría de los tres poderes, legislativo, ejecutivo y judicial que constituye, a nivel mundial, la estructura clásica de casi todas las naciones.

Polémicamente Montesquieu criticaba el gobierno de muchos monarcas, cuya autoridad era absoluta, con evidentes abusos de poder y sin tener en cuenta el camino de los pueblos, lento, sacrificado, paciente.

Como los salvajes de la Louisiana que afrontan un problema inmediato con una solución brutal. Son las falsas soluciones del poder: aplacas el hambre de hoy perjudicando el futuro y agravando más los problemas.

No era teoría abstracta de Montesquieu, pues la Louisiana es uno de los 50 estados americanos que estaba habitado por una muchedumbre de tribus cuando los exploradores europeos llegaron en el siglo XVI. Después de los españoles, que fueron los primeros, en aquellas tierras aterrizaron expediciones francesas y la Louisiana fue colonia de Francia.

De tal forma que la irracionalidad de esos brutos llamó la atención…

Aunque no seamos brutos, ni salvajes, la cuestión me parece muy actual: cuántas veces nos dejamos llevar por la ley del ‘todo y enseguida’, para la satisfacción de unos deseos irresistibles, sin planes de futuro, tomando decisiones abruptas y expeditivas que causan más problemas de los que quieren solventar. Pienso, por ejemplo, en los incalificables daños asestados contra el medioambiente, contra la casa común de la creación, para ventaja de unos pocos privados.

En el fondo hay una actitud infantil, como ese egoísta del que hablaba Nicolas de Chamfort que “quemaría vuestra casa para cocer dos huevos”.

A veces es megalomanía: esa tendencia a buscar fama que induce a realizar con gastos incalculables obras colosales que, sin embargo, son moralmente indignas. La moral evangélica pide obras buenas, no grandes. Más bien pide las pequeñas y que pasen desapercibidas.

En fin: me parece útil recordar el valor del razonamiento atento y paciente a la hora de tomar decisiones. No se vive de puro razonamiento y hay siempre otros criterios a tener en cuenta, como los sentimientos, pero silenciar la razón es un suicidio voluntario.

Recuerdo los comentarios sobre un papa que nunca tomaba decisiones: atribuían la culpa a su actitud exageradamente racional, que intentaba tener en cuenta todos los posibles efectos colaterales de cualquier decisión y así quedaba paralizado.

Decidir hay que decidir, pero si hace falta fruta…mejor subirse sudando y con tiempo al árbol, sin cortarlo.

Es de listos poder volver a tener hambre contando con el árbol.

a cargo del padre Fabio, párroco de Arca y Arzúa
pastoralsantiago.es
Un buen grupo de personas, descendientes de Jacob, a raíz de las plagas con que Dios hirió a Egipto, huyeron del lugar de Gosén y se dejaron conducir por Moisés, que contaba, aunque sin firme convicción, con el permiso de los egipcios. Sin embargo, al recapacitar el faraón y ver que se quedaba sin aquella mano de obra tan poco costosa, envió su ejército para hacer volver a aquella gente. A la altura del Mar Rojo, los que escapaban a pie fueron sorteando el agua de los Lagos Amargos, y pasaron a la otra orilla. En cambio el ejército egipcio, que montaba carros tirados por caballos, se hundió en aquella tierra pantanosa. El pueblo creyente vio allí la mano de Dios, por lo que se puso a cantar: “Cantaré al Señor, que se ha cubierto de gloria; caballos y carros ha sepultado en el mar”. La victoria de los humildes contra un ejército poderoso, era una muestra de que el Señor estaba con ellos, de que el Dios vivo los había salvado.
José Fernández Lago
pastoralsantiago.es
Es justo y legítimo creer en uno mismo y, por los mismos motivos u otros parecidos, creer en los demás, en sus posibilidades, en la fidelidad a sí mismo, en sus proyectos y metas, en su dignidad, da igual su condición, su procedencia, su afiliación religiosa, el color de su piel, su idioma… la fe en el otro nos pone en camino de desarrollar relaciones humanas proactivas, capaces de avanzar aún en el “desencuentro”, capaces de cooperación y solidaridad.  “Estos días de reclusión por el coronavirus he tenido más tiempo para hablar con mi esposa y… ¡me ha parecido simpatiquísima!”, concluía alguno. Si desaparece la desconfianza hacia los demás que llenaba el corazón, como consecuencia de experiencias negativas, en el encuentro con otros, se descubre “hospitalidad”.  Cuando una situación extraordinaria o extrema como la crisis del coronavirus se afronta “en abierto”, descubrimos que la fortaleza que crece dentro de nosotros, puede crecer igualmente dentro de la persona con la que comparto este proceso, metáfora de la vida misma, porque estamos igualmente cansados, igualmente preocupados, igualmente motivados, con temores parecidos y expectativas propias, igualmente humanos y solidarios.  Un proceso similar, salvando distancias, el que Dios hizo en la encarnación de su Hijo Jesús.
Padre Roberto
En los tiempos en que Israel tenía el calendario de comienzo del año en primavera, el mes de Nisán o Abib era el primero de los meses; cuando seguían el calendario de otoño, era el séptimo. Tenían la fiesta del cordero y la del pan ázimo, sin levadura, a lo largo de ocho días. Correspondía inmolar el cordero el día 14, y comerlo el 15. Debían comerlo a correr, pues es el paso del Señor. La razón es que esa noche se conmemora la victoria del Señor contra el Egipto opresor y sus dioses, y a la vez la liberación del Israel oprimido. Con la sangre tenían que untar los dinteles de las casas, para que, al ver la sangre, el ángel exterminador pasara de largo. Esa fiesta habrán de celebrarla a perpetuidad, de modo que sea un memorial del Señor por todas las generaciones. Será una fiesta solemne, para celebrarla juntos un grupo de diez creyentes.
José Fernández Lago
pastoralsantiago.es
Diego Blanco Alvarova, un orador apasionado y entusiasmante, en 2016 publicó Un Camino inesperado (Ed. Encuentro, 10 euros en ebook), analizando tramas y simbolismos cristianos en El Señor de los Anillos y relacionándolos con su propio testimonio de caída y salvación personal.
Era sobrino de Abraham. Este, cuando dejó Ur de los Caldeos, se llevó consigo a su sobrino y familia, junto con los rebaños. Ya en tierra de Israel, y teniendo en cuenta que ambos tenían muchos rebaños, Abraham le indicó a su sobrino que procedía separarse. Le ofreció a él la posibilidad de elegir terreno. Lot eligió la vega del Jordán, por ser muy rica. Allí se encontraban, entre otros lugares, Sodoma y Gomorra. Algún tiempo después se enteró Abraham de que algunos reyezuelos habían llevado cautivo a Lot y a su familia. Abraham salió en su ayuda y liberó a Lot. A la vuelta de su misión, se encontró con Melquisedec, quien ofreció pan y vino al Señor. Lot volvió a la vida ordinaria, pero las cosas no le irán bien. Abraham saca a Lot y a su familia de Sodoma, porque se avecina una desgracia para esa villa. El Señor salva a los que huyen rápido, aunque tengan que refugiarse a mitad de camino, en Soar. Pero quien se detiene más abajo, se convierte en estatua de sal, como la esposa de Lot.
José Fernánez
pastoralsantiago.es
No debemos tener miedo a ensuciarnos las manos.
¿De qué nos servirá mantenerlas limpias, si las hemos tenido en los bolsillos?
(DON LORENZO MILANI)

Hoy me adentro con vosotros en uno de los pensamientos clave de un gran sacerdote italiano, conocido por haber inventado un novedoso tipo de escuela popular, “la escuela de Barbiana”, abierta «doce horas al día, 365 días al año». Famoso en todo el mundo por haber escrito, conjuntamente con sus alumnos montañeses, la «Carta a una maestra» en la que desenmascaraba el clasismo y la selectividad de la escuela, absurda como un hospital que cura a los sanos.

Era judío por parte de madre, se convirtió al cristianismo, entró en el seminario de Florencia y fue sacerdote. Mantuvo siempre una actitud crítica hacia la Iglesia y la curia de Florencia, que consideraba atrasadas e incapaces de dialogar con los tiempos nuevos. Su mentalidad abierta y moderna causó numerosos roces ideológicos y desacuerdos con la curia, que se vio obligada a confinar a don Lorenzo a una pequeña aldea de montaña, perdida en los valles florentinos. Allí, en la parroquia de Barbiana, sin carretera, ni luz, ni agua corriente, ni teléfono, es donde ejerció de forma privada y libre de maestro hasta su muerte.

Un lugar desconocido y abandonado, Barbiana, sin embargo desde allí su voz se hizo oír fuera de Italia como ciudadano, maestro y sacerdote, alcanzando fama mundial.

A su madre, desesperada por el confinamiento de su hijo sacerdote en esa parroquia de 12 habitantes, escribía: “Mamá, no llores: la grandeza de una vida no depende del lugar donde se realiza”.

Han pasado muchos años y aún me emociona el recuerdo de mi visita a Barbiana, sobre todo ante su tumba, en el minúsculo cementerio donde quiso ser enterrado. En su lapida brillan las palabras de su Testamento dirigidas a los niños y alumnos de su escuela: “Os he querido más a vosotros que a Dios, pero tengo la esperanza de qué Él no esté atento a estas sutilezas y lo haya apuntado todo en su cuenta”.

Como un latigazo la frase citada hoy, sobre nuestras somnolencias y el adormecimiento de nuestra caridad. Evidentemente don Lorenzo se dirige a los que eligen la vida tranquila como su norma suprema, la comodidad, el no tener problemas, teniendo…las manos en el bolsillo.

Claro, podrán decirse siempre irreprochables, limpios, incontaminados…

Pero ¿de qué sirve una limpieza que es fruto de egoismo?
Jesús un día estigmatizará el comportamiento de unos devotos de su tiempo, capaces de ostentar un formalismo impecable, aferrados a las reglas de pureza y a las precauciones religiosas, dominados por el afan de no ensuciarse.

Él, al contrario, interpretó su vida como una inmersión en todas la manchas humanas, físicas, morales, culturales…sin tenerle ningún miedo a lo sucio del mundo: encontrando, apretando las manos, tocando, abrazando, besando a todos los contagiados de la historia.

Al final ese mismo Señor nos dirá: “tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí.”
O no.
a cargo del padre Fabio, párroco de Arca y Arzúa
pastoralsantiago.es

Necesitas confiar en Dios para confiar en ti

Tengo un deseo muy grande de vivir en paz y confiado. Es la felicidad que mi corazón desea. El sueño de vivir anclado en un lugar seguro, un puerto estable, una meta definitiva. 

Divulgar una mentira por las redes sociales u otros medios no la convierte en verdad, aunque emocione o parezca muy segura

¿Qué es verdad? ¿Qué es mentira? ¿Por divulgar una mentira por las redes sociales se convierte en verdad? ¿La ficción crea realidad? ¿Por ocultar una verdad pasa a ser una mentira?
Vivo en una época en la que todo parece relativo. Tanto la verdad como la mentira. Se impone la emoción, el sentimiento, lo que la realidad contada despierta en mí.

Lo que liberó el cuerpo sin vida de Jesús puede también romper la piedra que cubre tu corazón, la coraza con la que crees protegerte

¿Cómo lograr amar con ese amor crucificado de Jesús? Miro su amor en la Cruz. Ese amor que me rompe por dentro. Ese amor clavado en una roca que se hunde en lo profundo de la tierra. La roca partida por el peso de su amor…


Un repaso rápido a lo que ocurre en los días más sagrados del año

Tiene la Semana Santa un halo de misterio. Cada año repito los mismos ritos, las mismas lecturas, los mismos momentos sagrados.

Es como si se detuviera de golpe el tiempo y todo quedara sostenido en el aire mientras yo lo contemplo.

Jesús entrando en Jerusalén. Los ramos de olivo pisados en el suelo, algunos mantos. Las palabras de Jesús en el templo echando a los mercaderes.

Miro más lejos, más alto, más dentro. Confío. Aunque me hayan fallado ya más de una vez vuelvo a confiar

Existe una estrecha relación entre la confianza y la esperanza. Son casi dos aspectos de una misma actitud. Espero confiado y confío lleno de esperanza.

Es muy importante esta actitud en mi vida. Es esa fuerza interior que me permite confiar en mí mismo, creer en mis propias fuerzas, descansar en mis capacidades.

Si aprendiera a callarme, si no me dejara llevar por mis pasiones...

El otro día leía al profeta Jonás y me quedé pensando: “Jonás se puso en marcha hacia Nínive, siguiendo la orden del Señor. Nínive era una ciudad inmensa; hacían falta tres días para recorrerla. Jonás empezó a recorrer la ciudad el primer día, proclamando: – Dentro de cuarenta días, Nínive será arrasada”. Jonás (3,1-10). 

La ciudad será arrasada pasados cuarenta días si no cambia el corazón de sus habitantes. Arrasada si no enmiendan sus errores y llevan una vida santa.

¿Cómo puede mi alma retener tanta alegría dentro de mí?

En el monte Jesús se transfiguró delante de sus amigos: “Y, mientras oraba, el aspecto de su rostro cambió, sus vestidos brillaban de blancos”. 

En su carne mortal muestra el poder de Dios y los suyos se llenan de gozo. Tocan la gloria, la vida, la esperanza: “Pedro y sus compañeros se caían del sueño; y, espabilándose, vieron su gloria y a los dos hombres que estaban con Él. Mientras estos se alejaban, dijo Pedro a Jesús: – Maestro, qué bien se está aquí. Haremos tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. No sabía lo que decía”.

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