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Cayetana Johnson, arqueóloga bíblica  y profesora en la Universidad Eclesiástica San Dámaso de Madrid, encuentra resonancias bíblicas en la presente pandemia de coronavirus.

Al cumplirse casi dos meses de "encierro vírico", la profesora Johnson evoca el momento inicial del confinamiento, y cómo el dueño de la cafetería donde desayunaba cuando se anunció la reclusión forzosa rompió a llorar "porque, como pequeño empresario, su mundo se le venía abajo y no tenía fuerzas para mirar a sus empleados".
«Estuvo con ella unos tres meses y se volvió a su casa».

El evangelio no dice, esta vez, que volvió «presurosa», como en el viaje de ida. Pero cabe suponerlo. Se había alejado de Nazaret casi a la carrera, sin saludar a nadie. Aquella increíble llamada de Dios la había conmocionado. Era como si, de pronto, dentro de su casita, se hubiera abierto un cráter y ella caminara al borde, presa del vértigo. Y, para no precipitarse en el abismo, se había agarrado a la montaña.

Ahora había que volver. Aquellos tres meses de altura habían sido suficientes para aplacar los tumultos interiores. Al lado de Isabel, había hecho el noviciado de una gestación, cuyo secreto comenzaba lentamente a deshilvanar.
Las cualidades del objeto de nuestra fe no necesitan ser demostradas.  Creer en uno mismo es necesario para ello y cuando creemos en nosotros no necesitamos ninguna aprobación o desaprobación externa.

Cuando creemos en el otro, los otros, los demás como personas, tampoco necesitamos que nadie o nada nos lo demuestre, tenemos la seguridad y la confianza que es así, tal y como lo percibimos e incluso que puede superar nuestras expectativas.  No consiste en sentarse esperando que llegue algo que deseamos y de lo que nos consideramos merecedores, sino que despierta en el creyente la acción hacia todas las realidades positivas de la historia donde Dios está afirmándose, acción hacia las realidades negativas de la historia en las que se niega Dios para transformarlas. Confiar es una tarea apasionante y llena de descubrimientos, también cuando se logra algo o la realidad se torna muy compleja o no se ve la meta. Pero sabemos que está ahí, que nos atrae y que nos aporta felicidad y otros beneficios.
Padre Roberto
Foto: Miguel Castaño
Un conocido proverbio escocés dice que “la sonrisa cuesta menos que la electricidad y da más luz”. Los estudiosos del comportamiento humano, sostienen que sonreír tiene un efecto positivo sobre uno mismo y sobre los demás, porque nuestros cerebros perciben una información de que estamos contentos y comienza a trabajar en la dirección del optimismo.  Así es, forma parte de nuestra especie, es muy útil en las primeras impresiones y provoca emociones positivas, porque nos informan de personas confiables, cercanas, sociables y, como en un espejo, tiene un efecto contagioso. La alarma sanitaria provocada por el coronavirus ha puesto de relieve una tragedia grande; pero también ha hecho aflorar sonrisas sinceras. No importa la razón: un saludo afable, un “cumpleaños feliz”, una compra llevada a casa, dar una información precisa, una llamada a alguien que vive en soledad…  La sonrisa reduce la agresividad, elimina la competitividad, relaja la estrechez de miras, incrementa la flexibilidad y la imaginación, alivia el dolor y abre una ventana a la esperanza, dando luz sin gasto.
Apdre Freire
pastoralsantiago.es
Foto: Miguel Castaño
Al dirigirse a los habitantes de la ciudad de Jerusalén y a los venidos de fuera, San Pedro, acompañado de los otros Once, se pronuncia en torno a lo acontecido aquel día. No ha sido algo en absoluto inesperado: más bien ha sido el cumplimiento de la profecía de Joel. El Señor, en estos tiempos finales, había de derramar su Espíritu sobre los hombres de uno y otro lugar, de una y otra condición. De ese modo, profetizarán unos y otros, de suerte que todo el que invocara el nombre del Señor, se salvaría.

Pasa entonces a referirse a Jesús el Nazareno, que pasó por la vida haciendo el bien, a pesar de lo cual ellos lo habían entregado, tal como Dios había previsto. Pero el Señor le resucitó, tal como estaba anunciado en los Salmos, que no iba a experimentar la corrupción del sepulcro. Ahora, sentado a la derecha del Padre, como indica otro Salmo, ha enviado al Espíritu Santo, que es lo que ellos ven y oyen. Así pues, si quieren ser fieles al Señor, han de convertirse de sus pecados y bautizarse en el Nombre de Jesús, para que consigan el perdón de sus culpas y reciban el perdón de sus pecados. Como resultado, se bautizaron entonces en torno a tres mil.
José Fernández Lago
pastoralsantiago.es
Foto: Miguel Castaño
Refiere San Lucas lo acontecido en el día de Pentecostés, transcurridas siete semanas desde la Pascua. Estaban entonces juntos todos los que habían seguido de cerca al Maestro a lo largo de su vida. Había además en Jerusalén muchos forasteros, llegados de los diversos lugares de la tierra.

Invade la casa donde ellos estaban un viento impetuoso. No hemos de olvidar que el mismo vocablo designa en hebreo el viento y el Espíritu. Lo que se cernía antes del comienzo de la humanidad sobre las aguas, ahora se deja sentir como un viento impetuoso, que llenó toda la casa. Además aparecen como lenguas de fuego. Tampoco hemos de olvidar que Dios se presenta una y otra vez en la Biblia como nimbado de fuego, un fuego que Jesús ha querido traer a la tierra. Ese fuego se posa en forma de lenguas sobre las cabezas de los allí presentes.

Las lenguas tenían que ver con lo que iba a suceder inmediatamente: Pedro sale hacia fuera y les habla a aquellos extranjeros. Todos escuchan las palabras del Apóstol, como si les transmitiera el mensaje en su propia lengua. Es el fruto del Espíritu, el don de lo alto, transmitido a los seres humanos. El Espíritu da testimonio de Cristo.
José Fernández Lago
pastoralsantiago.es
Foto: Miguel Castaño
Parece algo antiguo, pero es tan importante y actual la mesura en medio de la ausencia de límites en todo que vivimos,  que parece necesario un poco de disciplina que ordene la vida.  La mesura es asumir la vida como un viaje con claroscuros y sólo el moderado disfruta del viaje como nadie porque no está obsesionado ni con el origen ni con el destino, sino que camina y avanza con agradecimiento y dicha.  Se trata de un autocontrol sin censura, saber elegir sin agobios, caminar sin presiones, compartir sin esperar nada a cambio.  Se trata del equilibrio que nos permite compartir la vida sin quemarnos ni congelarnos. Estos días, el personal de muchos hospitales ha compartido historias intensas con los pacientes. En la mayoría de los casos, los protagonistas no se volverán a encontrar. Algunos recibirán un homenaje y otros pocos, establecerán un vínculo más duradero. La virtud de la mesura incluye respetar los ritmos, los trabajos, los pasos, la fe, cada vida.
Padre Roberto
pastoralsantiago.es
Foto: Miguel Castaño
No podríamos vivir verdaderamente sin confianza en los demás, forma parte de la vida humana confiar en los otros y para ello es necesario tomar la decisión de abrirse a ellos, sin temor, sin exceso, porque es como el eslabón de acero que une a las personas y consolida las mejores relaciones de amistad, porque ponen a buen recaudo la integridad y la coherencia.  Es todo un recorrido de apertura constante a los demás sin las cadenas de sentirnos presos, inseguros o mendigos frente a la posibilidad de un encuentro nuevo. La cuarentena domiciliaria permite observar muchos gestos de solidaridad, aunque también surge el riesgo de superficialidad y ocasionalidad, junto a la desconfianza entre vecinos, por ejemplo: con el tema de las denuncias a los sospechosos de salir de casa sin motivo aparente. Virginia Satir escribe: “la relación entre personas es comportarse con honestidad y compartir logros y frustraciones, defender tu integridad, alimentar tu autoestima y fortalecer las relaciones con los que te rodean…una búsqueda de toda la vida”. Y Ernest Hemingway sugiere: “La mejor forma de confiar en los demás es confiando”.
Padre Roberto
pastoralsantiago.es
Foto: Miguel Castaño
Una vez que Jesús había ascendido al cielo, desde el Monte de los Olivos pasaron los apóstoles el torrente Cedrón y volvieron a Jerusalén. Allí subieron a la sala de arriba, a la habitación superior. Allí, en la sala de arriba había celebrado Jesús con sus discípulos la Última Cena, y allí, en el Cenáculo, estaban ellos reunidos cuando se apareció Jesús por vez primera al grupo de los discípulos. En el piso de arriba, pusieron en Jope a Tabita, aquella mujer caritativa, muerta inesperadamente. Al llegar Pedro, lo subieron a la estancia superior, y la resucitó. En Tróade Pablo y los cristianos de allí estaban celebrando la Eucaristía en la estancia superior. Eneas cayó y murió; pero Pablo volvió con él arriba y le devolvió la vida.

En esa estancia superior, residían entonces los Once discípulos que quedaban, una vez que Judas se ahorcó. Allí oraban, a la espera del Espíritu Santo, junto con algunas mujeres, como la Madre de Jesús y otras que le habían seguido, y también algunos de sus parientes. En esa situación, escogieron a José Barsabás y a Matías, que habían seguido a Jesús desde el Bautismo de Juan hasta su Ascensión al cielo. Le piden entonces al Señor que muestre su voluntad al echar a suertes, sobre si quiere que sea el uno o el otro quien ejerza el apostolado al lado de los otros Once. Salió Matías, y lo agregaron a los otros Apóstoles.
José Fernández Lago
pastoralsantiago.es
Foto: Miguel Castaño
Reflexionar es fundamental para las personas, jóvenes y adultas. El confinamiento domiciliario resulta una ocasión propicia para detenerse, observar con calma y descubrir la lucidez. Todo un ejercicio de espera, aprender que todo necesita su tiempo para madurar hasta el momento en que pueda ser compartido.  Reflexionar ahorra muchos sufrimientos, mejora la toma de decisiones y filtra nuestros pensamientos y emociones, depurando la crítica sobre lo ajeno y lo propio también, produce una sabia amistad con la prudencia y la verdad, nos hermana con la honestidad y la paciencia, higieniza el pensamiento y libera de lo irracional para dar paso a la sencillez del vivir, construyendo una especial sabiduría sobre nosotros mismos.  Cuando se hace habitual compañera de camino, abre las puertas de la empatía, haciéndonos capaces de ponernos en la piel del otro. Lo apuntaba muy sabiamente J.K. Lavater: “Si quieres ser sabio, aprende a interrogar razonablemente, reflexionar frecuentemente, escuchar atentamente, responder serenamente y callar cuando no tengas nada que decir”.
Padre Roberto
pastoralsantiago.es
En el siglo XXI la ansiedad y el estrés son consideradas enfermedades que afectan ostensiblemente al hombre moderno, capaces de secuestrar nuestra atención y concentración.  Por efecto de la repetición, acaban por convertirse en una actitud, condicionando nuestros pensamientos, nuestros afectos y nuestra conducta.   La ansiedad y el estrés los usamos como una herramienta para afrontar situaciones amenazantes que nos generan incomodidad, muchas veces anticipada irracionalmente.  Su intensidad es variable, pero es directamente proporcional a las dimensiones de la situación que la produce.  Al final, por debilitamiento psicológico, tenemos la impresión de que la única forma de resolverla es salir corriendo.  Parece que no.  Parece más sano afrontar en lugar de evitar, aceptar lo que podemos cambiar y lo que no en lugar de irritarnos con todo y dejar que pase el tiempo en vez de empeñarnos neuróticamente en lo que no nos conduce a nada.  Durante la cuarentena, hay tiempo a disposición.  Algún “confinado” cuenta que recibe llamadas telefónicas de sus amigos o familiares informando de situaciones que en otras circunstancias los alteraría y su respuesta suele ser siempre la misma: “cuando pase todo esto, lo atenderemos”.   Pues sí, cuando toque, ya se abordará. El estrés, los pensamientos irracionales, el pensamiento mágico, la ansiedad… reducen tanto nuestra eficacia personal que acabamos juzgando todo, a todos, también a Dios.
Padre Roberto
pastoralsantiago.es
¿Qué vieron los apóstoles, María Magdalena, los caminantes de Emaús y “más de 500 testigos”? Según los evangelios y las cartas de San Pablo, vieron a Jesús resucitado. Y así nació el cristianismo, justo después de la ejecución pública de Cristo.

Los eruditos bíblicos agnósticos, o de religión no cristiana, no creen que Jesús resucitara (básicamente porque se supone que los muertos no resucitan). Pero sí están convencidos de que esos primeros testigos sí creían haberlo visto. Es decir: algo vieron, algo que les hizo cambiar sus vidas y el mundo, algo que ellos dijeron que era Jesús vivo de nuevo.
Así es, nadie puede suplantarnos a la hora de vivir nuestra propia vida.  Cuando alguien está pasando un duelo y sentimos compasión o cuando nos alegramos por el éxito de otra persona, no lo vivimos en su lugar, no es posible.  Para conseguir metas o para superar duelos, no hay otro camino que el de movilizarse y afrontar la propia vida llena de retos, obstáculos, problemas y logros también.  Movilizarse es un desafío continuado, que necesitamos desarrollar como fuerza de voluntad para aprender, para saber, para crecer, para buscar y es, en ese empeño, donde descubrimos también cómo los desafíos contribuyen al crecimiento.  Al desarrollar todas las fuerzas que hay en nosotros para seguir avanzando, nos beneficiamos personalmente de ella y al recuperarla vemos cómo se multiplica. Tener que quedarse en casa para evitar la propagación de un virus es una experiencia que muchas personas comienzan preparadas física y psicológicamente, mentalizadas, con suministros; sin embargo, otros lo inician abatidos y tristes, resignados o contrariados, con pocas fuerzas, “ateos prácticos”, pero arrancan con una especie de atracción irresistible que ellos mismos relatan, sin una motivación específica y, a través del silencio gratuito, de la hospitalidad inesperada, del esfuerzo físico, de la alegría espontánea, de los gestos vecinales solidarios… se movilizan y van comprobando como la tierra es digna de ser habitada por el ser humano y el ser humano puede ser habitado por Dios.
Padre Roberto
pastoralsantiago.es
Nos encontramos dentro de la Basílica del Santo Sepulcro. También la podríamos denominar la Basílica de la Resurrección (la Anástasis, para los ortodoxos). Porque el sepulcro del Señor está vacío. Dentro de este templo del s. XII se encuentra el lugar del Calvario. Este rincón corresponde a una capilla greco ortodoxa, edificada sobre la roca del Calvario. En la fotografía se aprecia a una persona de rodillas. Ahí, los fieles introducen la mano por una abertura y tocarían la roca auténtica del Calvario, lugar de la Crucifixión. Evocamos el Viernes Santo. A los pies de la Cruz nos duelen, junto a Jesús, todos los crucificados de la historia: a los enfermos y a todos los que sufren; a los marginados y violentados. A los torturados por cualquier crueldad o violencia injustificada.
Fray Paco
Es el acto más importante del Año Litúrgico y la celebración más solemne de las que se hacen a lo largo del año. Sin embargo, en las actuales circunstancias, no se desarrollará en toda su extensión, por las razones que todos conocemos.

Jesús, ya desde la cruz, tiraba de toda la humanidad hacia sí, de modo que, al conseguir más tarde la victoria sobre la muerte y sobre el dominio de las tinieblas, hiciera resplandecer de nuevo ante los hombres la luz, y nos comunicara una vida que perdura.

Comenzamos así la Vigilia Pascual, bajo el signo de la luz. El cirio representa en la liturgia de la Iglesia al mismo Jesús; y la luz que nos ofrece ese cirio, es la luz de Cristo, la luz que es Cristo. Necesitamos esa luz para orientar nuestras vidas como ‘hijos de la luz’, como discípulos del resucitado.

La celebración de la Vigilia tiene este año dos partes fundamentales: la liturgia de la palabra, con renovación de las promesas bautismales; y la liturgia eucarística.

1.- Con la liturgia de la palabra, se nos va indicando que todo tiene su origen en Dios, que plasmó en el mundo su bondad, especialmente en el hombre, como dice la lectura del libro del Génesis que en esta noche se proclama. Por otra parte, cuando el hombre sufría en tierra ajena, a causa de sus pecados, el Señor le liberó de la esclavitud con grandes signos, por fidelidad con sus antepasados, y le llevó de la mano, como se percibe en la lectura del libro del Éxodo, alusiva al paso del Mar Rojo; y una vez más salvará Dios al pueblo creyente y arrepentido, infundiéndole su espíritu, para que recupere su alegría y felicidad, al lado de su Señor, tal como indica la lectura del libro de Ezequiel, algo que el profeta proclamó en el destierro.

El pasaje de la Carta a los Romanos, que sigue a las lecturas anteriores, quiere enlazar con las aguas purificadoras del bautismo. El vocablo griego que está por bautizar, significa “sumergirse”, e implica la inmersión en la piscina bautismal y la elevación del agua. Por ello San Pablo dice que el bautizado muere con Cristo al pecado y resucita con él a la vida de hijo de Dios. La realidad del hombre viejo, imitador de Adán, deja paso a la del hombre nuevo, resucitado con Cristo, rebosante de alegría, como manifiesta el relato evangélico de San Mateo.

2.- Con la liturgia eucarística, comienza lo que en este año constituye la 2ª parte de la Vigilia Pascual. Ofrecemos al Padre el sacrificio de Cristo, y participamos de él recibiendo al Señor en comunión.

En general podemos decir, al celebrar la Vigilia del Sábado de Pascua, que la alegría de la Pascua inunda el final de la celebración, ya que concluye con diversos ‘Aleluya’, expresión que significa “Alabad a Yahvé”, “Alabad al Señor”, y que prodigaremos de modo especial a lo largo de toda la Octava. Ojalá que, a pesar de este confinamiento al que nos obliga la peste del corona virus y el dolor por el abandono de esta tierra, de modo precipitado y en soledad, de tantos hermanos nuestros, la alegría Pascual llene nuestras vidas, de modo que estas sean un reflejo de la victoria de Cristo sobre el pecado y sobre la muerte.
José Fernández Lago
pastoralsantiago.es
En un mundo lleno de ruido y que va a un ritmo vertiginoso se corre habitualmente el peligroso riesgo de no escuchar bien a Dios o al menos de no tener un encuentro con Él sosegado y profundo. Frente a esta velocidad, la vida monástica ha ofrecido desde sus orígenes el ritmo pausado necesario para poder vivir la fe de una manera que alimente realmente el alma.

La armonía total con Dios, con los demás y con la vida sólo existe en el cielo, aquí las rupturas duelen y a veces sólo puedes hacer una cosa

Reconciliación es una palabra que me da paz. La escucho y mi corazón se llena de esperanza. Reconciliar lo que está roto, desunido, en guerra. Reconciliar lo que no está conciliado.

Haz memoria para recordar cuánto te ha querido Dios

La voz no puede explicar normalmente lo que el corazón siente. Necesito saber que me quieren. Sin ese amor que me sostiene no puedo hacer nada.

Tenemos que decidir si optamos por la fuerza o por la debilidad. Nuestra debilidad es una fuerza más grande que cualquier otra, porque tiene la fuerza de Dios

Me atrae lo que brilla, lo que suena, lo que destaca. Es como un hilo invisible que me conduce hacia el que triunfa y tiene éxito. No sé, no es tan fácil huir del ruido, de lo que llama la atención.

Las Bienaventuranzas propuestas en el Sermón de la montaña hablan de cómo ser feliz en medio de las dificultades de esta vida

Hoy Jesús habla a una multitud sedienta de sus palabras.
“En aquel tiempo, bajó Jesús del monte con los Doce y se paró en un llano, con un grupo grande de discípulos y de pueblo, procedente de toda Judea, de Jerusalén y de la costa de Tiro y de Sidón”.

Son las conocidas bienaventuranzas que tanto me inquietan:
“Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios. Dichosos los que ahora tenéis hambre, porque quedaréis saciados. Dichosos los que ahora lloráis, porque reiréis. Dichosos vosotros, cuando os odien los hombres, y os excluyan, y os insulten y proscriban vuestro nombre como infame, por causa del Hijo del hombre. Alegraos ese día y saltad de gozo, porque vuestra recompensa será grande en el cielo”.

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