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La Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede ha concedido indulgencia plenaria a los fieles católicos que peregrinen a los santuarios de Loyola y Manresa durante la celebración del primer Año Jubilar del Camino Ignaciano, cumpliendo las condiciones habituales establecidas por el derecho canónico.

Así lo comunica mediante sendos decretos el cardenal Mauro Piacenza, Penitenciario Mayor de la Santa Sede, respondiendo a las solicitudes realizadas por el P. Provincial de la Compañía de Jesús, Francisco José Ruiz Pérez  SJ, junto con los obispos de San Sebastián, Monseñor José Ignacio Munilla, y de Vic, Monseñor Romà Casanova, en cuyos territorios se encuentran los dos santuarios ignacianos de referencia del Camino Ignaciano: el de Loyola y el de Manresa.

La Penitenciaría Apostólica de la Santa Sede afirma en su decreto que los peregrinos acudirán a los santuarios «para preparar el sagrado quinientos aniversario» de la conversión y peregrinación que llevó a San Ignacio desde Loyola hasta Monserrat y Manresa, y deberán asistir a alguna celebración en los santuarios o, al menos, «rogar durante un tiempo conveniente a Dios por la fidelidad de España a la fe cristiana, por las vocaciones sacerdotales y religiosas, y por la defensa de la institución de la familia humana».

Todo preparado para comenzar el Primer Año Jubilar del Camino Ignaciano

El P. Provincial de la Compañía de Jesús en España Francisco José Ruiz Pérez SJ proclamó dos años jubilares en la festividad de San Ignacio del año pasado. El primero comenzará este viernes 31 de julio. Con motivo del 500 aniversario de la conversión de Iñigo de Loyola y su peregrinación a Manresa se celebrará el segundo Año Jubilar entre el 31 de julio de 2021 y 2022.

En Manresa, este viernes 31 de julio, solemnidad de San Ignacio, a las 20:00 h., se procederá a la apertura de la puerta jubilar en el Santuario de la Cova de St. Ignasi, en una eucaristía solemne de inicio del Año Jubilar, presidida por el P. Josep M. Soler OSB (Abat de Montserrat) y concelebrada por el P. Llorenç Puig SJ (Delegado de la Plataforma Apostólica Territorial de Cataluña), Mn. Joan Antoni Castillo (Arcipreste de Manresa), Mn. Antoni Boqueras (Rector de la Seu), P. Lluís Magriñà SJ (Superior de la Cova) y P. José L. Iriberri SJ (Director del Camino Ignaciano).

El inicio del Año Jubilar se celebrará en el Santuario de Loyola el sábado 1 de agosto, dado que en el Santuario de Loyola es tradición celebrar la festividad de San Ignacio el 1 de agosto, a la que acuden las autoridades del Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Azpeitia. Antes de comenzar la solemne eucaristía, a las 11:00, el obispo de San Sebastián, Mons. José Ignacio Munilla, bendecirá la placa que da inicio al Camino Ignaciano. La posterior eucaristía estará presidida por Mons. Munilla y será concelebrada por Mons. Francisco Pérez González (Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela), Mons. Mario Iceta (Obispo de Bilbao), Mons. Miguel Asurmendi (Obispo de Vitoria), P. Francisco José Ruiz Pérez SJ (Provincial de España de la Compañía de Jesús), P. Koldo Alzibar SJ (Rector del Santuario de Loyola) y P. José L. Iriberri SJ (Director del Camino Ignaciano). En esta eucaristía el P. Provincial de los jesuitas dará a conocer una carta sobre el Año Jubilar del Camino Ignaciano del P. General de la Compañía de Jesús, Adolfo Nicolás SJ.

Decreto Manresa

Decreto Loyola
El 31 de julio arrancará el primer Año Jubilar del Camino Ignaciano (www.caminoignaciano.org) que se prolongará hasta la festividad de San Ignacio del año siguiente. Los actos de apertura del Año Jubilar se celebrarán en Manresa el día 31 de julio, Solemnidad de San Ignacio, y en Loyola el 1 de agosto, con la celebración tradicional de la festividad del santo patrón.

El Camino Ignaciano es una propuesta de peregrinación que rememora el itinerario que Ignacio de Loyola recorrió en 1522 desde la casa torre de su familia en Loyola hasta Manresa para viajar a Tierra Santa como peregrino. El Año Jubilar ignaciano se celebra con el objetivo de potenciar el Camino Ignaciano como instrumento de encuentro con Dios y de crecimiento personal y con la vista puesta en el 500 aniversario de la conversión de Iñigo de Loyola y su peregrinación a Manresa, que se conmemorará con un segundo Año Jubilar entre el 31 de julio de 2021 y 2022.

Lo propio de los años santos que se celebran con tanta frecuencia en el mundo cristiano es la renovación de la propia vida, la reconciliación de lo separado o dividido, en definitiva reencontrarse con el sacramento del perdón. El Jubileo del Camino Ignaciano alcanza a aquellos que cumpliendo las condiciones establecidas por el derecho canónico (misa, confesión y oración por las intenciones del Papa) realicen la peregrinación del Camino Ignaciano vivido en espíritu de peregrinación y siguiendo alguna modalidad de los Ejercicios Espirituales, visiten alguno de los santuarios ignacianos del camino y lleven a cabo alguna obra de caridad ya sea antes o durante la peregrinación.

Apertura del Año Jubilar en Manresa y Loyola

En Manresa, el 31 de julio, solemnidad de San Ignacio, a las 20:00 h. se procederá a la apertura de la puerta jubilar en el Santuario de la Cova de St. Ignasi, en una Eucaristía Solemne de Inicio del Año Jubilar presidida por el P. Josep M. Soler OSB (Abat de Montserrat), y concelebrada por el P. Llorenç Puig SJ (Delegado de la Compañía de Jesús en Cataluña), Mn. Joan Antoni Castillo (Arcipreste de Manresa), Mn. Antoni Boqueras (Rector de la Seu), P. Lluís Magriñà SJ (Superior de la Cova) y P. José L. Iriberri SJ (Director del Camino Ignaciano).

El inicio del Año Jubilar se celebrará en el Santuario de Loyola el 1 de agosto, dado que en el Santuario de Loyola es tradición celebrar la festividad de San Ignacio el 1 de agosto, a la que acuden las autoridades del Gobierno Vasco, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Ayuntamiento de Azpeitia. Antes de comenzar la Solemne Eucaristía, a las 11:00, el obispo de San Sebastián Mons. José Ignacio Munilla bendecirá la placa que da inicio al Camino Ignaciano. La posterior Eucaristía estará presidida por Mons. Munilla y será concelebrada por Mons. Francisco Pérez González (Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela), Mons. Mario Iceta (Obispo de Bilbao), Mons. Miguel Asurmendi (Obispo de Vitoria), P. Francisco José Ruiz Pérez SJ (Provincial de España de la Compañía de Jesús), P. Koldo Alzibar SJ (Rector del Santuario de Loyola) y P. José L. Iriberri SJ (Director del Camino Ignaciano).
Con ocasión de la festividad de San Ignacio el 31 de julio, se anuncia que el año próximo, del 31 de julio de 2015 al 31 de julio de 2016, se celebrará el primer Año Jubilar del Camino Ignaciano. Además también se anuncia que seis años más tarde, del 31 de julio de 2021 al 31 de julio de 2022, se celebrará el segundo Año Jubilar, coincidiendo con la conmemoración del quinto centenario de la conversión de Iñigo de Loyola y su peregrinación a Manresa. El cierre de estos dos años jubilares coincide con la celebración en domingo de la solemnidad de San Ignacio.

La tradición de peregrinar a los santuarios de Loyola y Manresa, muy popular desde el siglo XVII tras las canonizaciones de San Ignacio y San Francisco Javier, ha aumentado durante el siglo XX y principios del XXI, junto con el aumento de la piedad unida a las peregrinaciones. El Camino Ignaciano ha nacido con la vocación de vehicular esa piedad mediante una propuesta de peregrinación que rememora el camino recorrido por Ignacio de Loyola en 1522, (más información en www.caminoignaciano.org).

El trabajo de construcción de esta nueva ruta, iniciado a finales de 2010 ha dado como fruto la creación de la Obra Apostólica Camino Ignaciano (OACI) de la Compañía de Jesús, que queda constituida oficialmente el 31 de julio de 2014. Su misión será mantener vivo el espíritu ignaciano en los casi 700 kms. de peregrinación que unen el santuario de Loyola con el de La Cova de Manresa.

Para potenciar ese instrumento de encuentro con Dios y de crecimiento personal, y para memorar tal y como se merece ese 500 aniversario, con el beneplácito y apoyo de Mons. José Ignacio Munilla Aguirre, Obispo de San Sebastián, y de Mons. Romà Casanova i Casanova, Obispo de Vic, se celebrarán dos años de conmemoración jubilar en los santuarios de Loyola y Manresa, así como a lo largo del Camino Ignaciano entendido como experiencia continuada de los Ejercicios Espirituales.

El Jubileo del Camino Ignaciano alcanza a aquellos que cumpliendo las condiciones establecidas por el derecho canónico (misa, confesión y oración por las intenciones del Papa) realicen la peregrinación del Camino Ignaciano vivido en espíritu de peregrinación y siguiendo alguna modalidad de los Ejercicios Espirituales, visiten alguno de los santuarios ignacianos del camino, y lleven a cabo alguna obra de caridad ya sea antes o durante la peregrinación.

Además de contar con las gracias jubilares que pertenecen a los Ejercicios Espirituales por derecho canónico otorgado, se ha solicitado al Santo Padre la concesión de indulgencias extraordinarias para los mencionados Años Jubilares.

(CONFER)
Queridos miembros de la Compañía de Jesús, queridos sacerdotes concelebrantes y fieles todos; mi saludo especial para las autoridades aquí presentes:

¿Sabíais, hermanos, que San Ignacio de Loyola celebraba su onomástica el día de San Ignacio de Antioquía, uno de los mártires más destacados del primer siglo de la Iglesia? Nosotros tenemos a nuestro Ignacio —al de Loyola— como modelo, mientras que el de Loyola invocaba a Ignacio de Antioquía… No es más que una anécdota, pero me parece interesante traerla a colación para comprender que la celebración de nuestro patrono, está llamada a superar los límites de las circunstancias y referentes temporales y locales, adentrándonos en el misterio de la Iglesia, así como en el misterio de la vida misma. Los santos no son sino señales en el camino para ayudarnos a mirar más lejos y alcanzar la meta de nuestra vida, que es la unión con Dios. Dice un refrán que “cuando el dedo apunta al cielo, el necio se queda mirando al dedo”. Es decir, nosotros seguimos a quienes siguieron a Cristo, en la medida en que nos estimulan y ayudan para que hagamos lo mismo, en el tiempo, lugar y circunstancias en que nos ha tocado vivir. Ciertamente, no estamos llamados a celebrar la fiesta de San Ignacio como meros espectadores, como quien ve llover detrás del cristal. De lo que se trata es de que nos sintamos interpelados a coger su testigo con decisión, y a emplear todas nuestras energías en el tramo del camino que a cada uno nos toca recorrer…

San Ignacio fue un hombre seducido por las narraciones de la vida de los santos, a las que pudo tener acceso durante su convalecencia en la Casa Torre de Loyola. Aquellas vidas de personas enamoradas de Cristo, despertaron en el corazón de Ignacio un vivo deseo de conversión y de imitación: “Si San Francisco lo hizo, yo lo tengo que hacer. Si Santo Domingo lo hizo, yo lo tengo que hacer”… Ahora bien, nadie se convierte a un libro, sino a lo que un libro le desvela. ¿Y qué es lo que le desvelaron a Ignacio aquellos libros piadosos? Le descubrieron que solo merece la pena entregar la vida plenamente al Rey Eterno, es decir, a Dios; dar la vida por la Verdad con mayúscula,  enamorados de su Bondad, y atraídos por su Belleza infinita.

Ahora bien, si a Ignacio se le desveló este mensaje en su aproximación a la vida de los santos, fue en gran parte gracias a la nobleza de su alma. En efecto, por lo general, se percibe aquello que se está preparado para percibir, aquello que se anhela. Y, no en vano, en medio de un mundo en profundo cambio (del Medievo al Renacimiento), Ignacio era un heredero del idealismo cristiano. Aunque fuese con una orientación mundana, Ignacio creía en la existencia de los grandes ideales. Alguien dijo que el alma de Ignacio de Loyola conjuga mucho más con el Don Quijote de Cervantes que con el Don Juan Tenorio de Tirso de Molina: Don Quijote entiende su condición de hidalgo como un deber para con los más necesitados, mientras que Don Juan la entiende como un derecho para su propio provecho. Para Don Quijote su posición noble implica una responsabilidad para hacer justicia, mientras que para Don Juan se trata de un privilegio. Don Quijote aconseja a Sancho el temor de Dios como principio de la sabiduría; mientras que para Don Juan la ausencia del temor de Dios es la condición necesaria para su libertinaje. Don Quijote de la Mancha es un hombre de honor y de palabra; mientras que Don Juan Tenorio es un tunante que se sirve de todos los que le rodean para satisfacer sus caprichos mujeriegos.

Sí, ya supongo que el Ignacio joven no estaría exento de las pasiones que nos empujan al egoísmo; y soy también consciente de que la figura de Don  Quijote de la Mancha no deja de ser novelesca. Pero es obvio que el de Loyola era heredero de una concepción de la vida de profunda raíz cristiana… La conversión de San Ignacio no consistió en pasar de la indiferencia, del  cinismo o del “pasotismo”, a empezar a creer en la existencia de los grandes ideales. Es un hecho que Ignacio ya era un idealista antes de su conversión en Loyola. En su caso, más bien, la conversión consistió en fijar el verdadero norte, al cual dirigir su pasión por la vida, así como al ordenamiento de su vida conforme a estos ideales.

¿Por qué insisto en estos aspectos tan particulares de nuestro Santo patrono, Ignacio de Loyola? Pues, porque pienso que el reto que la Iglesia tiene que abordar para la predicación del Evangelio es doble: por una parte, y de forma prioritaria, proclamar el kerigma; es decir, anunciar que la felicidad del hombre solo será alcanzada cuando este entregue su libertad al autor de la vida, es decir, a Dios. (Esto es lo que San Ignacio subraya en su meditación sobre el Rey Eterno).

Pero además de esto, es necesario también hacer un juicio crítico de las bases sobre las que se sustenta nuestra cultura materialista y capitalista. La cosmovisión de nuestra cultura secularizada ha dado la espalda a cualquier idealismo, de forma que nos encontramos mucho más próximos a la mentalidad  de Don Juan Tenorio que a la de Don Quijote de la Mancha.

Ni qué decir tiene, que todo idealismo —no solo el cristiano— es incompatible con el nihilismo y el escepticismo que niegan que exista una verdad objetiva. He aquí el nuevo dogma de nuestros días: no hay verdades universales, sino tantas verdades como individuos. El único ideal absoluto de esta cultura es la “libertad”, entendida como la propia elección, como el derecho a optar por cualquier cosa y en cualquier momento. Mientras que el cristianismo afirma que es la verdad la que nos hace libres, el relativismo piensa que el único criterio moral es la propia elección del sujeto, sin interferencias de ninguna clase. Es decir, mientras que el cristianismo recuerda que no hay democracia sin conciencia, el secularismo sostiene, en la práctica, que la propia democracia es la conciencia.

La crisis de ideales no suele ser reconocida por la propia cultura que la padece, y con frecuencia recurre a invocar algunos seudo valores, como en nuestros días ocurre con el llamado “derecho a decidir”. En la práctica este “derecho a decidir” se erige como la única verdad universal y objetiva: Derecho a decidir si el individuo desea seguir viviendo o prefiere suicidarse; derecho a decidir si llevar a término la gestación de un hijo o abortarla; derecho a decidir  si se acepta la propia naturaleza o se rediseña a la carta;  derecho a mantener o romper los lazos de nuestra convivencia social… Es decir, la carencia de ideales objetivos, está siendo sustituida por el endiosamiento de la propia libertad. Y, sin embargo, como decía Victor Frank: “La estatua de la libertad en la Costa Este de los Estados Unidos, necesitaría estar complementada por otra estatua —la de la responsabilidad— en la Costa Oeste”. No somos individuos sino personas. Nos somos seres aislados, sino seres sociales. De modo que el “derecho a decidir” termina allí donde existe un bien objetivo que no tenemos derecho a ignorar.

Acaso tengan hoy mayor actualidad que nunca las palabras que, tomadas del Evangelio, Ignacio de Loyola dirigió a un Francisco Javier que vivía su libertad sin norte: “¿De qué te sirve ganar el mundo entero si pierdes tu vida?”. Que traducido a nuestro lenguaje sería: ¿De qué te sirve una libertad que te conduce al abismo?

Concluyo invocando un conocid
salmo que dice: “Lámpara es tu palabra para mis pasos, luz en mi camino; lo juro y lo cumpliré: guardaré tus justos mandamientos” (Ps 119, 105-106). San Ignacio ilumina nuestros pasos, al igual que otros santos iluminaron los suyos. ¡Ojalá nuestros pasos puedan iluminar también a los que vengan detrás de nosotros! Y es que nuestra libertad no es ni absoluta, ni plenamente autónoma. Es la libertad propia de los que hemos sido creados por Dios para darle gloria, y formamos parte de una historia de salvación: Es la libertad de los hijos de Dios.

¡Qué bueno sería que nos acercásemos al tesoro de los ejercicios espirituales de San Ignacio de Loyola! Ojalá esta fiesta de nuestro patrono sea la ocasión para que algunos de vosotros —¡o mejor, muchos!— acojáis la  llamada de Dios a realizar esa experiencia ignaciana, conocida como “ejercicios espirituales”, que comienza preguntándose por cuál es el “principio y fundamento” de nuestra vida, para concluir en la “contemplación para alcanzar amor”. ¡Que Dios os bendiga!
El jesuita más conocido del mundo es el Papa Francisco. Pero la Compañía de Jesús tiene siglos de historia. Nació en el siglo XVI de la mano de una personalidad única: San Ignacio de Loyola cuya obra ha permitido que muchos conozcan a Dios.

CHRIS LOWNEY
Autor, "Papa Francisco: Por qué dirige de la forma que dirige”
"El fundador de los jesuitas, San Ignacio, ideó los ejercicios espirituales, una serie de meditaciones que ayudan a las personas a comprender cómo seguir a Jesús en sus propias vidas”.

"Ad maiorem Dei gloriam” es el lema de la congregación por eso, no es de extrañar, que los ejercicios espirituales desarrollados por su fundador busquen precisamente eso, acercar las almas hasta Dios. Son una forma revolucionaria de fortalecer la fe a través de la oración y de superar los propios miedos.

CHRIS LOWNEY
Autor, "Papa Francisco: Por qué dirige de la forma que dirige”
"Tal vez soy una persona que sólo busca acumular dinero o quizá estoy paralizado por mis propios miedos. Quizá lo correcto sea probar una nueva profesión o ser más atrevido a la hora de hablar de mi fe o mis valores porque no tengo el valor suficiente o como tengo miedo a hacer el ridículo, no lo hago. No soy lo suficientemente libre para hacer lo que debería”.

La huella del San Ignacio en el Papa es evidente. Muchas de estas enseñanzas las pone en práctica, como su preocupación por llegar a todos o su espíritu de superación. Repite que es mejor cometer errores que mantener una Iglesia cerrada en sí misma.

FRANCISCO
"Lo digo mil veces. Prefiero una Iglesia accidentada que una Iglesia enferma”.

Salir a las periferias es también una actitud propia de los jesuitas. Son grandes pedagogos que han llevado el mensaje del Evangelio a América Latina, India, África y Oriente. Pero no sólo han llegado a los confines del mundo. Francisco también dice que se necesitan misioneros cerca de casa.

CHRIS LOWNEY
Autor, "Papa Francisco: Por qué dirige de la forma que dirige”
"Hay muchas personas alejadas de la Iglesia que, en realidad, no han tenido mucho contacto con la religión. No les importa la religión, de ninguna forma. Por eso, ese espíritu de 'salir a las periferias' se centra en ellos”.

El Papa reconoce que piensa como un jesuita, como un misionero, aunque nunca pudo ir a Japón, como quería en su juventud. Aún así, desde Roma, la impronta de San Ignacio de Loyola le está ayudando a llevar el Evangelio mucho más lejos.

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