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"Liarla petarda" este Sábado Santo. Es lo que propone una iniciativa que se está viralizando a través de redes sociales y de móvil, en confluencia con otras, todas ellas con un único objetivo: que, dado que el confinamiento forzoso por la pandemia de coronavirus va a impedir, ya no solo las procesiones de la Semana Santa, sino incluso la asistencia a la Vigilia Pascual , que al menos se encienda en las casas la luz en torno a la cual gira la liturgia de esa noche.

La cita es a las 22.00 horas, "cuando el Santo Padre encienda la hoguera": hay que seguir la ceremonia por la televisión o internet. Y los convocantes apelan al espíritu "gamberro" (es decir, de hacer ruido y dar la nota, en el mejor de los sentidos) que todo cristiano debe llevar dentro si vive auténticamente su fe: "No se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín" (Mt 5, 13-16), dijo Jesucristo nada más proclamar las Bienaventuranzas en el Sermón de la Montaña.

Así que es algo tan sencillo como eso. A la hora en la que la Iglesia normalmente nos convoca a uno de los ritos más bellos del año que no podremos vivir esta vez los cristianos (la procesión de las candelas y el paso de la luz de unas velas a otras), hacer presente esa lámpara en el mismo lugar donde, sin reparo alguno, sacamos las palmas o las cacerolas.
ReligiónenLibertad
Este fin de semana, el comprendido entre el 13 y el 15 de abril, se celebrará en la parroquia de A Xunqueira la Pascua Xoven. Un proyecto que lleva madurando todo el año para celebrar y compartir todos juntos la Pascua.

En esta ocasión, señalan desde la organización, “estaremos rodeados por la música, que estará más presente que nunca en Pascua Xoven”.

“Los grupos que queráis venir por primera vez, el sábado a la tarde será abierto, podéis poneros en contacto con D. Manuel Couceiro Cachaldora o visitar la web www.axunqueira.com”, indican.

Desde hace más de cuarenta años, dos fines de semana después de la Semana Santa, cientos de chicos y chicas se reúnen en el colegio filipense “Sagrada Familia” de Vilagarcía para participar en la Pascua Xoven de Arousa.
Archicompostela
El significado más importante del cirio pascual es recordarnos la victoria sobre la muerte de Jesucristo a través de la resurrección.

La resurrección de Cristo es simbolizada por la luz, por el fuego nuevo, que ahuyenta las tinieblas de la muerte y resucita victorioso. La luz, elemento natural, se convierte en símbolo de vida, felicidad, alegría y esperanza.

Pasar por la muerte es parte del don de vivir. Creo que necesito aprender a vivir para saber morir.  O aprender un poco a morir a muchas cosas para vivir de verdad. Me da miedo quedarme en una forma de vivir vacía y superficial. Cuando lo que Jesús me promete es una vida plena.

Hoy escucho “Ya que habéis resucitado con Cristo, buscad los bienes de allá arriba, donde está Cristo; aspirad a los bienes de arriba, no a los de la tierra. Porque habéis muerto, y vuestra vida está con Cristo escondida en Dios”. 
Este lunes del Ángel, desde la ventana del Palacio Pontificio, el Papa Francisco rezó la oración mariana del Regina Coeli, que como él mismo explicó sustituye al Ángelus en el Tiempo Pascual. Ante una plaza llena de fieles a quienes el Papa les deseó unas felices Pascuas, Francisco hizo repetir en diferentes ocasiones la frase ¡Cristo ha resucitado!

Basándose en el Evangelio de Mateo, el Santo Padre recuerda cuando el Ángel anuncia a las mujeres que fueron al sepulcro de Jesús, que Él había resucitado, y como les pidió que fueran a Galilea a contarlo, y en este contexto, puntualiza Francisco que “Galilea es la ‘periferia’ donde Jesús había iniciado su predicación; y de allí reiniciará en Evangelio de la Resurrección”.

Así, nos explica que ésta es la buena noticia que estamos llamados a anunciar a los demás y en todo ambiente, “animados por el Espíritu Santo”, y exhortó que no nos cansemos de repetirlo: ¡Cristo ha resucitado! y pidió que dejemos que nuestra existencia sea conquistada y transformada por la Resurrección.

Después de la oración a la Madre de Dios, saludó detalladamente a diferentes grupos de peregrinos e hizo una mención especial al Movimiento Shalom y su misión ante la persecución de los cristianos en el mundo. E hizo un llamamiento a la comunidad internacional para no mirar hacia otro lado ante estos conflictos. Finalmente, Francisco dijo que para vivir más intensamente este periodo, “nos hará bien leer cada día un pasaje del Evangelio en el cual se habla del evento de la Resurrección”.

Palabras del Papa Francisco

Queridos hermanos y hermanas, buenos días y todavía ¡Felices Pascuas!

El lunes después de la Pascua, el Evangelio (Cfr. Mt 28,8-15) nos presenta la narración de las mujeres que, fueron al sepulcro de Jesús, lo encuentran vacío y ven un Ángel que les anuncia que Él ha resucitado. Y mientras ellas corren para transmitir la noticia a los discípulos, encuentran a Jesús mismo que les dice: «Vayan a anunciar a mis hermanos que suban a Galilea: allí me verán» (v. 10). Galilea es la “periferia” donde Jesús había iniciado su predicación; y de allí reiniciará en Evangelio de la Resurrección, para que sea anunciado a todos, y para que cada uno pueda encontrar a Él, al Resucitado, presente y operante en la historia. También hoy Él está con nosotros aquí en la plaza.

Por lo tanto, éste es el anuncio que la Iglesia repite desde el primer día: “¡Cristo ha resucitado!”. Y, en Él, por el Bautismo, también nosotros hemos resucitado, hemos pasado de la muerte a la vida, de la esclavitud del pecado a la libertad del amor. Ésta es la buena noticia que estamos llamados a anunciar a los demás y en todo ambiente, animados por el Espíritu Santo. La fe en la resurrección de Jesús y la esperanza que Él nos ha traído es el don más bello que el cristiano puede y debe ofrecer a sus hermanos. A todos y cada uno, entonces, no nos cansemos de repetir: ¡Cristo ha resucitado! Repitámoslo todos juntos hoy aquí en la plaza: ¡Cristo ha resucitado! ¡Todos! ¡Cristo ha resucitado! Una vez más: ¡Cristo ha resucitado! Repitámoslo con las palabras, pero sobre todo con el testimonio de nuestra vida. La alegre noticia de la Resurrección debería manifestarse en nuestro rostro, en nuestros sentimientos y actitudes, en el modo con el cual tratamos a los demás.

Nosotros anunciamos la resurrección de Cristo cuando su luz ilumina los momentos oscuros de nuestra existencia y podemos compartirla con los demás; cuando sabemos sonreír con quien sonríe y llorar con quien llora; cuando caminamos junto a quien está triste y corre el riesgo de perder la esperanza; cuando transmitimos nuestra experiencia de fe a quien está en búsqueda de sentido y de felicidad. Y ahí con nuestra actitud, con nuestro testimonio, con nuestra vida decimos “Jesús ha resucitado”, con todo el alma.

Estamos en los días de la Octava de Pascua – ocho días –, durante los cuales nos acompaña el clima gozoso de la Resurrección. Es curioso, la Liturgia considera la entera Octava como un único día, para ayudarnos a entrar en el misterio, para que su gracia penetre en nuestro corazón y en nuestra vida. La Pascua es el evento que ha traído la novedad radical para todo ser humano, para la historia y para el mundo: es el triunfo de la vida sobre la muerte; es la fiesta del renacer y de la regeneración. ¡Dejemos que nuestra existencia sea conquistada y transformada por la Resurrección!

Pidamos a la Virgen Madre, testigo silenciosa de la muerte y de la resurrección de su Hijo, incrementar en nosotros el gozo pascual. Lo haremos ahora con la oración del Regina Coeli, que durante el tiempo pascual sustituye la oración del Ángelus. En esta oración, marcada por el Aleluya, nos dirigimos a María invitándola a alegrarse, porque a quien llevó en su vientre ha resucitado como había prometido, y nos encomendamos a su intercesión. En realidad, nuestra alegría es un reflejo de la alegría de María, porque es Ella que ha cuidado y conserva con fe los eventos de Jesús. Recitamos pues esta oración con los sentimientos de hijos que son felices porque su Madre es feliz.
Resurrección de Cristo trae una alegría "profunda y auténtica”. Añadió que cuando los cristianos  "se encierran en el egoísmo”, están buscando "entre los muertos al que está vivo”.

RESUMEN DE LA CATEQUESIS DEL PAPA

Queridos hermanos y hermanas:

En estos días celebramos con alegría el gran misterio de la resurrección de Cristo. Se trata de una alegría auténtica, profunda, que se basa en la certeza de que Cristo resucitado ya no muere más, sino que vive y actúa en la Iglesia y en el mundo. No es fácil aceptar la presencia del resucitado en medio de nosotros. 

La pregunta que el ángel dirigió a las mujeres, aquella mañana de Pascua: "¿Por qué buscan entre los muertos al que vive?”, nos debe interrogar también a nosotros. Buscamos entre los muertos al que vive cada vez que nos encerramos en el egoísmo o en la autocomplacencia, cuando nos dejamos seducir por el poder y las cosas de este mundo, olvidando a Dios y al prójimo, cuando ponemos nuestra esperanza en vanidades mundanas, en el dinero o el éxito; cada vez que perdemos la esperanza o no tenemos fuerzas para rezar, cada vez que nos sentimos solos o abandonados de los amigos, e incluso de Dios, cada vez que nos sentimos prisioneros de nuestros pecados. 

La advertencia del ángel nos ayudará a salir de nuestras tristezas y a abrirnos a la alegría y a la esperanza. La esperanza que remueve las piedras de los sepulcros y nos empuja a anunciar la Buena Nueva a los demás. 

Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, en particular a los grupos venidos de España, México, Costa Rica, Colombia, Ururuguay y Argentina y otros países latinoamericanos. Que en este tiempo de Pascua abramos nuestra vida al encuentro con Cristo resucitado y vivo, el único que puede dar verdadera esperanza.

(Castellano)
Queridos diocesanos:
“He resucitado y siempre estoy contigo; tú has puesto sobre mí tu mano”. La liturgia considera que estas fueron las palabras que el Hijo dirigió al Padre después de su resurrección, después de volver de la noche de la muerte al día eterno de la Vida. Cristo ha pasado de la muerte a la vida, camina delante de nosotros y nos llama a seguirlo. “¿Buscáis a Jesús el Nazareno, el crucificado? No está aquí, ha resucitado” (Mc 16, 6).
La resurrección de Cristo “ha consistido en un romper las cadenas para ir hacia un tipo de vida totalmente nuevo, a una vida que ya no está sujeta a la ley del devenir y de la muerte, sino que está más allá de eso, una vida que ha inaugurado una nueva dimensión de ser hombre”. Nosotros por el bautismo “fuimos sepultados en la muerte para que con El, resucitado de entre los muertos por la gloria del Padre, así también vivamos nosotros una vida nueva” (Rom 6,4). Nuestra conciencia de bautizados nos compromete a renunciar a todo aquello que se oponga a la santidad cristiana. A la orla del nuevo vestido del Resucitado nos agarramos, sabiendo que también él nos sostiene firmemente cuando nuestras manos se debilitan. Aceptemos que Jesús Resucitado entre en nuestra vida. No busquemos en nuestras amarguras donde está la muerte a Aquel que vive.
“Cristo resucitado es Luz que ilumina los rincones de nuestra historia y de nuestra vida personal para hacernos pasar de las tinieblas del pecado y de la muerte a la luz de la gracia y de la vida”. Seamos cristianos que caminen en la Luz, que amen la luz, que se dejen iluminar por la luz de Cristo y transmitan esa Luz a todos los rincones de su vida con las palabras y el testimonio honesto y justo, sabiendo que hemos sido marcados con la cruz santificadora y salvadora de Cristo y con el óleo perfumado del bautismo y el crisma de la confirmación. Seamos espejos de la Luz de Cristo, hombres nuevos que tienen rostro de resucitados, alimentados con el Pan de la Eucaristía.
Dejemos las formas paganas de vida y vivamos en caridad nuestra condición de hijos de Dios. "Despojaos de la vieja levadura para ser una nueva masa" (1Cor 5, 7). “No temáis”, “Alegraos”, “Id y anunciad”. Dios es fiel, y su amor es más fuerte que la misma muerte. Alegraos porque Jesús está aquí, en medio de nosotros, resucitado y resucitándonos. Anunciad a todos que Cristo ha resucitado y que se manifiesta allí donde nos amamos y vivimos la fraternidad, teniendo sed del Dios vivo.
¡Felices Pascuas de Resurrección del Señor!

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela



(Gallego)
Queridos diocesanos:
“Resucitei e estou sempre contigo. Puxeches sobre min a túa man”. A liturxia considera que estas foron as palabras que o Fillo dirixiu ao Pai despois da súa resurrección, despois de volver da noite da morte o día eterno da Vida. Cristo pasou da morte á vida, camiña diante de nós e chámanos a seguilo. “Buscades a Xesús Nazareno, o crucificado. Non está aquí, resucitou” (Mc 16,6).
A resurrección de Cristo “consistiu nun romper as cadeas para ir cara a un tipo de vida totalmente novo, a unha vida que xa non está suxeita á lei do devir e da morte, senón que está máis alá diso, unha vida que inaugurou unha nova dimensión de ser home”. Nós polo bautismo “enterrámonos para a morte, para que, como Cristo foi resucitado dos mortos pola gloria do Pai, así tamén vivamos nós camiñemos nunha vida nova” (Rom 6, 4). A nosa conciencia de bautizados comprométenos a renunciar a todo aquilo que se opoña á santidade cristiá. Á orla do novo vestido do Resucitado agarrámonos, sabendo que tamén el nos sostén firmemente cando as nosas mans se debilitan. Aceptemos que Xesús Resucitado entre na nosa vida. Non busquemos nas nosas amarguras onde está a morte a Aquel que vive.
“Cristo resucitado é Luz que ilumina os cantos da nosa historia e da nosa vida persoal para facernos pasar das tebras do pecado e da morte á luz da graza e da vida”. Sexamos cristiáns que camiñen na Luz, que amen a luz, que se deixen iluminar pola luz de Cristo e transmitan esa Luz a todos os cantos da súa vida coas palabras e o testemuño honesto e xusto, sabendo que fomos marcados coa cruz santificadora e salvadora de Cristo e co óleo perfumado do bautismo e o crisma da confirmación. Sexamos espellos da Luz de Cristo, homes novos que teñen rostro de resucitados, alimentados co Pan da Eucaristía.
Deixemos as formas pagás de vida e vivamos en caridade nosa condición de fillos de Deus. “Purificádevos do vello fermento, para serdes unha masa nova“ (1Cor 5,7). “Non teñades medo”, “Alegrádevos”, “Ide avisar”. Deus é fiel, e o seu amor é máis forte que a mesma morte. Alegrádevos porque Xesús está aquí, en medio de nós, resucitado e resucitándonos. Anunciade a todos que Cristo resucitou e que se manifesta alí onde nos amamos e vivimos a fraternidade, tendo sede do Deus vivo.
Felices Pascuas de Resurrección do Señor!

+ Julián Barrio Barrio,
Arcebispo de Santiago de Compostela
En sus palabras previas al rezo del Regina Coeli en el Lunes del Ángel, el Papa Francisco llamó a los católicos reunidos en la Plaza de San Pedro a hacer que la Resurrección de Cristo se irradie en la vida diaria, no como “un maquillaje”, sino partiendo “de un corazón inmerso en la fuente de esta alegría”.

A continuación las palabras del Papa gracias a la traducción de Radio Vaticana:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días! ¡Felices Pascuas! “Cristòs anèsti! – Alethòs anèsti!”, “¡Cristo ha resucitado! – ¡Verdaderamente ha resucitado!” ¡Está entre nosotros aquí!, en la plaza. En esta semana podemos seguir intercambiándonos la felicitación pascual, como si fuera un único día. Es el gran día que hizo el Señor.

El sentimiento dominante que transluce de los relatos evangélicos de la Resurrección es la alegría llena de estupor; pero un estupor grande, pero la alegría que viene desde adentro; y en la Liturgia nosotros revivimos el estado de ánimo de los discípulos por la noticia que las mujeres habían dado: ¡Jesús ha resucitado! Nosotros lo hemos visto.

Dejemos que esta experiencia, impresa en el Evangelio, se imprima también en nuestros corazones y se vea en nuestra vida. Dejemos que el estupor gozoso del Domingo de Pascua se irradie en los pensamientos, en las miradas, en las actitudes, en los gestos y en las palabras… ojalá seamos así luminosos. ¡Pero esto no es un maquillaje! Viene desde dentro, de un corazón inmerso en la fuente de esta alegría, como el de María Magdalena, que lloró por la pérdida de su Señor y no creía a sus ojos viéndolo resucitado.

Quien hace esta experiencia se convierte en testigo de la Resurrección, porque en cierto sentido ha resucitado él mismo, ha resucitado ella misma. Entonces es capaz de llevar un “rayo” de la luz del Resucitado en las diversas situaciones: en las felices, haciéndolas más bellas y preservándolas del egoísmo; y en las dolorosas, llevando serenidad y esperanza.

En esta semana, nos hará bien tomar el libro del Evangelio y leer aquellos capítulos que hablan de la resurrección de Jesús; nos hará tanto bien tomar el libro y buscar los capítulos y leer aquello.

También nos hará bien, esta semana, pensar en la alegría de María, la Madre de Jesús. Así como su dolor fue tan íntimo, tanto que le traspasó su alma, del mismo modo su alegría fue íntima y profunda, y de ella los discípulos podían tomar. Habiendo pasado, a través de la experiencia de la muerte y de la resurrección de su Hijo, viste, en la fe, como la expresión suprema del amor de Dios, y el corazón de María se ha convertido en una fuente de paz, de consuelo, de esperanza y de misericordia.

Todas las prerrogativas de nuestra Madre derivan de aquí, de su participación en la Pascua de Jesús. Desde la mañana del viernes hasta la mañana del domingo, Ella no perdió la esperanza: la hemos contemplado como Madre de los dolores, pero, al mismo tiempo, como Madre llena de esperanza. Ella, la Madre de todos los discípulos, la Madre de la Iglesia y Madre de esperanza.

A Ella, testigo silencioso de la muerte y de la resurrección de Jesús, le pedimos que nos introduzca en la alegría pascual. Lo haremos con el rezo del Regina Coeli, que en el tiempo pascual sustituye la oración del Ángelus.

Después de rezar a la Madre de Dios, el Papa Francisco saludó a los presentes diciendo:

Dirijo un saludo cordial a todos ustedes, querido peregrinos venidos de Italia y de diversos países para participar en este encuentro de oración.

Acuérdense esta semana de tomar el Evangelio y buscar los capítulos en donde se habla de la resurrección de Jesús y de leer cada día un fragmento de aquellos capítulos. Nos hará bien en esta semana de la resurrección de Jesús.

A cada uno formulo el deseo de transcurrir en la alegría y en la serenidad este Lunes del Ángel, en el que se prolonga la alegría de la Resurrección de Cristo.

¡Feliz y santa Pascua a todos, buen almuerzo y hasta pronto!
Queridos hermanos y hermanas, Feliz y santa Pascua.

El anuncio del ángel a las mujeres resuena en la Iglesia esparcida por todo el mundo: « Vosotras no temáis, ya sé que buscáis a Jesús el crucificado. No está aquí. Ha resucitado… Venid a ver el sitio donde lo pusieron» ( Mt 28,5-6).

Esta es la culminación del Evangelio, es la Buena Noticia por excelencia: Jesús, el crucificado, ha resucitado. Este acontecimiento es la base de nuestra fe y de nuestra esperanza: si Cristo no hubiera resucitado, el cristianismo perdería su valor; toda la misión de la Iglesia se quedaría sin brío, pues desde aquí ha comenzado y desde aquí reemprende siempre de nuevo. El mensaje que los cristianos llevan al mundo es este: Jesús, el Amor encarnado, murió en la cruz por nuestros pecados, pero Dios Padre lo resucitó y lo ha constituido Señor de la vida y de la muerte. En Jesús, el Amor ha vencido al odio, la misericordia al pecado, el bien al mal, la verdad a la mentira, la vida a la muerte.

Por esto decimos a todos: «Venid y veréis». En toda situación humana, marcada por la fragilidad, el pecado y la muerte, la Buena Nueva no es sólo una palabra, sino un testimonio de amor gratuito y fiel: es un salir de sí mismo para ir al encuentro del otro, estar al lado de los heridos por la vida, compartir con quien carece de lo necesario, permanecer junto al enfermo, al anciano, al excluido… « Venid y veréis»: El amor es más fuerte, el amor da vida, el amor hace florecer la esperanza en el desierto.

Con esta gozosa certeza, nos dirigimos hoy a ti, Señor resucitado.

Ayúdanos a buscarte para que todos podamos encontrarte, saber que tenemos un Padre y no nos sentimos huérfanos; que podemos amarte y adorarte.

Ayúdanos a derrotar el flagelo del hambre, agravada por los conflictos y los inmensos derroches de los que a menudo somos cómplices.

Haznos disponibles para proteger a los indefensos, especialmente a los niños, a las mujeres y a los ancianos, a veces sometidos a la explotación y al abandono.

Haz que podamos curar a los hermanos afectados por la epidemia de Ébola en Guinea Conakry, Sierra Leona y Liberia, y a aquellos que padecen tantas otras enfermedades, que también se difunden a causa de la incuria y de la extrema pobreza.

Consuela a todos los que hoy no pueden celebrar la Pascua con sus seres queridos, por haber sido injustamente arrancados de su afecto, como tantas personas, sacerdotes y laicos, secuestradas en diferentes partes del mundo.

Conforta a quienes han dejado su propia tierra para emigrar a lugares donde poder esperar en un futuro mejor, vivir su vida con dignidad y, muchas veces, profesar libremente su fe.

Te rogamos, Jesús glorioso, que cesen todas las guerras, toda hostilidad pequeña o grande, antigua o reciente.

Te pedimos por Siria: la amada Siria, que cuantos sufren las consecuencias del conflicto puedan recibir la ayuda humanitaria necesaria; que las partes en causa dejen de usar la fuerza para sembrar muerte, sobre todo entre la población inerme, y tengan la audacia de negociar la paz, tan anhelada desde hace tanto tiempo.

Jesús glorioso, te rogamos que consueles a las víctimas de la violencia fratricida en Irak y sostengas las esperanzas que suscitan la reanudación de las negociaciones entre israelíes y palestinos.

Te invocamos para que se ponga fin a los enfrentamientos en la República Centroafricana, se detengan los atroces ataques terroristas en algunas partes de Nigeria y la violencia en Sudán del Sur.

Y te pedimos por Venezuela, para que los ánimos se encaminen hacia la reconciliación y la concordia fraterna.

Que por tu resurrección, que este año celebramos junto con las iglesias que siguen el calendario juliano, te pedimos que ilumines e inspires iniciativas de paz en Ucrania, para que todas las partes implicadas, apoyadas por la Comunidad internacional, lleven a cabo todo esfuerzo para impedir la violencia y construir, con un espíritu de unidad y diálogo, el futuro del País. Que como hermanos puedan hoy cantar Хрhctос Воскрес.

Te rogamos, Señor, por todos los pueblos de la Tierra: Tú, que has vencido a la muerte, concédenos tu vida, danos tu paz. Queridos hermanos y hermanas, feliz Pascua.

Saludo

Queridos hermanos y hermanas:

Renuevo mi felicitación pascual a todos los que, llegados desde todas las partes del mundo, os habéis reunido en esta Plaza. Hago extensiva esta felicitación pascual a cuantos se unen a nosotros a través de los medios de comunicación social. Llevad a vuestras familias y a vuestras comunidades la alegre noticia de que Cristo nuestra paz y nuestra esperanza ha resucitado.

Gracias por vuestra presencia, por vuestra oración y por vuestro testimonio de fe. Un recuerdo particular y agradecido por el regalo de las bellísimas flores, que vienen de Holanda. Buena Pascua a todos.
¡Felices Pascuas de Resurrección del Señor!
Salid a las calles de la existencia anunciando que Cristo ha resucitado. En Él todo tiene consistencia. Nuestra vida con sus alegrías y sus sufrimientos, con sus esperanzas y sus temores está con Cristo escondida en Dios, pero se manifestará juntamente con él en gloria y plenitud. Esta conciencia nos lleva a comprometernos en las tareas terrenales sin permanecer atados a ellas y aspirando a los bienes del cielo. Tenemos que revestirnos de la fe y de la gracia, acoger la levadura del amor, y reafirmar la dimensión trascendente de nuestra existencia.

La Pascua es liberación. Cristo fue el primero en ser liberado radicalmente de toda forma de servidumbre a la muerte. El sepulcro sellado no pudo resistir las infinitas exigencias de vida. Esta fe anima nuestra entrega servicial a los demás en la lucha contra la cultura de la muerte cuyos hilos son el odio y la violencia, las guerras y el hambre, el aborto y la eutanasia, la injusticia y la explotación de la persona, la corrupción y la avaricia. Marginar a Dios en nuestra vida es dejar sin garantías la dignidad de la persona humana.
La resurrección de Cristo revela que podemos amar más allá de la muerte y comprometernos con las opciones de vida que están de acuerdo con nuestra fe aunque seamos “signos de contradicción”. Vivir el cristianismo es proporcionar alegría al mundo y acoger el misterio del amor de Cristo que ha muerto y resucitado por nosotros. 

Podemos cambiar nuestra sociedad. Todo es posible al que cree que la vida ha vencido a la muerte, el amor al odio, la verdad a la mentira, el bien al mal. Estas claves hemos de tenerlas muy presentes para construir un nuevo estilo de vida en la que la resurrección de Cristo nos impulse a tomar conciencia de nuestra dignidad que ha de ser el referente para nuestras actuaciones en el campo social, cultural, económico y religioso. 

La tristeza, la desesperanza y el desamor no deben tener cabida en nuestra convivencia en la que la sencillez del corazón y la espiritualidad han de ser el factor dinamizador de nuestra felicidad. Somos felices no por lo que queremos tener sino por lo que Dios nos da.
¡Felices Pascuas de Resurrección!

+ Julián Barrio Barrio,
Arzobispo de Santiago de Compostela

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