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“Mucho se ha hablado y escrito estos días sobre las dos grandes figuras de Juan XXIII y Juan Pablo II, de sus diversos estilos (y el estilo es el hombre), de su modo de interpretar el ministerio petrino, de su aportación a la vida de la Iglesia, de su influencia en la historia del mundo”, recordó este miércoles el arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, en la Misa de Acción de Gracias celebrada en la Catedral por las canonizaciones de estos dos pontífices. Y añadió: “Poco más que añadir a la mole de palabras sino subrayar que fueron peregrinos a la Tumba del Apóstol Santiago. Un elemento común a los dos grandes pontífices fue el “estilo pastoral” a través del cual testimoniaron cómo Cristo muerto y resucitado, por nosotros los hombres y por nuestra salvación, sale al encuentro de toda persona que no se cierra deliberadamente ante su invitación”. Era una homilía llena de reconocimiento a las personas de estos dos papas y un recordatorio de que la santidad consiste en “dejarse hacer” por el Espíritu Santo. 

“Para que Dios pueda hacer grandes cosas en nosotros”, explicaba monseñor Barrio, “es necesario que le ofrezcamos el pretexto de la  humildad. Somos barro pero lo importante es poner ese barro en las manos de Dios para dejarnos modelar por Él, siendo dóciles a su Espíritu. Todo ello por fidelidad al Evangelio en el que hemos creído, en el que estamos fundados y que nos salva; de lo contrario malograríamos nuestra fe”.

En la Eucaristía también estuvo presente el obispo auxiliar, monseñor Jesús Fernández González, así como numerosos sacerdotes y fieles. Monseñor Barrio, quien había estado presente en la ceremonia de canonización en Roma, dijo de Juan XXIII y de Juan Pablo II que “sus vidas apuntaron siempre hacia Dios con su constancia, su bondad, su talante pastoral, su sabiduría aplicada a la fe, su testimonio hasta dar la vida… Se recoge también el sentir del pueblo de Dios, que reconoce en esas vidas algo que merece la pena, no acomodándose a este mundo sino dejándose transformar por la nueva mentalidad”.

El próximo miércoles día 7 de mayo se celebrará en la Catedral de Santiago de Compostela una Misa de Acción de Gracias por las canonizaciones de los papas Juan XXIII y Juan Pablo II. La Eucaristía dará comienzo a las 19:30 horas y será presidida por el arzobispo de Compostela, don Julián Barrio.

Se han publicado cientos de libros sobre Juan Pablo II y su pontificado, uno de los más largos de la historia. Sin embargo muy pocos han sido escritos para niños. "La vida de Juan Pablo II” intenta cubrir ese hueco.

FRANK ZAMMIT
Autor "La vida de Juan Pablo II”
"Es una historia de amor. Una historia de amor entre Juan Pablo II y la humanidad”.

El libro divide la vida de Juan Pablo II en 33 etapas, desde su nacimiento hasta su canonización. Narra algunos de los momentos más difíciles de su vida como la muerte de su madre o cuando intentaron asesinarle. Sin embargo el tema central es transmitir el legado que Juan Pablo II deja tras de sí.

RAY BEZZINA
Editorial Kite Publishing (Malta)
"Tiene un mensaje de amor y perdón dirigido a los niños de una forma fácil de entender”.

El libro se recomienda a niños de entre 8 y 10 años. Son personas que han nacido después de que Juan Pablo II falleciera.

RAY BEZZINA
Editorial Kite Publishing (Malta)
"Sería una pena que para transmitir el mensaje de Juan Pablo II no se hubieran utilizado todos los medios para transmitirlo de generación en generación”.

En línea con otras historias del Papa, el libro también incluye una introducción y reflexiones de algunos de sus más estrechos colaboradores como su secretario Alfred Xuereb.

RAY BEZZINA
Editorial Kite Publishing (Malta)
"Quise pasar el mensaje a los niños no sólo desde mi punto de vista sino también a través de los colaboradores que trabajaron codo con codo con el Papa”.

El libro ha sido publicado en maltés y en inglés y ya se está preparando su edición en otros idiomas y a precio accesible.

CANONIZACIÓN DE JUAN PABLO II y JUAN XXIII


El Papa Francisco declaró a Juan XXIII y Juan Pablo II santos de la Iglesia católica.

El cardenal Angelo Amato le presentó el decreto para elevar a los dos Papas a los altares. Francisco dio su aprobación con una breve fórmula.

Después, familiares de Juan XXIII y la mujer curada por intercesión de Juan Pablo II, Foribeth Mora, presentaron las reliquias de cada Papa.

FÓRMULA DE CANONIZACIÓN

En honor a la Santísima Trinidad, para exaltación de la fe católica y crecimiento de la vida cristiana, con la autoridad de nuestro Señor Jesucristo, de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo y la Nuestra, después de haber reflexionado largamente, invocando muchas veces la ayuda divina y oído el parecer de numerosos hermanos en el episcopado, declaramos y definimos Santos a los Beatos Juan XXIII y Juan Pablo II y los inscribimos en el Catálogo de los Santos, y establecemos que en toda la Iglesia  sean devotamente honrados entre los Santos. En el nombre del Padre y del Hijo
Y del Espíritu Santo. Amén


Papa Francisco en la homilía de Canonización:

Las llagas de Jesús son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: «Sus heridas nos han curado» (1 P 2,24; cf. Is 53,5).

San Juan XXIII y San Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano (cf. Is 58,7), porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresía del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.

Papa Francisco en la homilía de Canonización:

No olvidemos que son precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la Iglesia. En la convocatoria del Concilio, San Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un guía-guiado. Éste fue su gran servicio a la Iglesia; fue el Papa de la docilidad al Espíritu.


En una ceremonia sin precedentes en la historia de la Iglesia, el Papa Francisco declaró santos a San Juan Pablo II y San Juan XXIII durante una Misa concelebrada por más de mil pastores entre cardenales, obispos y sacerdotes, incluyendo al Pontífice Emérito Benedicto XVI.

Texto completo de la homilía que pronunció el Papa Francisco:

“En el centro de este domingo, con el que se termina la octava de pascua, y que San Juan Pablo II quiso dedicar a la Divina Misericordia, están las llagas gloriosas de Cristo resucitado.

Él ya las enseñó la primera vez que se apareció a los apóstoles la misma tarde del primer día de la semana, el día de la resurrección. Pero Tomás aquella tarde no estaba; y, cuando los demás le dijeron que habían visto al Señor, respondió que, mientras no viera y tocara aquellas llagas, no lo creería. Ocho días después, Jesús se apareció de nuevo en el cenáculo, en medio de los discípulos, y Tomás también estaba; se dirigió a él y lo invitó a tocar sus llagas. Y entonces, aquel hombre sincero, aquel hombre acostumbrado a comprobar personalmente las cosas, se arrodilló delante de Jesús y dijo: «Señor mío y Dios mío» (Jn 20,28).

Las llagas de Jesús son un escándalo para la fe, pero son también la comprobación de la fe. Por eso, en el cuerpo de Cristo resucitado las llagas no desaparecen, permanecen, porque aquellas llagas son el signo permanente del amor de Dios por nosotros, y son indispensables para creer en Dios. No para creer que Dios existe, sino para creer que Dios es amor, misericordia, fidelidad. San Pedro, citando a Isaías, escribe a los cristianos: «Sus heridas nos han curado» (1 P 2,24; cf. Is 53,5).

San Juan XXIII y San Juan Pablo II tuvieron el valor de mirar las heridas de Jesús, de tocar sus manos llagadas y su costado traspasado. No se avergonzaron de la carne de Cristo, no se escandalizaron de él, de su cruz; no se avergonzaron de la carne del hermano (cf. Is 58,7), porque en cada persona que sufría veían a Jesús. Fueron dos hombres valerosos, llenos de la parresía del Espíritu Santo, y dieron testimonio ante la Iglesia y el mundo de la bondad de Dios, de su misericordia.

Fueron sacerdotes, obispos y papas del siglo XX. Conocieron sus tragedias, pero no se abrumaron. En ellos, Dios fue más fuerte; fue más fuerte la fe en Jesucristo Redentor del hombre y Señor de la historia; en ellos fue más fuerte la misericordia de Dios que se manifiesta en estas cinco llagas; más fuerte la cercanía materna de María.

En estos dos hombres contemplativos de las llagas de Cristo y testigos de su misericordia había «una esperanza viva», junto a un «gozo inefable y radiante» (1 P 1,3.8). La esperanza y el gozo que Cristo resucitado da a sus discípulos, y de los que nada ni nadie les podrá privar. La esperanza y el gozo pascual, purificados en el crisol de la humillación, del vaciamiento, de la cercanía a los pecadores hasta el extremo, hasta la náusea a causa de la amargura de aquel cáliz. Ésta es la esperanza y el gozo que los dos papas santos recibieron como un don del Señor resucitado, y que a su vez dieron abundantemente al Pueblo de Dios, recibiendo de él un reconocimiento eterno.

Esta esperanza y esta alegría se respiraban en la primera comunidad de los creyentes, en Jerusalén, como se nos narra en los Hechos de los Apóstoles (cf. 2,42-47). Es una comunidad en la que se vive la esencia del Evangelio, esto es, el amor, la misericordia, con simplicidad y fraternidad.

Y ésta es la imagen de la Iglesia que el Concilio Vaticano II tuvo ante sí. Juan XXIII y Juan Pablo II colaboraron con el Espíritu Santo para restaurar y actualizar la Iglesia según su fisonomía originaria, la fisonomía que le dieron los santos a lo largo de los siglos. 

No olvidemos que son precisamente los santos quienes llevan adelante y hacen crecer la Iglesia. En la convocatoria del Concilio, San Juan XXIII demostró una delicada docilidad al Espíritu Santo, se dejó conducir y fue para la Iglesia un pastor, un guía-guiado. Éste fue su gran servicio a la Iglesia; fue el Papa de la docilidad al Espíritu.

En este servicio al Pueblo de Dios, San Juan Pablo II fue el Papa de la familia. Él mismo, una vez, dijo que así le habría gustado ser recordado, como el Papa de la familia. Me gusta subrayarlo ahora que estamos viviendo un camino sinodal sobre la familia y con las familias, un camino que él, desde el Cielo, ciertamente acompaña y sostiene.

Que estos dos nuevos santos pastores del Pueblo de Dios intercedan por la Iglesia, para que, durante estos dos años de camino sinodal, sea dócil al Espíritu Santo en el servicio pastoral a la familia. Que ambos nos enseñen a no escandalizarnos de las llagas de Cristo, a adentrarnos en el misterio de la misericordia divina que siempre espera, siempre perdona, porque siempre ama”.

Desde el Vaticano en directo: "Canonización Juan XXIII y Juan Pablo II"


Durante la última noche antes de la canonización miles de peregrinos están acudiendo a las iglesias del centro de Roma. Allí se han organizado vigilias de oración en varios idiomas para preparar la canonización de Juan XXIII y Juan Pablo II. 

Al menos once iglesias permanecerán abiertas toda la noche con sacerdotes confesando. 

Los peregrinos deberán madrugar para conseguir buenos sitios en la plaza de San Pedro durante la ceremonia de mañana.

Cuando Juan Pablo II y Juan XXIII sean proclamados santos los católicos podrán, por primera vez, rezar una oración para pedirles su intercesión como santos.

La oración de San Juan XXIII hace un llamamiento universal a la paz. En la ceremonia se dirá en chino y en ella se pide a Dios ayuda para que los responsables de las naciones, en sus pensamientos y decisiones, renuncien a cualquier escalada de odio y violencia.

La oración a San Juan Pablo II apela a los ámbitos sociales, culturales, científicos y a los líderes políticos para que reconozcan la dignidad humana. En la canonización se dirá en francés y pide que a cada persona se le otorgue la dignidad de Jesús vivo y resucitado.

El padre Manuel Dorantes, portavoz de la oficina de prensa de la Santa Sede en lengua española, se emocionó mientras traducía las palabras del cardenal Loris Capovilla que fue secretario de Juan XXIII.

El cardenal Capovilla hablaba del momento en el que, desde su lecho de muerte, Juan XXIII pidió la paz en la Tierra y el amor fraterno.

Juan Pablo II y Juan XXIII ya han llegado a la Plaza de San Pedro: sus tapices cuelgan de la fachada de la basílica desde esta mañana. Son los mismos que se utilizaron en sus beatificaciones. Con ellos, el Vaticano ultima los detalles de la histórica canonización de los dos Papas.



El cardenal francés Paul Poupard trabajó con Juan XXIII y con Juan Pablo II. En esta misma sala, compartió almuerzo y tertulia con el entonces cardenal Wojtyla. Una vez elegido Papa, Juan Pablo II le encargó el recién creado Pontificio Consejo de la Cultura. Del Papa que vino de Polonia le impresionó su forma de rezar.

CARD. PAUL POUPARD
Presidente emérito, Pontificio Consejo de la Cultura
"Es impresionante pensar que he tenido este privilegio con Juan Pablo II durante más de un cuarto de siglo, de haber tenido estas conversaciones, de participar en su empuje apostólico, de concelebrar... Y tengo que confesar que, de mi parte, no he dudado nunca de su santidad. Él respiraba oración, su dedicación era total, era como si fuese su modo natural de ser”.

Años antes el cardenal había sido testigo de un acontecimiento histórico, el Concilio Vaticano II. Como oficial de la Secretaría de Estado, tuvo la oportunidad de colaborar con Juan XXIII. El Papa bueno se lo pidió personalmente.

CARD. PAUL POUPARD
Presidente emérito, Pontificio Consejo de la Cultura
"Cuando entré a la biblioteca privada del Papa me esperaba y me dijo: '¡Querido hijo! Eres un joven sacerdote, yo soy un anciano Papa, ¿tú quieres servir a la Iglesia?' Sí, Santo Padre. '¿Si el anciano Papa te pide ayuda, tu te negarás?'”.

Se siente muy agradecido por haber trabajado con estos dos Papas y asegura que él siempre les consideró santos. Al poco tiempo de fallecer Juan XXIII, pudo comprobar que esa percepción no era sólo suya.

CARD. PAUL POUPARD
Presidente emérito, Pontificio Consejo de la Cultura
"Recuerdo mi primera entrevista en televisión. El taxista que me llevaba a la RAI, porque yo salía de la Secretaría de Estado, me dijo: 'Papa Juan, Papa bueno, Papa santo', desde el primer momento. Y esto también ha sucedido con Juan Pablo II. La gente nunca ha dudado de la santidad ni del uno ni del otro”.

Estar junto a dos gigantes de la fe le ha dejado una profunda huella. El cardenal Poupard bromea diciendo que seguro que un poco de santidad se le debe haber pegado.

Para la historia de la Iglesia, Juan XXIII fue un revolucionario. Sin embargo, para la gente común fue un hombre atento a cada persona.

Angelo Roncalli era el tercero de 13 hermanos. Nació en un pueblo en el norte de Italia en 1881. Entró en el seminario menor a los 12 años y a los 20 se fue a Roma para ser sacerdote. En una carta explicó a sus padres esta decisión.

MONS. BATTISTA ANGELO PANSA
Historiador de Juan XXIII
"No me hago sacerdote por dinero u honores, ni para encontrar comodidad o placeres. Lo hago sólo por hacer el bien a la gente necesitada”.

Una vez terminados sus estudios, Angelo Roncalli volvió a su diócesis, a Bérgamo. Trabajó para el obispo Giacomo Tedeschi, que le influyó mucho en su vida por su dedicación a las clases trabajadoras.

En 1921 el Papa le nombró Delegado apostólico en Bulgaria: Allí, el contacto con las otras confesiones cristianas hizo que años después, como Papa, impulsara con fuerza el ecumenismo.

MONS. BATTISTA ANGELO PANSA
Historiador de Juan XXIII
"Inicia el Concilio Vaticano II con el discurso 'Gaudet Mater Ecclesia', La Madre Iglesia se alegra. Es el primer concilio después del de Jerusalén que  no nace con un objetivo concreto”.

Como Papa intentó que nadie quedara excluido de la Iglesia, especialmente la gente común. No era raro que saliera del Vaticano para fiestas como la Navidad.

MONS. BATTISTA ANGELO PANSA
Historiador de Juan XXIII
"De improviso, por la tarde, bajaba del Vaticano, visitaba el hospital del Santo Espíritu, aquí al lado, o el hospital pediátrico del Bambino Gesù. Dice él mismo: 'Los niños me han confundido con Papá Noel porque iba de rojo'. Y al día siguiente, el 26, está con los encarcelados de la prisión Regina Coeli. Les dijo que como ellos no podían visitarlo él se decidió a hacerlo”.

El cariño entre Juan XXIII y la gente era mutuo. El 3 de junio de 1963, durante su agonía, miles de peregrinos de toda clase y condición social fueron a la plaza de San Pedro para dar su último adiós al 'Papa bueno'.

El arzobispo compostelano asegura que se trata de un “acontecimiento singular” y destaca la importancia de sus figuras en la reciente historia de la Iglesia

El arzobispo de Santiago de Compostela, monseñor Julián Barrio, asiste este domingo en Roma a las canonizaciones de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II, una ceremonia que presidirá el Papa Francisco y en la que también estará presente el pontífice emérito Benedicto XVI. En su comentario semanal de los viernes en la Cadena COPE, el arzobispo compostelano señala que “este fin de semana Roma acogerá un verdadero acontecimiento singular en la vida de la Iglesia. La canonización de los Papas Juan XXIII y Juan Pablo II el Domingo de la Misericordia es, sin duda, un don providencial. Estos dos pontífices fueron verdaderas “piedras miliares” en la reciente historia de la Iglesia y proyectaron al mundo, en sus respectivos pontificados, la imagen de una comunidad de los creyentes siempre renovada y siempre fiel a Cristo resucitado, Camino, Verdad y Vida”.

Monseñor Barrio explica, además, que “como pastor de esta diócesis de Santiago participaré en este acontecimiento de la Iglesia universal. Es una ocasión más para reforzar los vínculos de unidad en la caridad y de comunión con el Sucesor de Pedro. Asistir a la canonización de Juan XXIII y de Juan Pablo II es una manifestación de la cercanía de nuestra Iglesia local a la Sede de Pedro y un agradecimiento cordial a todo cuanto hicieron estos dos amados Papas por la difusión del fenómeno de la peregrinación a Compostela como imagen de la vida del cristiano siempre en camino hacia la ciudadanía de los santos”.

“La Iglesia”, asegura monseñor Barrio, “nos los propone como ejemplos o como modelo pensando que sus vidas  se orientaron siempre a Dios, aplicando su sabiduría a la fe”. 
Fue el 11 de octubre de 1962. Había comenzado uno de los hechos que marcaron la Historia de la Iglesia en el siglo XX: el Concilio Vaticano II. 
Cuando Juan XXIII vio la muchedumbre que se había formado en la plaza, improvisó un discurso memorable: el "Discurso de la Luna”. 
Hijos míos, escucho vuestras voces. La mía es una sola voz pero resume la voz del mundo entero. Aquí todo el mundo está representado. Puede decirse que hasta la luna se ha asomado esta noche.

GIOVANNI MARIA VIAN
Director, L'Osservatore Romano
"Y dice: También la luna se ha asomado para saludarnos. Volved a vuestras casas y dad una caricia a los niños, a los ancianos, a quien sufre, que es la caricia del Papa. Yo me acuerdo perfectamente, yo estaba en esa plaza, en la plaza de San Pedro”.

ALEXANDRA VON TEUFFENBACH
Autora "Johanes XXIII. Begegnen”
"Pero lo dijo con una gran ternura, de un modo que en aquella época no era conocido. FLASH Fue tan sencillo y le salió de tan dentro del corazón, que conmovió”.

El Discurso de la Luna retrató el carácter de Juan XXIII. Un hombre al que tradicionalmente se le conoce como 'Papa bueno'.

ALEXANDRA VON TEUFFENBACH
Autora "Johanes XXIII. Begegnen” 
"Ya por las formas era simpático. Tenía una sonrisa acogedora, incluso para los periodistas, a quienes recibió inmediatamente. Este modo de ser lo hizo 'bueno' a ojos del mundo”.

GIOVANNI MARIA VIAN
Director, L'Osservatore Romano
"Y me acuerdo de la muerte, otra vez en la plaza de San Pedro, como la muerte de un patriarca. Como se moría hace algunos años, circundados por el afecto de los familiares. Y los familiares, para Juan XXIII, era el mundo”.

Juan XXIII pasará a la historia por ser el Papa que puso en marcha el Concilio Vaticano II. Un proyecto destinado a marcar el rumbo de la Iglesia en el mundo en vísperas de un período
convulso; la Revolución del 68.

Juan XXIII se ganó rápidamente el sobrenombre de "Papa bueno”. Así lo percibían los cristianos de a pie y las personas que lo trataron de cerca. Junto a las grandes empresas, como el Concilio Vaticano II, llevó a cabo sencillos gestos que perduran y que también han cambiado la Iglesia.

TRADICIONES PARA LA HISTORIA
Cambios sencillos pero de calado, como el rezo público del Ángelus los domingos. El Papa bueno instauró esta tradición de rezar desde la ventana del Palacio Apostólico y dedicar una pequeña catequesis a los peregrinos.

CERCA DE LAS PERSONAS
Siempre intentó estar cerca de la gente, como Papa y como obispo. Fue el primer pontífice que salió de las murallas vaticanas y visitó las parroquias de Roma. También fue a hospitales y cárceles. Incluso en ocasiones esquivaba a la Gendarmeria vaticana para salir solo o con uno de sus secretarios.

UN NOMBRE ÚNICO
Juan XXIII tuvo el coraje de tomar el nombre de un usurpador y transformarlo. Hubo un antipapa en el siglo XV que se llamó Juan XXIII. El cardenal Roncalli no tuvo miedo de usar el nombre que había manipulado un impostor y que se evitó durante 500 años.

BUSCÓ LA PAZ
Fue testigo de dos guerras mundiales. Como resultado, dos regímenes políticos opuestos dividieron al mundo. Juan XXIII se dio cuenta de que era necesario tender puentes e intercambió cartas con mandatarios como Kruschew, el líder de la Unión Soviética.

MENSAJES PARA TODOS LOS HOMBRES
Dirigió por primera vez una encíclica a "todos los hombres de buena voluntad” no sólo a los católicos. Fue "Pacem in terris”, un vivo alegato contra la guerra en el que reivindicaba que el conflicto armado no podía ser usado como un instrumento para buscar justicia.

RENOVÓ LA CURIA
A los pocos meses de ser designado Papa, Juan XXIII convocó un consistorio para la creación de nuevos cardenales y más de la mitad eran no italianos. Rejuveneció la Curia y también creó por primera vez cardenales a un japonés, un africano, un filipino y un venezolano.

CONCILIO VATICANO II
Sin duda, la mayor revolución de Juan XXIII fue el Concilio Vaticano II. Una reunión de todos los obispos del mundo para estudiar la situación de la Iglesia. Un Papa anciano, considerado de transición, fue capaz de llevar a cabo uno de los cambios más profundos en la Iglesia de nuestro tiempo.

ECUMENISMO
Precisamente al Concilio Vaticano II invitó, como observadores, a musulmanes, indios americanos y a miembros de todas las Iglesias cristianas. Trabajó por el diálogo entre los cristianos de todas las confesiones. Puso en marcha el primer organismo vaticano destinado a promover la unidad de los cristianos.

Como sucedió con Juan Pablo II, miles de personas rindieron su último homenaje a Juan XXIII cuando falleció. Y al igual que con el Papa Wojtyla también con el Papa Roncalli se entonó el "santo súbito”. Ambos serán elevados juntos a los altares y quedará escrito un capítulo más en la historia común de estos dos Papas pues fue Juan Pablo II quien beatificó a Juan XXIII en el año 2000.

En el viaje de regreso de la JMJ de Río de Janeiro Francisco respondió a las preguntas de los periodistas sobre todo tipo de cuestiones durante una hora y 22 minutos. Este es el extracto traducido al español en donde el Papa habló de Juan XXIII: 

Juan XXIII es un poco la figura del "cura de pueblo”, el sacerdote que quiere a cada uno de los fieles, que sabe cuidar a los fieles, y esto lo ha hecho como obispo, como nuncio. ¡Cuántos certificados de bautismo falsos hizo en Turquía para los judíos! Es un valiente, un cura de pueblo bueno, con un sentido del humor muy grande, muy grande, y una gran santidad.

Cuando era nuncio algunos no le querían en el Vaticano y cuando iba a llevar alguna cosa o a solicitar algo en algunas oficinas le hacían esperar. Nunca se quejó: rezaba el Rosario, leía el Breviario, nunca. Manso, humilde, también se preocupaba por los pobres. 

Cuando el Cardenal Casaroli volvió de una misión, creo en Hungría o en la Checoslovaquia de aquel tiempo, no recuerdo cuál de las dos, fue a explicarle cómo le había ido la misión, en aquella época de la diplomacia de los "pequeños pasos”. Y tuvieron la audiencia 20 días después murió Juan XXIII y cuando Casaroli ya se iba, lo detuvo: "Ah, Eminencia, no, no era Eminencia, Excelencia, una pregunta: ¿Usted sigue yendo donde aquellos jóvenes?”. Porque Casaroli solía ir a la Prisión de Menores de Casal del Marmo y jugaba con ellos. Y Casaroli le dijo: "Sí, sí”. "No los deje nunca”. 

Esto a un diplomático, que volvía de hacer un recorrido de diplomacia, un viaje tan absorbente, Juan XXIII le dijo: "No abandone nunca a los chicos”. Es un grande, un grande. Además, lo del Concilio: es un hombre dócil a la voz de Dios, porque eso le vino del Espíritu Santo, le vino y él fue dócil. Pío XII pensaba hacerlo, pero las circunstancias no estaban maduras para hacerlo. Creo que él [Juan XXIII] no pensó en las circunstancias: lo sintió y lo hizo. Un hombre que se dejaba guiar por el Señor.

Comienza la cuenta atrás para un evento sin precedentes en la historia de la Iglesia: la canonización de dos Papas, Juan Pablo II y Juan XXIII.

En esta semana decisiva, el Vaticano está ultimando los detalles y comunicándolos al mundo. Por eso hay nuevas caras en el equipo de comunicación de la Santa Sede, como la del sacerdote mexicano Manuel Dorantes que ayudará a los periodistas que hablen español.

Los postuladores de las dos causas explicaron hoy que además de un modelo para los cristianos,  ambos Papas fueron dos personas con gran sentido del humor y también con carácter.

P. GIOVANGIUSEPPE CALIFANO
Postulador de Juan XXIII
"Cuando un obispo le dijo a Juan XXIII que desde que era obispo le costaba mucho dormir bien porque tenía muchas cosas en la cabeza, el Papa le respondió: 'A mí me pasaba lo mismo cuando me convertí en Papa, pero una noche soñé con el Ángel Custodio y me dijo que no me tomara tan en serio a mí mismo. Desde entonces duermo estupendamente'”.

P. SLAWOMIR ODER
Postulador de Juan Pablo II
"Una de las religiosas que atienden al Papa le dijo al verlo muy cansado: 'Santo Padre, estoy preocupada por Su Santidad'. Juan Pablo II le dijo: 'Yo también estoy muy preocupado por mi santidad'”.

Virtudes y defectos que para los postuladores demuestran que llegar a la santidad no es una utopía. 

Ambos Papas serán canonizados el domingo de la Divina Misericordia, una festividad instaurada por Juan Pablo II. Pero para los dos, la misericordia de Dios era clave en sus vidas. 

P. GIOVANGIUSEPPE CALIFANO
Postulador de Juan XXIII
"Todo sucederá en el domingo de la Divina Misericordia. Creo que en el fondo la espiritualidad de estos dos santos es precisamente esta voluntad de resaltar la bondad y la misericordia de Dios”.

Y si la misericordia tiende lazos entre los dos futuros santos también lo hace con el Papa Francisco que "la receta” incluso en forma de Misericordina.

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