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El Papa Francisco ha creado un Fondo de Emergencia internacional para ayudar a los territorios de misión ante las consecuencias que el coronavirus puede provocar en estas zonas pobres del planeta. Ante esta acción, José María Calderón, en nombre de Obras Misionales Pontificias en España, se ha unido a esta petición.

Este sacerdote asegura que “desgraciadamente la situación causada en España por el Covid-19 es terrible, en todos los aspectos: de muertos, de contagiados, de personal sanitario enfermo, de falta de material y de medios para trabajar con una cierta seguridad… ¡y la que nos viene encima a nivel económico!”.
De un día para otro la vida de millones de personas ha cambiado totalmente ante el avance del coronavirus, motivo por el cual se han visto obligados a estar aislados en sus hogares. Para poder vivir este tiempo teniendo un espíritu misionero, Obras Misionales Pontificias ha lanzado una sección en su web en la que se recoge un amplio catálogo de iniciativas para vivir el confinamiento, pero abiertos al mundo. Entretenimiento para niños y adultos, información sobre misioneros y COVID-19, recursos de oración, etc. Todo ello acompañado por un breve comentario del Evangelio del día – Meditaciones de cuarentena-, realizado por José María Calderón, director nacional de OMP.
El arzobispo Giampietro Dal Toso es el presidente y responsable internacional de Obras Misionales Pontificias, la gran entidad pontificia que supervisa los donativos que recogen las Obras Pontificias locales de distintos países para las misiones en países y regiones con pocos cristianos o iglesias muy débiles y pobres. Dal Toso, italiano, trabaja en la Curia desde 1996, cuando entró en el Pontificio Consejo Cor Unum. El Papa Francisco le nombró secretario Adjunto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos. Este martes 14 de mayo ha impartido sendas conferencias en Madrid en la Facultad de Teología San Dámaso respecto al Mes Misionero Extraordinario.

En una entrevista con Obras Misionales de España, recuerda que “la fe se comparte por atracción” y admite que tal vez le hemos quitado ese atractivo al convertirla en un “moralismo” en lugar de destacar lo que en verdad es “una relación personal con Jesucristo”.

El presidente de OMP cree que nuestra sociedad, en que el “trato personal” es más difícil que en el pasado, hay que seguir buscando esta cercanía y suscitando el testimonio personal de la fe también en circunstancias pequeñas.

Dal Toso no ve oposición entre iglesia local e iglesia universal, porque, dice, "ninguna iglesia puede ser local sin relación con la Iglesia universal”. En este sentido, el Papa, que “es el Papa en todos los lugares” visibiliza que “la Iglesia es Una”. Monseñor Dal Toso cree que para OMP es un “desafío” despertar cada vez más el sentido de universalidad en las iglesias locales y recordar que la ley cristiana que afirma que “dando se recibe” se experimenta especialmente cuando una diócesis es capaz de “dar algo”.

Finalmente, el presidente de OMP dijo que hay un “aspecto existencial” de la “missio ad gentes” en el testimonio del misionero que tiene una gran fuerza, porque el misionero es el que lo ha “dejado todo”. Y junto al testimonio del misionero, “la oración”. Monseñor Dal Toso confesó que un deseo de su corazón es que con el "mes misionero extraordinario" se descubra “la importancia de la oración para la misión”.
ReligiónenLibertad
Obras Misionales Pontificias tiene en España nuevo responsable tras estar este puesto vacante durante meses tras la muerte del que era su director, Anastasio Gil, fallecido el pasado mes de octubre y que ostentó el cargo entre 2011 y 2018.

La Santa Sede, a través el prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, el cardenal Filoni, ha nombrado como sucesor al frente de Obras Misionales Pontificias al sacerdote José María Calderón, que será su director en España durante los próximos cinco años.
“Hemos mandado a todas las parroquias los materiales para esta campaña, para que los niños puedan preparar y vivir la Jornada de la Infancia Misionera”, afirma David Álvarez, responsable en la Archidiócesis compostelana de las Obras Misionales Pontificias (OMP). David Álvarez explica que, entre los materiales, destaca la “Hucha del Compartir”, una actividad manual consistente en construir una hucha de cartón o papel destinada a recibir las pequeñas aportaciones de los niños. En la pasada campaña, los niños de nuestra diócesis lograron reunir 146 mil euros en esta Jornada de la Infancia Misionera que se celebrará el próximo domingo día 22 de enero. Los niños de Infancia Misionera, con sus oraciones y pequeños ahorros, ayudan a otros niños del planeta que pasan necesidad. Gracias a la generosidad de los niños de todo el mundo -reunidos en el Fondo Universal de Solidaridad de la Obra de Infancia Misionera-, en 2015 se enviaron 16.939.649,13€,  para  sostener 2.795 proyectos de ayuda a la Infancia de los territorios de misión. “Es importante”, dice David Álvarez, “que los niños ayuden a los niños”.
Un año más, los niños de las diócesis españolas saldrán a las calles a felicitar la Navidad de parte de los misioneros, y a poner estrellas en los abrigos de los transeúntes. Es la actividad conocida como “Sembradores de Estrellas”, que desde 1977 educa a los niños en el agradecimiento en contraste con el consumismo de estas fechas.
“Si uno es creyente, si uno está persuadido que la fe es un don recibido, necesariamente lo da a conocer”

Anastasio Gil García, director nacional de Obras Misionales Pontificias y doctor en Teología, estuvo en Plasencia para llevar a cabo sendas conferencias en la Cátedra Juan Pablo II, abierta al público, en el Seminario Diocesano y en la Formación Permanente del Clero en el Obispado, los días 16 y 17 de noviembre. En ambas ocasiones trató el tema “La evangelización ad gentes, paradigma y modelo de la acción misionera de la Iglesia”.
Los misioneros anuncian el Evangelio a quienes aún no han oído hablar de él. Tras el anuncio, muchos se encuentran con Jesús y se incorporan a la Iglesia por el Bautismo.

Al mismo tiempo promueven y llevan a caboproyectos educativos, sanitarios y de promoción social para los pueblos que atienden. La mayor parte de los misioneros se encuentran en los países más desfavorecidos de la tierra.

HAY 13000 MISIONEROS ESPAÑOLES, EN 140 PAÍSES

En la base de datos de OMP España tenemos censados 9.123 misioneros españoles. De ellos, 1.941 misioneros están en España a la espera de nuevos destinos o colaborando con la animación misionera. Los misioneros regresados son una gran riqueza para la Iglesia en España porque aportan experiencia e impulso misionero. Se estima que hay unos 2.000 misioneros de los que OMP no dispone de datos concretos.
La Jornada Mundial de las Misiones, en España conocida como DOMUND, es una llamada de atención sobre la responsabilidad de todos los cristianos en la evangelización e invita a amar y apoyar la causa misionera. Los misioneros dan a conocer a todos el mensaje de Jesús, especialmente en aquellos lugares del mundo donde el Evangelio está en sus comienzos y la Iglesia aún no está asentada.

Estos lugares son conocidos como Territorios de Misión, están confiados a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y dependen en gran medida de la labor de los misioneros y del sostenimiento económico las Obras Misionales Pontificias de todo el mundo.
La Santa Sede ha reelegido a Mons. Anastasio Gil García como Director Nacional de las Obras Misionales Pontificias (OMP) para un segundo quinquenio, de 2016 al 2021. El nombramiento se realiza por decreto del Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, que preside el cardenal Fernando Filoni, a propuesta de la Asamblea Plenaria de la CEE, que en su última reunión, el pasado mes de noviembre, aprobó la terna que se ha presentado a la Santa Sede.
El próximo 24 de enero de 2016, se celebra bajo el lema “Gracias” la Jornada de la Infancia Misionera. La Infancia Misionera es una de las cuatro Obras Misionales Pontificias. Al igual que las otras tres Obras, tiene por finalidad infundir en los católicos un espíritu universal y misionero. Y a diferencia de las demás (Propagación de la Fe, San Pedro Apóstol y Pontificia Unión Misional), la Infancia Misionera, llamada también Santa Infancia, destina todos sus esfuerzos a los niños. O, para ser más precisos, son los niños los verdaderos protagonistas de esta Obra. No somos solo una obra para los niños, sino más bien una Obra de los niños y con los niños.
El próximo 24 de enero de 2016, se celebra bajo el lema “Gracias” la Jornada de la Infancia Misionera. La Infancia Misionera es una de las cuatro Obras Misionales Pontificias. Al igual que las otras tres Obras, tiene por finalidad infundir en los católicos un espíritu universal y misionero. Y a diferencia de las demás (Propagación de la Fe, San Pedro Apóstol y Pontificia Unión Misional), la Infancia Misionera, llamada también Santa Infancia, destina todos sus esfuerzos a los niños. O, para ser más precisos, son los niños los verdaderos protagonistas de esta Obra. No somos solo una obra para los niños, sino más bien una Obra de los niños y con los niños.
Con el fin de promover una Navidad solidaria entre los más pequeños, Obras Misionales Pontificias puso en marcha una campaña con una “Hucha del compartir” como protagonista, para ayudar a niños necesitados del mundo.

En Navidad Dios se ha hecho hombre para compartir nuestra vida ¿No habrá querido decirnos que también nosotros tenemos que estar dispuestos a compartir la vida con nuestros hermanos y hacer nuestra su suerte?
Con motivo de la Jornada de Infancia Misionera 2016, que lleva el lema “Gracias”, la dirección nacional de Obras Misionales Pontificias, a través del Secretariado de la Obra Pontificia de Infancia Misionera, convoca el concurso de fotografía “Di gracias con una foto”.

Este concurso quiere proponeros a los niños, de 6 a 12 años, que compartáis, a través de una fotografía digital, vuestro modo de expresar el dar gracias. Se trata de reflejar los instantes,  convertidos en imágenes, en los que nos sentimos agradecidos por todo aquello que nos rodea, tenemos o vivimos. Podéis hacer la fotografía incluso a través de un móvil.
Anastasio Gil, director nacional de Obras Misionales Pontificias (OMP), ha homenajeado a “los 13.000 misioneros españoles que hay repartidos por 140 países. De ellos -destacó- 1.100 son andaluces”. Ha aludido al mensaje del Papa Francisco para valorar la “necesidad” que la humanidad tiene hoy de misioneros y misioneras, y ha hecho hincapié en la relación que las misiones tienen con las aportaciones de las diócesis de origen de los misioneros: “el 38% de la Iglesia Católica depende de las aportaciones que hagan los fieles”, destacó. Además, ha esbozado el perfil de los misioneros -“los protagonistas del Domund”- en la actualidad, con un 50% mayor de setenta años.
http://www.domund.org/p/presentacion-jornada-domund-2015.htmlJornada DOMUND 2015 “Misioneros de la misericordia”
Anastasio Gil, Director de OMP en España

Llama la atención cómo la misma sociedad a la que le cuesta valorar la labor que realiza la Iglesia aprecia el trabajo humanitario y evangelizador de los misioneros y misioneras. Su entrega, servicio y generosidad son el contrapunto del gran pecado de la indiferencia. El testimonio de sus vidas y, en ocasiones, de sus palabras ha alcanzado tal reconocimiento social que hasta las voces más recalcitrantes enmudecen y les otorgan un “estos son distintos”, cuando en realidad los misioneros son Iglesia que vive las exigencias del Evangelio.

Por Anastasio Gil, Director Nacional de OMP España

Sacerdotales y religiosas, profesores y agentes de pastoral de los países de misión se forman en los Colegios Pontificios San Pedro, San Pablo y San José, CIAM y Mater Eclesiae que dependen de Congregación para la Evangelización de los Pueblos.

La Congregación para la Evangelización de los Pueblos ha encargado a la Fundación Domus Misionalis garantizar a estos colegios pontificios y centros de formación los recursos humanos y materiales necesarios para su correcto funcionamiento.

Cinco días antes de la conclusión del Concilio Vaticano II, el 3 de diciembre de 1965, el beato Pablo VI inauguraba el Colegio Misionero Internacional San Pablo Apóstol en Roma. Acompañado por numerosos cardenales, arzobispos y obispos, bendecía este lugar para acoger a los sacerdotes que, procedentes de las Iglesias jóvenes, necesitaban dedicar un tiempo a una especialización en su formación sacerdotal. Habían culminado sus estudios en los seminarios diocesanos o interdiocesanos de sus respectivos países. La conmemoración del 50 aniversario del Colegio San Pablo es ocasión para contemplar cómo 191 sacerdotes de más de 60 países viven en un ambiente de estudio, convivencia fraterna y dinamismo misionero. Ellos bien saben que el origen de su Iglesia local, donde han nacido a la fe, se debe a la actividad misionera de la Iglesia y, en justa correspondencia, volverán a su país con este mismo espíritu. Serán unos pocos años dedicados a crecer hacia dentro, pero los necesarios para retornar y secundar el trabajo de quienes les iniciaron en la fe. La inversión ha sido grande por parte de ellos, de la Iglesia local y de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, pero muy fecunda, porque los frutos no se harán esperar. Aun siendo importante la oportunidad de cursar estudios de especialización en las Ciencias Eclesiásticas, sin duda la mayor riqueza les viene de la convivencia, durante varios años, con sacerdotes, religiosos o laicos de otros países y continentes. Esta experiencia es la mejor fuente de formación en la universalidad de la Iglesia y genera, por ósmosis, un extraordinario amor eclesial, más allá de las limitaciones de la Iglesia local.
La Congregación para la Evangelización de los Pueblos es consciente de las necesidades de formación de sacerdotes, religiosas, laicos y futuros catequistas misioneros y por este motivo es responsable de cinco centros de formación: Colegio San Pablo y el Colegio San Pedro para la formación de Sacerdotes; el Mater Eclesiae, para la formación de religiosas; el Colegio San José, para la formación permanente de profesores; y el Centro Internacional de Animación Misionera (CIAM), para encargados de la animación misionera en las diócesis del mundo.
Estos centros de formación eclesiástica dependen de la Fundación Domus Missionalis, que Benedicto XVI instituyó en 2005, es el organismo del que se sirve la Congregación para la Evangelización de los Pueblos para garantizar los recursos humanos y materiales necesarios y hacerse cargo del sostenimiento y la formación eclesiástica de sacerdotes, religiosas y agentes de pastoral de los países de misión que carecen de medios económicos. Por parte de los alumnos hay un compromiso para retornar una vez finalizada su formación a sus lugares de origen y servir así a sus Iglesias locales. La formación de estos agentes de pastoral es toda garantía y para ello se han nombrado equipos de formación, con el acompañamiento de la misma Congregación, en la persona de su prefecto, el cardenal Fernando Filoni, y del Consejo Superior de las OMP, a través del Consejo de Administración, en el que están presentes tres directores nacionales designados por el mismo prefecto.
Un día como hoy 22 de julio del año 1799 nacía Pauline Jaricot fundadora de la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe.

Con motivo de este aniversario publicamos este artículo de Alfonso Blas que presenta la Obra Pontificia de la Progagación de la Fe, una iniciativa genial que brotó del espíritu inquieto y misionero de Pauline Jaricot en 1822 y que el Papa Pío XI declaró como pontificia.

La Obra Pontificia de  la Propagación de la Fe rompe fronteras. Lo hizo en sus orígenes y continúa derribándolas en nuestro tiempo, con el propósito de que la Buena Nueva que contribuye a difundir se propague por todos los rincones  de la Tierra.

La primera barrera que romper es la del individualismo. Frente al egoísmo y la tendencia a barrer hacia casa que tanto se lleva en nuestros días, la Obra de la Propagación de la Fe ha promulgado siempre, sin descanso, una dimensión universal del compromiso misionero, que lleva aparejada una fraternidad entre los seres humanos, por encima de las diferencias nacionales, étnicas, culturales, diocesanas o congregacionales. Adiós a mirarse el ombligo, a pensar sólo  en uno mismo.

Dimensión universal
De hecho, la “globalización de la solidaridad”, de la que tanto se habla en nuestros días, lainventó hace muchos años, allá por el 3 de mayo de 1822, en una Francia salpicada de periodos revolucionarios, una laica que, renunciando a todas las comodidades que conllevaba el pertenecer a una familia bien, tuvo la genial intuición de fundar esta Obra. Su nombre: Paulina María Jaricot (1799-1862). Conocedora de las inmensas necesidades de las misiones del Asia oriental por su hermano Fileas, seminarista en París, Paulina arde en deseos de hacer algo. Así las cosas, una tarde de invierno que sus padres estaban jugando a las cartas, toma un naipe de la mesa y, con peculiar genio creador, comienza a escribir las líneas generales de una asociación a favor de las misiones: grupos de diez personas, cada una de las cuales se comprometerá a formar un nuevo grupo de diez, organizando las decurias en centurias y estas últimas en grupos de mil; cuota semanal de cinco céntimos y un jefe de grupo cada diez miembros. Su plan tuvo un éxito más allá de cualquier previsión. Necesitaba, sin embargo, desarrollar algo fundamental. Le faltaba una apertura y finalidad universal, que, aunque implícita –para Paulina la misión no tenía ni límites sociales ni geográficos–, no se había hecho todavía realidad. Lo que había sido concebido para ayudar a las misiones de Asia oriental debía ampliar sus horizontes hacia una cooperación misional abierta a todo el mundo y a los misioneros de todos los países. Con este fin, un grupo de sacerdotes y seglares se reunieron en Lyon. “Somos católicos; en consecuencia, no debemos sostener esta o aquella misión particular, sino todas las misiones del mundo”, defendía con vehemencia Benito Coste, presidente de aquella asamblea que adoptó la iniciativa de Paulina para dar lugar a la Obra de la Propagación de la Fe.

Ya no serán los Gobiernos, los dirigentes, las personas acaudaladas, las conferencias episcopales de cada país… quienes sostengan las misiones y decidan a qué misioneros socorrer. Ahora será la comunidad católica en general, las gentes buenas que tienen fe en el Dios de justicia, libertad, fraternidad y amor para el mundo, los que ayuden espiritual y materialmente al apostolado misionero. Todo el pueblo fiel colaborará en la difusión del Evangelio. Y, por esa razón, para evitar ser particularistas y no caer en favoritismos, en nuestros días es una Asamblea General de los directores nacionales de Obras Misionales Pontificias de los diferentes países la que determina qué proyectos atender y de dónde procederán los fondos para sostenerlos.

Urgencia de toda la Iglesia
No es el único obstáculo que se va a a derribar. La Obra de la Propagación de la Fe rompe también con la barrera entre la vieja cristiandad y las jóvenes Iglesias. Aunque por sus más abundantes recursos resulte lógico que las Iglesias de más antigua fundación respondan con mayores aportaciones económicas a la causa misionera, no son las únicas encargadas de su sostenimiento. La misión ad gentes es la primera urgencia que debe atender toda Iglesia, por muy joven que sea, porque en el abandono de todo y en la entrega y  servicio al otro radica la mayor prueba de que una comunidad de fieles ha alcanzado su madurez en la asunción del Evangelio.

Para la Obra de la Propagación de la Fe no vale la excusa que muchas Iglesias de vieja fundación ponen cuando afirman que “las misiones las tenemos aquí. ¿Para qué trabajar por las misiones lejanas?”. Ni tampoco sirve la más comprensible dificultad que suelen esgrimir las Iglesias de reciente creación cuando se lamentan: “¡Qué vamos a dar desde nuestra pobreza y pequeñez!”. No hay mayor prueba de haber integrado el mensaje de Jesús, de haber alcanzado la madurez como Iglesia, que el enfrascarse en la faena misionera, máxime cuando esta se realiza desde la pobreza.

Preferencia por los pobres
Y, en esta línea, también se quiebra la frontera entre ricos y pobres, ya que no hay mayor riqueza evangélica que la que aportan estos últimos, porque en ellos, en los últimos de los últimos, se dibuja el rostro de Cristo, el lugar donde encontrarnos con Él. Los pobres nos evangelizan. La Obra de la Propagación de la Fe hereda de este modo el carácter de su fundadora. Una Paulina María Jaricot que, habiendo nacido en una familia de ricos negociantes de seda, decide abandonar una vida despreocupada, feliz, frívola y sin problemas, para volcarse en los más necesitados de su tiempo. Primero, dándoles limosna. Pero, después, poniéndose a su servicio. Invita, con su actitud, a prestar una atención renovada a los pobres, en busca de una justicia fundamentada en los valores cristianos, y a mostrar un amor profundo y constante hacia ellos. Busca ante Dios el modo de poner remedio al desánimo y a la inmoralidad. Quiere devolver al pobre su dignidad y acabar con las injusticias que le han llevado a esa situación. “En una palabra –dice ella–, yo querría que se devolviera el esposo a la esposa, el padre al hijo   y Dios al hombre, ya que Él es la felicidad y el fin”.

La necesidad misionera
De ahí surge una prometedora responsabilidad misionera, que da sentido a una Obra como la de laPropagación de la Fe: el convencimiento de que el mundo tiene necesidad de Dios; de que muchos de los males que aquejan a la humanidad, se deben al hecho de rechazarlo y desconocerlo. Tanto Paulina como su Obra están convencidos de la necesidad urgente y beneficiosa que para el mundo supone una evangelización que proponga y ofrezca gratuitamente la acogida de los valores del Evangelio. Y en esa titánica tarea se enfrascan, contribuyendo al servicio ejemplar, entregado y absoluto de los misioneros y misioneras.

Adiós a las fronteras del exclusivismo, a las que delimitan las posesiones. Son actitudes que no van con el devenir misionero. La Obra de la Propagación de la Fe se caracteriza por el desapego respecto a los bienes materiales. Al igual que hizo Paulina, todo lo   que recauda lo pone en manos de la evangelización. No le puede importar, como decía su fundadora seis años antes de una muerte en la más absoluta de las miserias, “que me quiten los bienes terrestres, la reputación, el honor, la salud, la vida; que me hagáis descender por la humillación hasta el pozo y el abismo más profundo. Qué me importa que encuentre en ese pozo no el agua, sino el barro, y que sea sumergida en él hasta por encima de la cabeza, si en ese abismo puedo encontrar el fuego escondido de vuestro amor celeste…”. Es esa entrega absoluta, gratuita y ejemplar –pero a veces humillante– la que, en un paralelismo revelador, encontramos en Paulina, en su Obra y en los misioneros y misioneras: “Deseo quedar libre de poder ir a donde las necesidades son mayores”.

Colectividad frente a individualismo
Un desprendimiento absoluto, animado por la entrega hasta la muerte de Jesús, es el quesostiene  la misión evangelizadora de la Iglesia y el que hizo  que una obra como la de laPropagación de la Fe no desapareciera, enfrascada en personalismos estériles. Esta Obra no es fruto de individualismos. Al contrario, borra las fronteras personales para formar redes de colectividad. Afortunadamente, en el ardor de  su apostolado, Paulina decidió no actuar sola. Y así logró evitar que muchas de sus iniciativas quedaran en nada. La misión es un asunto de todos los bautizados, porque cada uno puede ser, de acuerdo con sus modestas posibilidades, la “cerilla que enciende el fuego”, como ella misma se autodescribió.

Su inteligencia práctica la llevó, de hecho, a no personalizar su obra en ella misma, e implicó, siempre que estuvo en su mano, a todo el que pudo, construyendo grandes ramificaciones de solidaridad. Y fue precisamente entre los más necesitados de su época, los obreros de las fábricas, entre quienes quiso compartir su experiencia religiosa y entre los que organizó colectas, rompiendo todo tipo de barreras sociales y de clase para ayudar a las misiones más lejanas. Pobres que ayudan a pobres, gentes de culturas y naciones diferentes en comunión con la idea de que hay que formar cadenas de solidaridad y oración por difundir la Buena Nueva de Dios, para que el mundo pueda ser mejor.

Acción y oración
Sí, cadenas de oración, porque el dinero, la limosna, no basta. La Obra de la Propagación de la Feacaba con la división entre acción y oración. Adiós a un activismo sin espiritualidad. El diálogo con Dios mueve las conciencias y los corazones, y los anima a poner manos a la obra. La oración es la revolución silenciosa donde se encuentran las fuerzas renovadas para superar las fatigas, las incomprensiones, las persecuciones y continuar con la tarea misionera. Y al igual que la solidaridad económica no hay que entenderla únicamente en un sentido, lo mismo se puede decir del apoyo oracional. La interdependencia espiritual recuerda al católico que también tiene necesidad de la oración  de su hermano lejano.

La Obra de la Propagación de la Fe borra las fronteras humanas que llevan al hombre a la división y el enfrentamiento. Es el mejor antídoto contra la guerra, el racismo, la explotación, el abuso o la persecución… No hay diferencia entre los seres humanos, porque, en deberes y en derechos, todos son iguales ante Dios. Es más, en la espiritualidad de los orígenes de la Obra anida la idea de que el católico no puede esperar salvar su alma si no participa en la salvación de las demás.

Hoy la Obra de la Propagación de la Fe sigue eliminando fronteras, con el propósito de responder a las necesidades de una misión universal que se empeña en regalar la Buena Nueva del Evangelio a los pueblos más necesitados, para ponerla a su servicio y contribuir con su luz a la construcción de un mundo más justo y humano, plenamente acorde con los designios de Dios.

La que en 1922 fuera designada por el papa Pío XI como Obra “Pontificia” vive entre nosotros al ritmo del “¡ay de mí si no predicara el Evangelio!” que proclamó san Pablo. Su futuro es tan esperanzador como urgente y titánica es la tarea que a la Iglesia católica le corresponde realizar en el terreno de la misión universal ad gentes. Con humildad y discreción misionera, la Obra Pontificia de la Propagación de la Fe sigue tejiendo una red de solidaridad fraternal al servicio de la evangelización.
(OMP)
El Papa Francisco recibió el pasado viernes 5 de junio a los directores nacionales de las OMP de todo el mundo durante la  la asamblea general de las Obras Misionales Pontificias
La actividad misionera es el paradigma de toda obra de la Iglesia, ha dicho el Papa Francisco a los participantes en la asamblea general de las Obras Misionales Pontificias y ha reiterado que el anuncio del Evangelio es ”la primera y constante preocupación de la Iglesia, es su compromiso esencial, su mayor reto, y la fuente de su renovación… Sin la inquietud y el ansia de la evangelización no es posible desarrollar una pastoral creíble y eficaz, que aúne anuncio y promoción humana”.

Por eso, los miembros de la Congregación para la Evangelización de los Pueblos y los directores nacionales de las Obras Misionales Pontificias, tienen la tarea difícil y privilegiada de abrirse ”a los horizontes amplios y universales de la humanidad, de sus fronteras geográficas y, sobre todo, humanas”, acompañando la vida de las Iglesias jóvenes en todo el mundo y animando al Pueblo de Dios para que viva plenamente la misión universal. ”Conocéis las maravillas que el Espíritu Santo, mediante estas iglesias, a menudo pobres en recursos, obra en la humanidad, incluso a través de las dificultades y persecuciones que sufren por su fidelidad y su testimonio de la Palabra de Dios y la defensa del hombre -constató Francisco- En esas periferias humanas la Iglesia está llamada a salir a las calles para ir al encuentro de tantos hermanos y hermanas nuestros que viven sin la fuerza, la luz y el consuelo de la amistad con Jesucristo, sin una comunidad de fe que los contenga, sin un horizonte de sentido y de vida”.

El Papa subrayó que por el carisma que las caracteriza, las Obras Misionales Pontificias, son”sensibles a las necesidades de los territorios de misión y, en particular, a los grupos humanos más pobres. Son instrumentos de comunión entre las Iglesias y promueven el intercambio de personas y recursos económicos. Apoyan a los seminaristas, sacerdotes y religiosos de las Iglesias jóvenes en tierras de misión en los Colegios Pontificios. Frente a esa tarea hermosa e importante, la fe y el amor de Cristo nos empujan a todos los lugares para anunciar el Evangelio del amor, de la fraternidad y de la justicia. Y esto se consigue con la oración, con la valentía evangélica y el testimonio de las bienaventuranzas”.

”Por favor -advirtió- tened cuidado de no caer en la tentación de convertiros en una ONG, en unaoficina de distribución de subsidios ordinarios y extraordinarios. El dinero ayuda , pero también puede convertirse en la ruina de la misión. Cuando se concede gran importancia al funcionalismo, se le da también gran espacio, casi como si fuera la cosa más importante: es algo que lleva a la ruina; porque la primera causa de muerte es la de dar por sentadas las “fuentes”, es decir, lo que origina la Misión. Por favor, entre tantos planes y programas, no dejéis a Jesucristo fuera de la Obra Misional, que es obra suya. Una Iglesia que se reduce a la eficiencia a toda costa de los aparatos del partido está ya muerta, aunque las estructuras y los programas para el clero y el laicado “por cuenta propia” durasen siglos”.

”No puede haber una verdadera evangelización -finalizó el Pontífice- sin la energía santificadora del Espíritu Santo, el único capaz de renovar, sacudir, dar impulso a la Iglesia en una salida audaz fuera de sí para evangelizar a todos los pueblos’‘.
“Europa es tierra de misión porque tiene que recuperar la memoria de un Anuncio olvidado”, constató Taltavull en la conferencia inaugural. El presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral realizó un diagnóstico de la cultura en Europa que ha silenciado la fe. El reto, según explicó, es buscar nuevos lenguajes y caminos para comunicarnos de una forma creativa con el hombre de hoy. Taltavull subrayó la importancia de la iniciativa de evangelización “Atrio de los Gentiles”, impulsada por Benedicto XVI, que intenta dialogar con el hombre contemporáneo a través de su lenguaje. Asimismo, explicó la necesidad de fomentar la apertura a la trascendencia en las guías turísticas que muestran el patrimonio de la Iglesia Católica en España.

Estos esfuerzos apuntados por el obispo auxiliar de Barcelona tomaron forma en la mesa redonda de la tarde del jueves, que reunió a tres experiencias misioneras de primer anuncio en España, y que fue moderada por José María Sainz, miembro de OCASHA. Jesús Romero, de la Comunidad de San Egidio, explicó su trabajo misionero en el ámbito social con los más pobres y excluidos del barrio de Pan Bendito en Madrid. Por su parte, Manuel Cabello, misionero redentorista, habló de las “misiones populares”, que ponen a las parroquias en estado de misión, para llegar a los más alejados. Por último, Jesús Vidal presentó la iniciativa “Centinelas del mañana”, proyecto que lleva 15 años despertando entre los jóvenes la vocación evangelizadora, a través del anuncio explícito y el testimonio personal. Una de las iniciativas más conocidas de este grupo son “Una luz en la noche”, que lleva el Evangelio a las calles de paso de jóvenes en las noches.

 Los misioneros, también en Europa

 ”Nuestra misión ha sido llevar la belleza de la familia cristiana a Estonia”, explicaron el viernes Alejandro Pérez y Matilde Toribios, matrimonio del Camino Neocatecumenal, que ha estado 9 años de misión en el país nórdico con sus diez hijos. Después de narrar con crudeza todas las dificultades que vivieron -quemaduras en la piel por el frío, soledad, racismo, incomprensión por el idioma-, ambos afirmaron que en la cruz se han encontrado con Cristo resucitado, y lo han testimoniado con su vida. “Si Dios existe, merece la pena darlo todo por él”, explicó Matilde. Junto con otras familias misioneras, acompañaron al único sacerdote católico de Tartu -segunda ciudad de Estonia-, y formaron un punto donde los estonios podían acercarse a la Iglesia, a través de catequesis, barbacoas, y su simple presencia. “Para la gente de allí es más fácil acercarse a las familias que al sacerdote”, afirmó Matilde, quien explicó que entraron a fondo en la cultura estonia para inculturar el Evangelio.

“La misión en Rusia es un camino a fuego lento: sereno, pero seguro”, testimonió José Pablo Pereira, misionero de Verbum Dei. Después de años de lo que él describió como “ecumenismo de pasillo”, este misionero portugués compartió cómo la misión de la Iglesia católica en Rusia no busca conversiones en masas, sino pequeños encuentros a través de la vida y el testimonio. “La cultura rusa está muy marcada por la guerra”, afirmó Pereira, quien explicó que una minoría de católicos ha mantenido su fe a pesar de las persecuciones.

Anastasio Gil, director de Obras Misionales Pontificias (OMP) valoró positivamente estas Jornadas, ya que han servido para unir a todos los que trabajan por la misión ad gentes en España. Gil afirmó que estas Jornadas han puesto sobre la mesa la necesidad de la cooperación misionera con nuevos ámbitos geográficos y sociales, más allá de los Territorios de Misión, destinatarios de la ayuda de OMP. “Se ha reafirmado la urgente necesidad de la misión ad gentes dentro del territorio europeo”.
(OMP)

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