El pasado 30 de septiembre, con el motu proprio Aperuit Illis, el Papa instituyó el Domingo de la Palabra de Dios,
a celebrar el tercer domingo del tiempo ordinario con especiales signos
de aprecio hacia la Biblia para exhortar a su conocimiento y lectura.
Así fue este domingo, en el cual, tras la ceremonia litúrgica, Francisco
obsequió a diversas personas representativas de grupos sociales y
profesionales diversos con un ejemplar de las Sagradas Escrituras.
Y concluyó su homilía con una petición muy concreta: "Hagamos espacio dentro de nosotros a la Palabra de Dios. Leamos algún versículo de la Biblia cada día. Comencemos por el Evangelio;
mantengámoslo abierto en casa, en la mesita de noche, llevémoslo en
nuestro bolsillo o en el bolso, veámoslo en la pantalla del teléfono,
dejemos que nos inspire diariamente".
Antes, el Papa había reflexionado sobre los orígenes de la predicación de la Palabra de Dios: "Cómo, dónde y a quién Jesús comenzó a predicar".
¿Cómo? "Con una frase muy simple: «Convertíos,
porque está cerca el reino de los cielos»", lo cual constituye, dijo
Francisco, "el primer mensaje: Dios no está lejos, el que habita los
cielos descendió a la tierra, se hizo hombre. Eliminó las barreras,
canceló las distancias. No lo merecíamos: Él vino a nosotros, vino a
nuestro encuentro".
"Dios asumió nuestra humanidad porque nos ama y libremente quiere
darnos esa salvación que nosotros solos no podemos darnos", añadió, y
así entendemos su invitación directa a la conversión: “Convertíos”, es
decir, 'cambia tu vida. Cambia tu vida porque ha comenzado una nueva
forma de vivir: ha terminado el tiempo de vivir para ti mismo; ha comenzado el tiempo de vivir con Dios y para Dios, con los demás y para los demás, con amor y por amor".
Y ¿dónde comenzó Jesús su
predicación? Lo hizo "en las regiones que entonces se consideraban
'oscuras'... No desde el atrio del templo en Jerusalén, sino desde el
lado opuesto del país, desde la Galilea de los gentiles, desde un lugar
fronterizo. Comenzó desde una periferia".
Esto también es una enseñanza, señaló Francisco: "La Palabra que
salva no va en busca de lugares preservados, esterilizados y seguros.
Viene en nuestras complejidades, en nuestra oscuridad. Hoy, como
entonces, Dios desea visitar aquellos lugares donde creemos que no llega".
Por último, "¿a quién comenzó
Jesús a hablar?... Los primeros destinatarios de la llamada fueron
pescadores... personas comunes y corrientes que trabajaban... Habla a
los pescadores y usa un lenguaje comprensible para ellos. Los atrae a
partir de su propia vida. Los llama donde están y como son, para
involucrarlos en su misma misión". Quienes le siguieron respondieron a
la llamada "porque habían sido atraídos por el amor".
"Los buenos compromisos no son suficientes para seguir a Jesús", remató, "sino que es necesario escuchar su llamada todos los días.
Sólo Él, que nos conoce y nos ama hasta el final, nos hace salir al mar
de la vida... Por eso necesitamos su Palabra: en medio de tantas
palabras diarias, necesitamos escuchar esa Palabra que no nos habla de
cosas, sino nos habla de vida".
De ahí la necesidad de que "hagamos espacio dentro de nosotros a la
Palabra de Dios" y de que "leamos algún versículo de la Biblia cada
día": "Descubriremos que Dios está cerca de nosotros, que ilumina nuestra oscuridad y que nos guía con amor a lo largo de nuestra vida".
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