Santa que a los tres años de su muerte, pensó en colmar esta laguna
apareciéndose a una mujer enferma, y ordenándole que fuera en
peregrinación a la iglesita sobre el monte Pellegrino, un áspero
promontorio que cierra el golfo de Palermo y le dijo el lugar donde se
encontraban sus restos.
Los huesos hallados en una gruta excavada entre las piedras no tenían
ninguna inscripción que señalara su pertenencia. Al principio se pensó
que no se trataba de restos humanos. El arzobispo de Palermo,
Giannettino Doria, nombró una comisión de expertos, médicos y teólogos
se pronunció por la autenticidad de las reliquias.
Esto suscitó la devoción popular, y el Papa Urbano VIII, en 1630,
incluyó el nombre de la santa en el Martirologio Romano para el 15 de
julio y el 4 de septiembre. En ese mismo tiempo, y precisamente el 25
de agosto 1624, cuarenta días después del hallazgo de los huesos, dos
albañiles, mientras trabajaban en el convento dominico de San Esteban de
Quisquina, encontraron en una gruta una inscripción latina, muy
rudimental, que decía:
" yo Rosalia Sinibaldi, hija de las rosas del Señor, por amor de mi
Señor Jesucristo he decidido vivir en esta caverna de Quisquina».
Esto confirmaba en parte las tradiciones orales, recogidas por el
mismo Gaietani, que hablaban de Rosalia, que nació en Palermo y vivió
durante algunos años en la corte de la reina Margarita, esposa del rey
Guillermo I de Sicilia (1154-1166).
La reina le regaló el monte
Pellegrino, y Rosalia fue a vivir allí por la soledad que ofrecía.
Vivió haciendo penitencia, y allí murió después de haber peregrinado
por otros lugares más desiertos, siguiendo el ejemplo de los antiguos
anacoretas.
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