San JosuéSucesor de Moisés y conquistador de la Tierra Prometida
Josué es quizá el personaje más extraño de toda la Biblia Hebrea, aunque sólo sea por no tener mujer ni hijos. Tampoco Jeremías se casó; pero se debió a una experiencia personal, justificada en nombre de Dios. De Josué no se cuenta nada por el estilo.
Si nos atenemos al libro que lleva su nombre, el personaje
experimenta una impresionante transformación. Comienza como simple
"ayudante" de Moisés (Jos 1,1) y termina convertido, como Moisés, en
"siervo del Señor" (Jos 24,29). En algunos aspectos incluso supera a
Moisés: de él se dice que es el único hombre al que Dios obedeció (Jos
10,14), y en otro caso se lo presenta legislando. Como los patriarcas y
otros grandes personajes, muere a edad mítica, en este caso de ciento
diez años.
El carácter privilegiado del personaje se advierte en que Dios le
habla. En la "Historia Deuteronomista" (es decir, en Deuteronomio y los
libros que se relacionan con él, de Josué hasta Reyes), la fórmula "dijo
el Señor a..." se encuentra 68 veces. La mayor cantidad está en
Deuteronomio, referida a Moisés; pero a partir de Josué, Dios sólo habla
a un juez, Gedeón; a los profetas (Samuel, Jehú, Elias, Elíseo...), y a
dos reyes (David, generalmente respondiendo a sus consultas, y
Salomón). Con razón la tradición judía sitúa a Josué entre los "primeros
profetas".
Cuando el lector comienza ese conjunto que llamamos "Historia
Deuteronomista", se tiene una idea muy vaga de Josué. El Deuteronomio lo
menciona varias veces al comienzo y al final (Dt 1,38; 3,21;
31,3.7.14.23; 34,9). Sin embargo, no aportan nada sobre el pasado del
personaje (a excepción de que está al servicio de Moisés: 1,38), sólo
hablan de su tarea futura.
En los libros anteriores, en Éxodo y Números, se delinea mejor la
figura de Josué. Aparece por primera vez, de improviso, en Ex 17,8-16,
donde dirige la batalla contra los amalecitas, mientras Moisés ora por
el éxito del combate. En Ex 24,13 es el único que sube al monte con
Moisés, y le acompaña al bajar, cuando se oye el griterío de los que
adoran al becerro de oro (Ex 32,17).
La estrecha relación entre Moisés y Josué se subraya también en Ex
33,11 ("Josué hijo de Nun, su joven ayudante, no se apartaba de la
tienda"). Es Josué quien pide a Moisés que impida profetizar a Eldad y
Medad (Nm 11,28). En Nm 13,8, dentro de una lista de jefes enviados a
explorar el país cananeo, se le llama "Hoseas, hijo de Nun", y se dice
que pertenece a la tribu de Efraín; pocos versos después, quizá para
evitar equívocos, se indica que Moisés le cambió el nombre de Hoseas en
el de Josué (Nm 13,16).
A la vuelta de la expedición defiende, junto con Caleb, que la tierra
es buena y que el pueblo no debe rebelarse contra el Señor volviendo a
Egipto; por eso serán los únicos que sobrevivan de todos los
exploradores. Con Nm 27,15-23 llegamos al momento capital, cuando es
designado por Dios para suceder a Moisés. Junto con el sacerdote Eleazar
y los cabezas de familia de las tribus deberá actuar con los rubenitas y
gaditas según se comporten en la guerra (Nm 32,28), y con los mismos
personajes deberá llevar a cabo el reparto de la tierra (Nm 34,17).
A partir de los datos anteriores no es fácil trazar la figura
histórica del personaje, ya que proceden de tradiciones muy distintas.
Su persona se recordaba sobre todo en el Reino del Norte. La visión de
Josué en Éxodo parece seguir una antigua tradición que relaciona a Josué
con lugares sagrados (Ex 24,13a; 33,7-1 la) más bien que con batallas;
en cambio el Deuteronomio, que es el que desarrolla la presentación que
asocia a Josué con batallas (Ex 17,8-13), es el responsable último del
énfasis de Josué como guerrero. Su nombre varía.
Si nos atenemos a la tradición
contenida en Nm 13,16, su antiguo nombre era el de Hoseas (como el del
profeta y el del último rey de Israel); así se lo designa en Nm 13,8 y
Dt 32,44. Pero Moisés le habría cambiado el nombre en el de Josué. Ésta
es la designación más frecuente, a la que a menudo se añade "hijo de
Nun". En Neh 8,17 se lo llama "Jesús (Ioshua) hijo de Nun". Su misión
abarca dos aspectos principales, conquistar la tierra y repartirla, si
bien el segundo aparece en la tradición sacerdotal no como obra personal
de Josué sino como obra de Eleazar, Josué y los cabezas de familia.Su
figura nunca eclipsa a la de Moisés, incluso en el libro que lo tiene
como protagonista, y que comienza hablando de la muerte de Moisés (Jos
1,1), Moisés resulta ser el muerto más omnipresente que se puede
imaginar. 58 veces se lo lo mencionará, y en 18 de ellas con el título
honorífico de "siervo de Yahvé". Moisés ha muerto, pero sigue presente a
través de su ley (1,7; 8,31.32; 23,6), sus acciones (1,14; 12,6;
13,8.12.15.21.24. 29.32.33; 18,7; 22,7) y sus órdenes (1,13; 4,10.12;
8,31.33.35; 11,12.15) que vienen de Dios (ll,15[bis].20; 14,2.5; 22,9).
Es el punto de referencia para Dios (1,5; 3,7; 20,2), para los hombres
(1,17; 17,4; 21,2) y para el narrador (4,14; 11,20.23; 21,8). Esta
omnipresencia parece traumatizar a su sucesor.
En su primera intervención, a las tribus de Transjordania, Josué
menciona a Moisés en tres ocasiones (1,13.14.15), como si no se sintiese
seguro de su propia autoridad. Y otras tres cuando despide a esas
mismas tribus al final del libro (22,2.4.5). Sin embargo, esta
preeminencia de Moisés hay que matizarla, como dijimos antes, con los
textos que hablan de un papel cada vez más preponderante de Josué, que
culmina hacia el final del libro, en el que su grandeza se reconoce sin
ambigüedad: "Después de estos acontecimientos, murió Josué, hijo de Nun,
siervo de Yahveh, a la edad de ciento diez años". (Jos 24,29).
Artículo originalmente publicado por evangeliodeldia.org
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