Estamos estrenando la segunda fase de la desescalada. Por fin los núcleos familiares pueden salir unidos, ambos padres con sus hijos, y disfrutar juntos del aire y el sol. Con la distancia de seguridad y sin muestras físicas de afecto, siempre que estén en la misma provincia, se puede visitar también a los abuelos.

Para los que ya no estén y tal vez no hayamos podido despedirnos de ellos, dediquemos algún recuerdo agradecido por el mucho bien que nos han hecho, por la herencia espiritual que nos han dejado, por todo el amor que nos han dado. Sigamos su modelo en aquello que nos ha ayudado.

Es también el momento de agradecer y disfrutar de los que están aquí. Y de perdonar y disculpar los momentos de tensión o los deterioros que el largo confinamiento haya podido causar. Muchos de ellos remitirán con la vuelta paulatina a la normalidad. Seamos pacientes. Respetemos los tiempos de cada uno.

Sigamos convirtiendo esta situación en tiempo de esperanza hacia el cambio, conversión hacia una humanidad más plena, donde el otro nos importe sobre todo porque es una persona; donde la familia se convierta en el núcleo de nuestra vivencia como comunidad, y, sintiendo a toda la humanidad como el pueblo elegido y llamado a la Salvación, veamos al otro, cercano y no tan cercano, como un hermano en quien confiar y a quien amar.

Seguirá habiendo momentos de dificultad y de desencuentro: forma parte del proceso de convivencia.  No os desesperéis. Los recursos psicológicos de las personas son grandes. Pero cuando la situación os supere y necesitéis la ayuda de una tercera persona, podéis contactar con nosotros. A partir de la próxima semana comenzaremos a retomar las sesiones presenciales. Nuestro teléfono es: 620 880 184.
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Foto: Miguel Castaño
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