«Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra. Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos».

Hoy celebramos la solemnidad de la Ascensión del Señor. Por su muerte y resurrección, por su obediencia al Padre, se le ha dado todo poder en el Cielo y en la Tierra. Nos da un mandato: hacer discípulos, es decir, que todo el mundo tenga la inmensa alegría de conocer el Amor de Dios. Y nos promete que estará con nosotros todos los días… Sí, Jesús se va como Hombre al Cielo, pero no nos deja solos: está con nosotros en la Eucaristía y por medio del Espíritu Santo, que obra en nuestras almas. Y… ¡algún día volverá! Nos llevará a su lado para reinar con Él por toda la eternidad.
  1. Gonzalo Mazarrasa Algún día vendrá  https://youtu.be/JmM8XqAwogY

Hoy celebramos la Solemnidad de la Ascensión del Señor. Una celebración cuyas huellas son evidentes ya desde el siglo IV. En el Credo de los Apóstoles se la menciona con estas palabras: “Jesús ha ascendido al Cielo, se sienta a la derecha del Padre. Y nuevamente vendrá, en gloria, a juzgar a los vivos y a los muertos, y su reino no tendrá fin». El episodio está bien descrito en los Evangelios de Marcos y Lucas y en los Hechos de los Apóstoles. El Papa Francisco nos insta a todos a ser «testigos generosos de Cristo Resucitado«, conscientes de que Él, yendo al cielo, no abandona a nadie; de hecho, «siempre está con nosotros y nos apoya en el camino».

La Ascensión es preludio de Pentecostés y, de alguna manera, marca el comienzo de la historia y misión de la Iglesia en medio de la humanidad. Escribe el Papa Francisco: «Se trata de ser hombres y mujeres de la Ascensión, es decir, buscadores de Cristo en los caminos de nuestro tiempo, llevando su Palabra de salvación a los confines de la tierra. En este itinerario nos encontramos con Cristo en los hermanos, especialmente en los más pobres. Al igual que, al principio, Cristo Resucitado envió a sus apóstoles con la fuerza del Espíritu Santo, así nos envía hoy a todos, con la misma fuerza, a poner signos concretos y visibles de esperanza. Jesús fue al Cielo, y abrió las puertas del Cielo y la esperanza de que llegaremos allí».

El Papa nos pide extraer de este episodio el impulso para ir al Cielo, conocer a Cristo más de cerca y contarle a los hombres sus obras y sus maravillas: «Jesús, antes de irse, dice: ‘Ve al mundo y haz discípulos’. Ve: el lugar del cristiano es el mundo para anunciar la Palabra de Jesús, para decir que somos salvados, que Él vino para darnos gracia, para llevarnos a todos con Él ante el Padre». ¡Ven Espíritu Santo! ¡Derrama en nosotros el impulso a hacer discípulos por todo el mundo! ¡Haznos anunciadores del Evangelio!
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