Este miércoles 27 de octubre, a las ocho y media de la tarde (ya
noche) se presentó en Sala de Prensa el Documento Final del Sínodo sobre
los Jóvenes y el Discernimiento Vocacional (la XV Asamblea General
Ordinaria del Sínodo de los Obispos).
El documento, en italiano, cuenta con 167 puntos. Cada punto fue votado por separado
y logró la aprobación de al menos dos tercios de los padres sinodales
presentes en la sala. En total eran 268, de los que estaban presentes
249, así que cada punto requería al menos 166 votos.
[El documento completo en italiano, con los votos de cada párrafo, aquí en Vatican.va]
Estos son los puntos que obtuvieron más votos en contra:
- el 150, sobre acompañamiento en la fe de las "personas homosexuales": 65 votos en contra, 178 a favor
- el 121, sobre “la forma sinodal de la iglesia”: 51 votos en contra
- el 39, sobre “las preguntas de los jóvenes”: 43 votos en contra
- el 3, sobre “el documento final de la asamblea sinodal”: 43 votos en contra.
- el 121, sobre “la forma sinodal de la iglesia”: 51 votos en contra
- el 39, sobre “las preguntas de los jóvenes”: 43 votos en contra
- el 3, sobre “el documento final de la asamblea sinodal”: 43 votos en contra.
- el 148, sobre “la mujer en la Iglesia sinodal”: 38 votos en contra
Evidentemente, en un documento con 167, los temas tratados son
muchos: la vocación, las relaciones entre generaciones, la colonización
cultural, el mundo del trabajo, la liturgia, la pastoral juvenil, el
papel de la mujer en la Iglesia, la sexualidad, el escándalo de los
abusos, las persecuciones, la espiritualidad o la importancia de la
formación, en especial la de los seminaristas.

Los auditores, muchos de ellos jóvenes, participan en el Sínodo aunque sin voto
Sexualidad: buscar trabajadores pastorales creíbles
En el punto 149 se indica que la Iglesia trabaja “para transmitir la
belleza de la visión cristiana de la corporeidad y de la sexualidad". Se
piden modalidades más adecuadas para transmitirla. “Se necesita
proponer a los jóvenes una antropología de la afectividad y de la
sexualidad capaz también de dar el valor justo a la castidad”. Para ello, “es necesario cuidar la formación de los trabajadores pastorales para que sean creíbles, a partir de la maduración de su propia dimensión afectiva y sexual”.
Acompañamiento a "personas homosexuales"
El punto 150, aunque habla de "personas homosexuales", considera "reductivo" definir a una persona por su "orientación sexual".
Hay que tener en cuenta que el Catecismo sí usa la expresión "personas homosexuales" (párrafo 2359: "Las personas homosexuales están llamadas a la castidad"). Pero el Catecismo nunca usa la expresión "orientación sexual". El Catecismo habla sólo de "atracción" y de "actos".
En su párrafo 2357 dice: "La homosexualidad designa las relaciones
entre hombres o mujeres que experimentan una atracción sexual, exclusiva
o predominante, hacia personas del mismo sexo. [...] La Tradición ha
declarado siempre que los actos homosexuales son intrínsecamente desordenados".
El documento del Sínodo afirma en este párrafo que “Dios ama a cada
persona, y así lo hace la Iglesia, renovando su compromiso contra toda
discriminación y violencia por motivos sexuales”. “Igualmente, reafirma
la determinante relevancia antropológica de la diferencia y de la reciprocidad entre el hombre y la mujer, y considera reductivo definir la identidad de las personas a partir, únicamente, de su orientación sexual”.
En este sentido, pone el acento en que “ya existen en muchas comunidades cristianas caminos de acompañamiento en la fe de personas homosexuales: el Sínodo recomienda favorecer tales recorridos”.
La sexualidad ha sido uno de los puntos más debatidos en los trabajos
del Sínodo, aunque los padres sinodales recordaron en todo momento que no se trata de un Sínodo sobre sexualidad, sino sobre los jóvenes.

La mujer: su espacio en las tomas de decisiones
Dos veces se habla de mujeres en "procesos de toma de decisiones": en el párrafo 13 y el 148.
El punto 13 indica que la diferencia entre hombres y mujeres “puede
ser un ámbito en el cual nacen formas de dominio, exclusión y
discriminación, de los cuales la sociedad y la Iglesia misma necesitan
liberarse”.
Hace hincapié en que entre los jóvenes existe la voluntad de “que
haya un mayor reconocimiento y valoración de la mujer en la sociedad y
en la Iglesia”. “Muchas mujeres desempeñan un papel insustituible en la
comunidad cristiana, pero en muchos lugares hay una resistencia a otorgarles su espacio en los procesos de toma de decisiones, incluso cuando no se exige de forma específica una responsabilidad ministerial”.
Se lamenta, además, que “la ausencia de la voz y de la mirada
femenina empobrece el debate y el camino de la Iglesia, sustrayendo al
discernimiento una contribución preciosa”. Por ello, “el Sínodo
recomienda que todos sean más conscientes de la urgencia de un cambio
ineludible, también a partir de una reflexión antropológica y teológica
sobre la reciprocidad entre hombres y mujeres”.
Asimismo, en el punto 148 se subraya que “la presencia femenina en
los órganos eclesiales a todos los niveles, también en funciones de
responsabilidad, y la participación femenina en los procesos de toma de decisiones eclesiásticas, con respeto al papel del ministerio del orden sacerdotal”, “se trata de un deber de justicia”.

Vocación: tiempo para discernir, hay muchos caminos
El punto 77 dice que la vocación “comporta un largo viaje”. “La palabra del Señor exige tiempo para ser comprendida e interpretada;
la misión a la que se ha sido llamado se desvela gradualmente”. “Para
acoger en profundidad el misterio de la vocación que encuentra en Dios
su origen último, estamos llamados a purificar nuestro imaginario y
nuestro lenguaje religioso, reencontrando la riqueza y el equilibrio de
nuestra narración bíblica”, se dice en el punto 78.
El Documento también llama a "una verdadera y específica cultura
vocacional y un constante compromiso de oración por las vocaciones”.
El punto 88 habla de la vida consagrada y afirma que “la misión de
muchos consagrados y consagradas que se entregan a los últimos en las
periferias del mundo manifiesta concretamente la dedicación de una
Iglesia en salida”.
“Si en algunas regiones se experimenta la reducción numérica y la
fatiga del envejecimiento, la vida consagrada continúa siendo fecunda y
creativa también por medio de la corresponsabilidad con tantos laicos que comparten el espíritu y la misión de los diferentes carismas”.
En el punto 89 se destaca que “la Iglesia siempre ha tenido un particular cuidado por las vocaciones al ministerio del orden sacerdotal, en la conciencia de que este último es un elemento constitutivo de su identidad y necesario para la vida cristiana”.
Por tal razón, “siempre ha cultivado una atención específica por la
formación y el acompañamiento de los candidatos al presbiterato. La
preocupación de muchas Iglesias por su descenso numérico hace necesaria
una renovada reflexión sobre la fascinación sobre la persona de Jesús y
de su llamada a hacerse pastores de su rebaño”.
Además, el Sínodo también reconoce que la condición de soltero, situación que “puede depender de muchas razones,
voluntarias o involuntarias, y de factores culturales, religiosos y
sociales”, “asumida en una lógica de fe y de entrega, puede derivar en muchos caminos por medio de los cuales actúa la gracia del bautismo y dirige hacia esa santidad hacia la que todos estamos llamados”.
Abusos: medidas rigurosas de prevención
El tema de los abusos de poder, económicos, de conciencia y sexuales
en el seno de la Iglesia también tiene una importante presencia en el
Documento Final. En el punto 29 se reconoce que “los diversos tipos de
abusos cometidos por algunos obispos, sacerdotes, religiosos y laicos
provocan en aquellos que son víctimas, entre los que hay muchos jóvenes,
sufrimientos que pueden durar toda la vida”.
Se recuerda que ese fenómeno “está extendido en la sociedad, afecta
también a la Iglesia y representa un serio obstáculo para su misión. El
Sínodo reitera su firme compromiso para la adopción de medidas rigurosas de prevención
que impidan el que se repita a partir de la selección y de la formación
de aquellos a los que se confiarán responsabilidades educativas”.
El Sínodo pide actuar en la raíz del problema (punto 30): “el deseo
de dominio, la falta de diálogo y de transparencia, las formas de doble
vida, el vacío espiritual, así como la fragilidad psicológica”. También
agradece a quienes “tienen la valentía de denunciar este mal rápidamente: ayudan a la Iglesia a tomar conciencia de lo que ha sucedido y de la necesidad de actuar con decisión”.
Formación al sacerdocio, pastoral juvenil y matrimonio
La formación de los futuros sacerdotes y consagrados es “un desafío
importante para la Iglesia”. No solo basta elegir formadores
“culturalmente preparados”, sino capaces de “relaciones fraternas, de
una escucha empática y de profunda libertad interior”.
Además, pidieron que la formación tenga presente la experiencia previa de los candidatos
al sacerdocio o vida consagrada. Indicaron que ignorarla afecta el
crecimiento de la persona y el desarrollo de los dones de Dios y la
conversión del corazón.
El documento afirma que muchos jóvenes han expresado el deseo de “conocer mejor su fe” a través “del descubrimiento de las raíces bíblicas, comprender el desarrollo histórico de la doctrina, el sentido de los dogmas, la riqueza de la liturgia”.
Además, el Sínodo alienta a las Iglesias particulares, a las
congregaciones religiosas, movimientos y otras realidades eclesiales, a “ofrecer a los jóvenes una experiencia de acompañamiento en vista al discernimiento”. Tal experiencia “se puede calificar como un tiempo destinado a la maduración de la vida cristiana adulta”, afirmó.
Igualmente se alienta a acompañar a los novios en el “camino de
preparación al matrimonio”, para que cuenten con “los elementos
necesarios para recibir (el sacramento) con las mejores disposiciones” e
iniciar con solidez la vida familiar. El acompañamiento, indicaron los
padres sinodales, debe seguir sobre todo en los primeros años del
matrimonio, ayudándolos a formar “parte activa de la comunidad
cristiana”.
Migraciones: expectativas irreales y duras decepciones
“La preocupación de la Iglesia se dirige, sobre todo, hacia aquellos
que escapan de la guerra, de la violencia, de las persecuciones
políticas y religiosas, de los desastres naturales producidos por los
cambios climáticos y de la pobreza extrema”, afirma el texto.
En general, los migrantes dejan sus países para buscar “oportunidades
para ellos y para sus familias”. Sin embargo, en el camino quedan
expuestos a la violencia y la vulnerabilidad. Muchos parten de una
visión idealizada de la cultura occidental, “nutriéndola a veces de expectativas irreales que los exponen a duras decepciones”.
En especial, los padres sinodales llamaron la atención sobre “la particular vulnerabilidad de los migrantes menores no acompañados”.
También lamentan en el Documento Final que, en algunos países de
destino, “los fenómenos migratorios suscitan alarmas y miedos, con
frecuencia fomentados y explotados con fines políticos. Se difunde así
una mentalidad xenófoba, de cierre, de repliegue sobre uno mismo, que es necesario rechazar con decisión”.

Liturgia: celebrar con noble sencillez
“La celebración eucarística –dice el punto 134– es generadora de la
vida de la comunidad y de la sinodalidad de la Iglesia. Es lugar de
transmisión de la fe y de formación a la misión”. Se reafirma con
claridad “que el compromiso a celebrar con noble sencillez y con
la implicación de los diferentes ministerios laicales, constituye un
momento esencial de la conversión misionera de la Iglesia”.
“Los jóvenes han mostrado que saben apreciar y vivir con intensidad celebraciones auténticas en las que la belleza de los signos,
el cuidado de la predicación y la implicación comunitaria hablan
realmente de Dios”. Por lo tanto, “es necesario favorecer su
participación activa”.
Se anima a que los jóvenes descubran “el valor de la adoración
eucarística como una prolongación de la celebración, en la cual vivir la
contemplación y la oración silenciosa”.
Sinodalidad: participación de todos los bautizados
En el Documento se subraya, en el punto 119, una llamada a "practicar
la sinodalidad como un modo de ser y de actuar, promoviendo la
participación de todos los bautizados” y afirma "la importancia de una
forma sinodal de la Iglesia para el anuncio y la transmisión de la fe”.
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