El Papa Francisco ha concluido este miércoles sus catequesis
sobre los diez mandamientos, y por ello quiso hacer un recordatorio de
lo que ha estado enseñando durante las últimas semanas.
“Brota en nosotros un sentimiento de gratitud a Dios, que nos ha amado primero, y se ha dado totalmente sin pedirnos nada a cambio”, dijo el Papa.
Precisamente ese amor –agregó Francisco- “invita a la confianza y a la obediencia, y nos rescata del engaño de las idolatrías,
del deseo de acaparar cosas y dominar a las personas, buscando
seguridades terrenales que en realidad nos vacían y nos esclavizan. Dios
nos ha hecho sus hijos, ha colmado nuestro anhelo más profundo, siendo
él nuestro descanso”.
La gratitud
Recapitulando, el Papa recordó que “hemos partido de la gratitud como base de la relación de confianza y obediencia:
Dios no pide nada antes de haber dado mucho más. Nos invita a la
obediencia para redimirnos del engaño de las idolatrías que tienen tanto
poder sobre nosotros. En efecto, buscar nuestra propia realización en
los ídolos de este mundo nos vacía y nos esclaviza, mientras que lo que
nos da estatura y sustancia es nuestra relación con Aquel que, en
Cristo, nos hace hijos a partir de su paternidad”.
Según recoge Vatican News,
la realización de la persona, señaló el Papa Francisco, implica un
proceso de bendición y liberación, que son el auténtico descanso. “Esta
vida liberada se convierte en acogida en nuestra historia personal y nos
reconcilia con lo que hemos vivido desde la infancia hasta el presente,
haciéndonos adultos y capaces de dar la debida importancia a las
realidades y a las personas de nuestras vidas. Por este camino entramos en relación con el prójimo
que, a partir del amor que Dios manifiesta en Jesucristo, es una
llamada a la belleza de la fidelidad, la generosidad y la autenticidad”.

El Santo Padre añadió que “al liberarnos de la esclavitud de los deseos mundanos,
podemos así recomponer nuestra relación con las personas y las cosas
siendo fieles, generosos y auténticos. Es un nuevo corazón, inhabitado
por el Espíritu Santo que se nos da a través de su gracia, el don de
unos deseos nuevos que nos impulsa a una vida auténtica, adulta,
sincera”.
Los mandamientos cumplidos en Cristo
¿Cómo se realiza este trasplante de corazón, del corazón viejo al
corazón nuevo? Por el don de los deseos nuevos, que se siembran en
nosotros por la gracia de Dios, sobre todo por los Diez Mandamientos
llevados a cumplimiento por Jesús, como Él enseña en el “Sermón de la Montaña”.
“De hecho, en la contemplación de la vida descrita por el Decálogo –
precisó el Pontífice – es decir, una vida agradecida, libre, auténtica,
bendecida, adulta, vigilante y amante de la vida, fiel, generosa y
sincera, nosotros, casi sin darnos cuenta, nos encontramos ante Cristo. El Decálogo es su radiografía, la describe como un negativo fotográfico que deja aparecer su rostro, como en la Sábana Santa.
Y así el Espíritu Santo fecunda nuestro corazón poniendo en él, los
deseos que son su don, los deseos del Espíritu. Desear según el
Espíritu, desear al ritmo del Espíritu, desear con la música del
Espíritu”.
“En Cristo, y sólo en Él, el Decálogo deja de ser condenación y se convierte en la auténtica verdad de la vida humana,
es decir, el deseo de amor, de alegría, de paz, de magnanimidad, de
benevolencia, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio”, quiso
explicar el Papa.
Cuando el hombre sigue el deseo de vivir según Cristo, entonces está
abriendo la puerta de la salvación, que sólo puede venir, porque Dios
Padre es generoso y, como dice el Catecismo, “tiene sed de que nosotros tengamos sed de Él”.
“Si son los malos deseos los que arruinan al hombre – agregó el Papa –
entonces, el Espíritu pone sus santos deseos en nuestros corazones, que
son la semilla de una nueva vida. La vida nueva no es el esfuerzo
titánico por ser coherente con una norma, sino la vida nueva es el mismo
Espíritu de Dios que comienza a guiarnos hacia sus frutos, en una feliz
sinergia entre nuestra alegría de ser amados y su alegría de amarnos.
Se encuentran los dos gozos: la alegría de Dios de amarnos y nuestra
alegría de ser amados”.
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