
Buena parte de su experiencia de muchas décadas dirigiendo ejercicios
y acompañando a laicos en su camino espiritual le han llevado a
formular en Famille Chrétienne ocho sencillos consejos "para aprovechar mejor" esos momentos.
1. Si es posible, elige un lugar que te guste, pero no te sientas obligado a irte al fin del mundo; uno puede apartarse de todo y retirarse sin ir muy lejos.
2. Hazlo esencialmente para agradar a Dios. Es Él quien
será el más feliz durante esos días que dedicas el tiempo a escucharle
decir que te ama y lo mucho que valora tu amor. Será tanto más feliz si
lo haces solo por Él. Así nunca te sentirás decepcionado, porque en caso
de que te aburras durante el retiro, ¡Él estará en cualquier caso
encantado de verte allí!
3. Si el predicador no te gusta, no dudes en ir a verle lo antes posible. Dile con sencillez las razones de tu disgusto: es muy probable que ese encuentro te reconcilie con su forma de ser.
4. No esperes sentir grandes arrebatos en tu oración. Puede que
lleguen, pero no son necesarios. Lo esencial es adoptar o retomar el
hábito de hablar a Dios con la simplicidad de un niño, y de tener
la alegría de encontrar las actitudes fundamentales que debemos tener
ante Él: confianza, abandono, alabanza, adoración, contrición, ofrenda,
intercesión, etc.
5. Desde el comienzo del retiro, escribe en un papel grande (o mejor, en un cuaderno) todas las razones que tienes para dar gracias a Dios
por los innumerables regalos que te ha hecho desde que naciste. Dedica a
ello un tiempo amplio, y comprenderás mejor por qué en cada misa se te
invita a cantar que es “justo y necesario” dar gracias “siempre y en
todo lugar” a tu Creador y Padre.
6. Si tienes alguna gran preocupación, o un rencor que no consigues disipar, busca en tu Biblia los pasajes que te permitirán vivir de otra forma
esas pruebas o esa tentación, iluminándolas con la Buena Nueva del
Evangelio. Si es preciso, pide que alguien te ayude a hacer este
descubrimiento y a vivirlo.
7. Aunque el retiro no tenga lugar en un completo silencio –lo
que creo que sería ideal-, mantén el silencio lo más posible entre una
charla y otra, aunque solo sea para recibir la sorpresa que el Señor
quiere hacerte durante el camino. Llegará cuando no te la esperes:
durante una homilía que en principio parecía banal, durante un paseo o
durante una comida… ¡Espérala con confianza! ¡No te defraudará!
8. En tu última confesión al final del retiro, haz una resolución concreta que pondrás en práctica desde el día siguiente
del retiro, en particular sobre el momento de oración personal que
decidirás incluir en todas tus jornadas. Entonces tu retiro será una
etapa importante en tu camino hacia la santidad. ¡Y tus amigos tendrán
ganas de hacer uno también!
Traducción de Carmelo López-Arias.
ReligiónenLibertad