El “Mayo del 68 fue la revolución sin futuro”, una revolución
“atípica porque no deseaba una toma directa del poder y no es hija de la
miseria sino de la abundancia que había en todo Occidente”. Así ha
caracterizado Francisco José Contreras, Catedrático de Filosofía del
Derecho de la Universidad de Sevilla, en su ponencia dentro del Congreso
Mayo del 68 que se está celebrando estos días en la Universidad Francisco de Vitoria
y que llevaba por título “¿Qué define mi identidad? Naturaleza,
libertad, cultura”. Una ponencia en la que recorrió las influencias
filosóficas que condujeron al levantamiento de los estudiantes del
barrio latino de París y algunas de sus consecuencias.
El profesor Contreras explicó en su inicio que el mayo del 68 fue una
revolución de los “hijos de la abundancia”, de una generación en la que
ya no había miseria en Francia, de hecho se produce en el marco de los
“30 años gloriosos de Francia”, es decir aquellos que van desde 1945
hasta 1975. Es una revolución en la que los hijos dicen a sus padres que
no quieren esa felicidad que tanto les ha costado conseguir después de
lo que sufrió Francia a lo largo del siglo XX. Son unos “hijos de papá”
que ven “monótona e insufrible la experiencia que sus padres han
previsto para ellos, y en donde evitar morir de hambre se consigue
muriendo de aburrimiento”.
En una ponencia trabajada y profunda hizo referencia a los dos polos
que convergieron en el mayo 68: “El polo cultural libertario que aboga
por una revolución cultural, una revolución que pone en cuestión los valores, la forma de vivir y las instituciones de la sociedades avanzadas”.
A cambio quieren una revolución sexual, se oponen a la educación
tradicional y lo que buscan es “cambiar ya la vida sin esperar al gran
día de la revolución”.
Por otro lado, está el polo neo leninista. Es el de la izquierda
clásica y tradicional, la de los trotskistas y maoístas, los que
proponen la lucha de clases. Una revolución que sí propone la toma del
poder. Sin embargo, explicó el profesor Contreras, estas dos corrientes
después de mayo del 68 se separan. La de izquierda radical acaba
fragmentándose en grupos que no alcanzan ningún tipo de representación
parlamentaria, y en sus facciones más radicales dan origen a grupos
terroristas como ETA en España, las Brigadas Rojas en Italia, y la Baader-Meinhoff en Alemania.
En ese mundo de las ideas filosóficas y que influyen en mayo del 68 se encuentran nombres como el del marxista italiano Antonio Gramsci.
Él entiende que, para que la revolución tenga éxito, primero debe haber
una revolución cultural que llegue a la universidad, la prensa, el cine
e, incluso, la Iglesia. También está la Escuela de Frankfurt y su
adhesión a las ideas de Marx y Freud, los filósofos de la sospecha.
Marcuse, por su parte, señala que la clase obrera ya no es el
sujeto de la revolución y éste lo encuentra en el feminismo, en los que
sufren racismo, en los homosexuales… Es cierto que, en el caso del
feminismo, las mujeres habían alcanzado en aquella época prácticamente
todos los objetivos del feminismo clásico, pero ahora se ve el
matrimonio y la maternidad como alienantes. Es más, incluso, el hecho de
ser mujer se ve como opresivo, con lo que se pasa del sexo al género.
Consecuencias del Mayo del 68
Son muchas las consecuencias que se dieron con el Mayo 68. Lo primero
que se ve, según explicó Contreras, es el triunfo de su faceta
cultural, esa que cuestiona toda estructura tradicional y cuyo objetivo
de desnormativizar la sociedad. Y por lo mismo viene el fracaso
de su faceta marxista clásica. De hecho resulta sorprendente como el
capitalismo ha sabido asumir las innovaciones culturales. El capitalismo
supo encontrar un nuevo nicho en la juventud y, con cierta sorna, habló
de la “Moda hippie en El Corte Inglés”. No fue, por tanto, una
revolución socioeconómica. De hecho, la izquierda aunque hizo su trabajo
de colonización cultural, tal y como pedía Gramsci, fracasó. E,
incluso, la izquierda actual ya no tiene su foco en la clase obrera. Hay algunos pensadores que también han señalado entre las consecuencias el beneficio que supuso para el capitalismo la desaparición de la identidad de la clase obrera.
Si triunfó, en cambio, el “individualismo total”, es decir todo lo contrario a la revolución social. El
“individualismo total” no reconoce ninguna deuda con la cultura que
viene del pasado, pero tampoco está en deuda moral con las generaciones
que han de venir en el futuro. Este hiper individualismo no espera
ningún tipo de futuro glorioso, y queda como flotando en el vacío
histórico con una autonomía absoluta y en donde el sujeto se da la ley a
sí mismo. Y como defiende Gilles Lipovetsky, con el mayo del 68 el
individualismo liberal es llevado a su máxima expresión puesto que llega
a la esfera privada.
Entre las consecuencias que el profesor ha puesto sobre la mesa ha
sido que “vivimos hoy con una herencia inconsciente del 68, que ha ido
permeando nuestra atmósfera social hasta convertirse en la moral
dominante de la sociedad actual”, y no augura un futuro demográfico
positivo: “El legado del 68 nos aboca a un futuro insostenible como sociedad: pocos jóvenes y muchos viejos”.
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