El Congreso Internacional “50 años de mayo del 68. Una época de
cambios, un cambio de época” ha concluido esta mañana con una
conferencia de Fabrice Hadjadj, brillante y provocador pensador
católico, que ha intervenido en el Aula Magna de la Universidad Francisco de Vitoria
con una conferencia titulada “La restauración de la carne”. En ella ha
reivindicado el papel de la carne frente a filosofías espiritualistas,
puesto que la carne es el lugar en donde descubre la miseria y de la
misericordia, la donación y perdón, y que Dios usó para la salvación del
hombre.
Hadjadj se ha negado a mirar el pasado con nostalgia afirmando que
por algo “Dios me ha puesto aquí y ahora, en este tiempo, con una misión
concreta”. De hecho comentó que él es hijo de padres del 68, incluso militantes maoístas.
Ya previamente, el presentador de Fabrice Hadjadj en el Congreso, el
profesor Angel Barahona, lo había comentado al igual que es converso del judaísmo y tiene 8 hijos.
El pensador francés comento que el mayo del 68 trajo también cosas positivas, al menos de forma indirecta: “Necesitamos herejías para ayudarnos a crecer. El Mayo 68 nos ayudó a plantearnos preguntas más profundas sobre épocas anteriores”. “El 68 es un síntoma, no es el problema en sí mismo
-explicó-. La cultura de la muerte ya existía antes del 68. Y existía
en familias católicas”, y señaló el ejemplo clásico de la hija que se
queda embazada fuera del matrimonio. Situaciones de estas eran vistas
como una desgracia: ya entonces era la cultura de la muerte.

Fabrice Hadjadj, durante su presentación en el Congreso
Lo mismo sucede con la ideología de género. Es también un síntoma
o una consecuencia del algo anterior y explosiona ahora. La realidad es
que las mujeres han llevado un combate de un problema que ya existía
antes y que comienza con el liberalismo, al cual no le importa los
hombres o las mujeres, sino solo que haya personas que trabajen. Se
trata, por tanto, de una sociedad sin sexo o con un solo sexo, y en
donde se olvida la diferencia sexual.
De hecho en la Iglesia sucede algo similar. Dios se plantea siempre
en masculino y los creyentes en femenino. En nuestra relación con Dios,
él toma la iniciativa de acercarse y los fieles lo hacen como acogida,
luego Dios es visto en clave masculina y los fieles en femenino.
Hoy como en mayo del 68 –ha subrayado Hadjadj- se sigue escribiendo
en los muros, aunque los nuevos muros son los de Facebook y Twitter. Es
sorprendente, eso sí, que hayamos pasado de una liberalización extrema de la sexualidad a querer controlarlo todo, a la hipervigilancia del acto sexual.
Y, en este sentido, ha puesto el ejemplo de una aplicación para móvil
dedicada a contactos en el que cada perfil detalla qué parte del cuerpo
se puede tocar y cual no: para cual sí se da un consentimiento, y para
cual no. En el marco de la revolución sexual del 68 se ha pasado de la
liberalización sexual “a meter al notario en la relación íntima”, con
una total “hipervigilancia”.
Dentro de estas paradojas también habló que la liberalización sexual lo que realmente hace es convertir a la mujer en objeto.
En 1967, en Francia, se legalizan los anticonceptivos con la idea de
controlar la sexualidad, pero lo que verdaderamente consigue es someter a
la mujer a la tecnología con las graves consecuencias que tiene y que
ya se han presentado en este mismo congreso.
Hadjadj ha concluido haciendo un alegato en favor de la carne. La carne es donde se da la donación y la apertura, es donde se dan los sentimientos,
donde descubrimos el mundo exterior y a uno mismo. Es también el lugar
de la vulnerabilidad, y en donde se produje el dolor y el placer.
Podemos tener una buena relación con la carne, explicó Hadjadj,
sobre todo después de conocer el misterio de la Encarnación y la
Resurrección de Cristo. La carne es el lugar de la miseria y de la
misericordia, no como los ángeles caídos con los cuales no hubo
misericordia. El cuerpo es, por tanto, el lugar de la donación y perdón.
De la actual crisis antropológica del mayo del 68 no podemos salir
con el espiritualismo ni de la mano de ningún tipo de filosofía, hay que
restablecer la esperanza en las personas y entender que si el Verbo se hizo carne, es porque la carne es buena.
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