La
Iglesia cuenta desde hace poco con un nuevo sacerdote, un joven que ha
decidido dejar trabajo, vida y familia para entregarse al servicio de
las almas. Pero este tiene una particularidad: su linaje aristocrático. Johannes de Habsburgo,
hijo del archiduque Rudolf, estudió en los mejores colegios e incluso
inició su carrera profesional en una entidad financiera de París. Sin
embargo, ha acabado encontrando la felicidad en el seno de una
fraternidad creada en Suiza en 1996. José María Ballester Esquivias ha hablado con él para este reportaje en Alfa y Omega:
Un Habsburgo se hace cura
Johannes de Habsburgo no es el primer joven que abandona una
prometedora carrera secular por el sacerdocio. Sin embargo, un apellido
íntimamente vinculado a la cristiandad europea, su pertenencia a una
familia espiritual de reciente creación, así como la contundencia de su
compromiso –"Jesús es la única razón por la que me ordeno"– otorgan
singularidad a su caso.
El itinerario espiritual que Johannes de Habsburgo comenzó hace doce
años en la Fraternidad Eucharistein culminó el 16 de junio con su
ordenación sacerdotal en la localidad suiza de San Mauricio, lugar de
martirio del santo del mismo nombre. El joven presbítero –tercero de los ocho hijos de los archiduques Rudolf y Hélène de Austria–
jamás padeció crisis de fe alguna. Antes al contrario: según cuenta a
Alfa y Omega, "de niño ya estaba atormentado por el mal que invade
nuestro mundo; de adolescente, me escandalizó una profesora de Inglés al
decirme que no se podía cambiar el mundo: ¡jamás hubiera aceptado
sumirme en ese tipo de desesperanza!".

Cuando el archiduque tenía 16 años, dos libros le arrojaron luz sobre la alegría posible –"incluso en el corazón de la miseria",
precisa– y también sobre su propio egoísmo, lo que hizo entender que
solo hay dos vías en cada cosa: el repliegue sobre uno mismo o la
entrega. El primer libro fue La ciudad de la alegría, de Dominique
Lapierre; el segundo, una biografía de su bisabuela, la emperatriz Zita
(1892-1989), a la que Johannes, nacido en 1981, conoció en su infancia.
La figura de la emperatriz es inseparable de la de su marido, el beato
emperador Carlos (1887-1922). De la trayectoria de sus bisabuelos, el
padre Johannes destaca que "sus vidas fueron entregadas al servicio de los pobres y de la paz,
cuando podrían haber vivido de forma bien distinta, como príncipes;
para mí representan el ejemplo mismo de la nobleza del corazón".
"Preocupado por mí mismo"
El beato emperador practicó esa virtud al llegar exiliado a Madeira
en noviembre de 1921, cinco meses antes de su muerte, cuando se
encomienda a Dios, su único salvador, "en medio de las traiciones, de
las injusticias y alejado de la patria". Su bisnieto se apoya en el
libro escrito por uno de los asesores imperiales, Hans Karl
Zessner-Spitzenberg, para recordar que Carlos I de Austria y IV de
Hungría "podría haber tenido una reacción humana, acechado por la
amargura o la depresión, o escribiendo sus memorias para ofrecer excusas
ante la Historia". "Nada de eso –insiste Johannes–, Carlos reza y hasta recibe la inspiración de entregar su vida para que sus pueblos se reencuentren. En ese espíritu morirá".
Estos antecedentes familiares han sido decisivos en la forja de la
personalidad del padre Johannes. Sin embargo, a la edad de 19 años
–"algo preocupado por mí mismo", según confiesa–, se decantó por una
formación en Ciencias Económicas en la Universidad de San Galo (Suiza)
que desembocó en un puesto prometedor en un banco de negocios en París.
Un año duró la experiencia: el banquero en ciernes sentía un gran vacío
que palió completando su formación en el Instituto Philantropos,
entidad académica sita en Friburgo que imparte una formación anual
basada en la antropología cristiana. Allí, las inquietudes manaron a
borbotones en la cabeza de Johannes. "¿Qué? ¿Dios es Trinidad, y por lo
tanto amor, y estamos hechos para vivir el mismo amor? ¿Qué? ¿Jesús está verdaderamente vivo y presente en mi vida, por lo que nunca he estado solo?".
La toma de conciencia no hizo sino intensificarse hasta que un día, en
Misa, "Jesús me dijo todo esto, pero no a nivel de la cabeza, sino del
corazón". En 2006, Johannes ingresó en Eucharistein para iniciar su
preparación al sacerdocio.

Hoy, recién ordenado, su esperanza para la Iglesia tiene por nombre
Jesús, "solo Él –explica– puede transfigurar las miserias de nuestro
mundo, tal vez las más abismales que la humanidad haya conocido: miseria
material, moral, individualismo, falta de familia y de relaciones,
pérdidas de sentido y de referencia, falta generalizada de esperanza,
locura mortífera (de modo especial los suicidios), pues conoce desde
dentro unos sufrimientos que ha atravesado de su amor divino mediante la
Crucifixión y la Resurrección». Conclusión: "¡Cuando la gente vive el Misterio de Cristo empiezan las iniciativas que cambian el curso natural de las cosas!".
—Por cierto, ¿podría dar dos o tres razones para ordenarse sacerdote hoy en día, pese a las dificultades?
—Me pide dos o tres razones. Yo solo tengo una: Jesús. En absoluto me
he ordenado sacerdote para satisfacer un deseo de realización personal.
Sencillamente, ha sido el Señor quien, para contestar a mi deseo de
ofrecerme en verdad a Él, ha pronunciado una palabra sobre mi vida. Es para corresponder a Su deseo que he tomado este camino.
Eucharistein
La Fraternidad Eucharistein,
"dar gracias" en griego inspirada en el versículo 20 del quinto
capítulo de la Carta a los Efesios, fue fundada en 1996 por Nicholas
Buttet, un abogado y político suizo convertido al catolicismo, que
trabajó en la Curia romana antes de recibir la ordenación sacerdotal en
2003. Eucharistein recibió la aprobación canónica en 2008 y su primera
finalidad es la adoración al Santísimo. En la vida diaria, los
sacerdotes y consagrado de Eucharistein prestan especial atención a los
«heridos de la vida», esto es, las víctimas de la violencia, las drogas o
el alcohol.
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