Carta de los Padres Sinodales a los jóvenes
Papa Francisco pidió hoy, en la homilía de la Clausura del Sínodo, perdón a los jóvenes si a menudo no se les escucha
Poco después se leía la Carta de los Padres Sinodales a los jóvenes:
Nos dirigimos a vosotros, jóvenes del mundo, nosotros como padres sinodales, con una palabra de esperanza, de confianza, de consuelo. En estos días hemos estado reunidos para escucharla voz de Jesús, “el Cristo eternamente joven” y reconocer en Él vuestras muchas voces, vuestrosgritos de alegría, los lamentos, los silencios.
Poco después se leía la Carta de los Padres Sinodales a los jóvenes:
Nos dirigimos a vosotros, jóvenes del mundo, nosotros como padres sinodales, con una palabra de esperanza, de confianza, de consuelo. En estos días hemos estado reunidos para escucharla voz de Jesús, “el Cristo eternamente joven” y reconocer en Él vuestras muchas voces, vuestrosgritos de alegría, los lamentos, los silencios.
Conocemos vuestras búsquedas interiores, vuestras alegrías y
esperanzas, los dolores y las angustias que os inquietan. Deseamos que
ahora podáis escuchar una palabra nuestra: queremos ayudaros en vuestras
alegrías para que vuestras esperanzas se transformen en ideales.
Estamos seguro que estáis dispuestos a entregaros con vuestras ganas de
vivir para que vuestros sueños se hagan realidad en vuestra existencia y
en la historia humana.
Que nuestras debilidades no os desanimen, que la fragilidad y los
pecados no sean la causa de perder vuestra confianza. La Iglesia es
vuestra madre, no os abandona y está dispuesta a acompañaros por caminos
nuevos, por las alturas donde el viento del Espíritu sopla con más
fuerza, haciendo desaparecer las nieblas de la indiferencia, de la
superficialidad, del desánimo.
Cuando el mundo, que Dios ha amado tanto hasta darle a su Hijo Jesús,
se fija en las cosas, en el éxito inmediato, en el placer y aplasta a
los más débiles, vosotros debéis ayudarle a levantar la mirada hacia el
amor, la belleza, la verdad, la justicia.
Durante un mes hemos caminado juntamente con algunos de vosotros y
con muchos otros unidos por la oración y el afecto. Deseamos continuar
ahora el camino en cada lugar de la tierra donde el Señor Jesús nos
envía como discípulos misioneros.
La Iglesia y el mundo tienen necesidad urgente de vuestro entusiasmo.
Hacéos compañeros de camino de los más débiles, de los pobres, de los
heridos por la vida.
Sois el presente, sed el futuro más luminoso.
Aleteia