El viernes, 27 de mayo, comenzó el encuentro. Nos dividimos en siete
grupos lingüísticos. Los diáconos de lengua española de todo el mundo
nos reunimos en la Basílica de San Marcos, abarrotada.
En octubre de 2015, había tenido la suerte de ser invitado por
Monseñor Fisichella, arzobispo presidente del Pontifico Consejo para la
Promoción de la Nueva Evangelización, para impartir allí una de las tres
conferencias inaugurales. Todo un honor, que pesa por la gran
responsabilidad, pero también un placer y una gracia. La catequesis se
titula “El diácono icono de la Misericordia para la Nueva Evangelización
en la Acción Pastoral”. Como no se podía proyectar (los que me conecéis
ya sabéis que suelo apoyarme en presentaciones digitales: diapositivas,
cortes de películas,…), mi mujer preparó una “presentación analógica”:
un guión, que imprimimos para todos. Es un sencillo marcapáginas
múltiple, que muestra los iconos de 7 santos diáconos. Cada santo
diácono representa un valor de la Misericordia de Dios, para que los
diáconos seamos agentes de Nueva Evangelización en nuestra acción
pastoral. Me sentí genial, compartiendo experiencias y esperanzas
ilusionantes con la multitud de diáconos de habla hispana, que nos
reunimos allí.
Luego, tuvimos tiempo libre para confesarnos y para la adoración eucarística, en las iglesias de san Lorenzo de Roma.
El sábado 28, pudimos realizar la peregrinación hasta la Puerta Santa
por grupos: oración, conversión, jubileo, indulgencia plenaria,…
Por la tarde, nos habló Monseñor Patrón, de la Congregación para el
Clero. Muy dinámico y muy vivencial: su experiencia con muchos diáconos
que se fue encontrando en sus diócesis.
El domingo 29, celebramos la Eucaristía en la Plaza de San Pedro,
presidida por el Santo Padre. Nos regalaron una estola diaconal y nos
revestimos en el Aula Pablo VI. A los diáconos que impartimos las
conferencias de los 7 grupos lingüísticos, nos colocaron en primera
fila, al lado de la sede papal, con nuestras mujeres.
Y, al final de la Misa, llegó la sorpresa: estos pocos diáconos con
nuestras mujeres pudimos saludar personalmente al Papa Francisco.
Monseñor Fisichella y Monseñor Gänswein nos iban presentando y nosotrós
decíamos de qué Diócesis y país veníamos, nuestro destino pastoral,…
Sin duda, la Misericordia de Dios es tan grande que no la abarcamos
en un Año Jubilar como este; pero, con este tipo de iniciativas
extraordinarias, se nos queda grabado el inmenso Amor, que es nuestro
Dios.
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