Entrevista, del Correo Gallego, a D. Jesús Fernández, nuevo Obispo auxiliar de nuestra Archidiócesis

ELVA OTERO
Correo Gallego. Santiago

Ya le falta poco para abandonar León natal y convertirse en el segundo de a bordo de monseñor Julián Barrio. Jesús Fernández González (Selga de Ordás, 1955) será nombrado obispo auxiliar el próximo ocho de febrero en la Catedral de Santiago. Atrás deja y el puesto de vicario general que venía desempeñando en la diócesis castellano–leonesa desde 2010.

Llega con un amplio margen de siete años para prepararse de cara al próximo Xacobeo y sobre la mesa sigue la promesa de completar el tramo pendiente del Camino.

El presbítero confiesa que el papa Francisco significa un soplo de aire fresco y, en su nuevo cargo, defenderá una Iglesia misionera que sea capaz de acercarse un poco más a la sociedad.

El Vaticano acaba de rendir cuentas ante la ONU por la pederastia, ¿algo está cambiando con el papa Francisco?
Es evidente. Al igual que Benedicto XVI, el Papa está intentando poner remedio a la tragedia de la pederastia que ha sacudido también a la Iglesia y a sus ministros.

Tampoco censura del todo la orientación homosexual...
Se muestra cercano y comprensivo con la homosexualidad, pero eso no significa, como acaba de afirmar también el nuevo cardenal Fernando Sebastián, que la dé por buena.

Dice Bergoglio que la mujer debería tener más presencia en la Iglesia, ¿se imagina que una religiosa ocupe su puesto?
Estoy de acuerdo en que ha de tener mayor presencia y una actividad más significativa dentro de la Iglesia. Pero lo de que una mujer sea obispo no entra dentro de lo previsible.

¿La reforma de la Ley del Aborto que promueve el gobierno es una victoria para la Iglesia?
Si calificara la Ley del Aborto como victoria de la Iglesia estaría reconociendo implícitamente que hemos estado luchando contra alguien. No. La Iglesia no tiene como interés primero luchar contra personas ni instituciones, sino defender los valores fundamentales, el primero de los cuales es el de la vida. Me parece que si alguien puede vencer con esta ley es el sentido común y la justicia.
El sentido común nos dice que, desde el primer momento de la concepción, la mujer es ya madre y solo podrá dejar de serlo a través de un acto violento contra el fruto humano de sus entrañas.

¿Era necesaria esta reforma?
Aunque no llega a proteger totalmente al embrión, supone un avance con relación a la ley anterior. Además, será un acto de justicia puesto que lo reconoce como sujeto de derechos, anteponiendo su derecho a vivir a otro secundario como es la libertad de la madre, al menos en más casos que antes.

¿Qué línea debería seguir la Iglesia para acercarse más a la sociedad?
Aunque la Iglesia habita en medio de este mundo, tiene entre sus tareas prioritarias procurar un mayor acercamiento a la sociedad puesto que, como Jesucristo nos dijo, hemos de ser sal y luz para ella. Me pregunta cómo hacerlo, pues bien, se necesita un talante misionero que nos lleve a salir de nuestros círculos eclesiásticos para llegar hasta las periferias existenciales, hasta aquellos que no conocen a Cristo, los que se han alejado, los que no creen…
Se necesita además cultivar la misericordia para ser los buenos samaritanos que curen a tantos heridos como va dejando la vida tirados en las cunetas.

¿Cuál será su aportación en esta misión como obispo auxiliar?
Colaboraré en edificar una Iglesia en la que se respire la presencia de Dios, una Iglesia en comunión y, en definitiva, una Iglesia misionera.

Como mano derecha de monseñor Barrio, ¿cuál será su cometido?
Colaborar en su tarea al frente de la Iglesia compostelana. Tres son los campos principales de trabajo que me esperan: la atención a los sacerdotes, principales e insustituibles colaboradores en la tarea evangelizadora; la visita pastoral a parroquias, comunidades e instituciones; y el impulso y seguimiento del Sínodo diocesano.

Su trayectoria dentro de la Iglesia nunca le había alejado demasiado de León, ¿qué significa mudarse a Santiago?
Es cierto, la mayor parte de mi vida ha transcurrido en León. Mudarme a Santiago supone para mí un desarraigo. Me siento como una planta a la que arrancan de su emplazamiento habitual para ser trasplantada a otra tierra. Por otra parte, tengo que decirle también que los leoneses estamos acostumbrados a ver pasar peregrinos anhelantes de llegar a la meta.